Un club necesario

México necesita de muchas compañías con saludable administración y excelente desempeño operativ

En un país con tan escasa tradición en el otorgamiento de información como el nuestro, resulta estimulante que existan entes, sobre todo aquellos pertenecientes a la iniciativa privada, que empiecen a cambiar esa realidad. Eso es vital cuando se vive una etapa transitiva hacia un país más participativo, más transparente. Optar por el camino de apertura informativa para después poder exigir la misma actitud de los demás es síntoma de madurez empresarial. La oscuridad, en cambio, es propicia para especular, para manejarse con base en percepciones y supuestos, más que por certezas.

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Este comentario deviene del interés que más de una centena de compañías mostraron para someterse a una evaluación que un grupo de especialistas y consultores tuvieron a bien realizar, y cuyas conclusiones desembocaron en el artículo de portada de esta edición. Las empresas participantes sabían que serían auscultadas, comparadas, y decidieron correr el riesgo de no aparecer entre las 10 empresas admirables, nombre del informe.

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De éste se desprenden varias reflexiones relacionadas con la lógica de negocios imperante. El primer aspecto a destacar es que, como rezaba el eslogan de un banco, aunque es importante ser grande, lo mejor es ser bueno en lo que se hace. Si antes el volumen de las ventas y el número de empleos era la condición sine qua non para que una empresa fuera reconocida, hoy existen más parámetros para determinar si es ejemplo a seguir. Capacidad y sensibilidad para reaccionar al mutable entorno con velocidad, eficiencia, perspectiva y responsabilidad social son algunas de esas virtudes. Si se cumple con lo anterior, la consecuencia es que esa empresa se convierta en creadora de riqueza real, con lo cual contribuye al desarrollo de la sociedad alrededor de la cual gravita su actividad.

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El informe referido permite más enseñanzas, algunas de las cuales derivan de la empresa que encabeza la lista, Grupo Bafar. Su caso podrá ser una revelación para la mayoría de los lectores, como lo fue, de hecho, para los propios editores. Bafar, –empresa mexicana, como otras cinco dentro de las primeras 10– sirve como evidencia fresca de una verdad que por obvia a veces se olvida: las empresas se inventan. Hace justamente un decenio, la comercializadora Bafar dejó de existir para permitir el nacimiento de Bafar industrial. Los analistas, hoy, avalan lo atinado de aquel proyecto y, sobre todo, su acertada aplicación.

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Pero de las grandes firmas, las tradicionales, también se aprende, y mucho. Finalmente, son ellas las que marcan tendencias. Están en los reflectores, y más vale, a los espectadores, no perderlas de vista. Son las que hacen evolucionar productos, usuarios premium de la tecnología, observantes de las mejores prácticas en el manejo de los recursos humanos.

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Es claro que hay muchas más empresas que merecerían estar en el informe. Y qué bueno porque México necesita de muchas compañías con saludable administración y excelente desempeño operativo. Es preciso reclamar, entonces, la parte que le corresponde al gobierno saliente y a los que pretendan tomar la estafeta en el año 2000: garantías en lo económico, transparencia en lo político. Sólo así se puede dar un marco de certidumbre que fomente la inversión, que permita la reaparición del crédito, que expanda la capacidad de consumo. Que el mercado sea el que ejercite las capacidades de sobrevivencia de las empresas, no las crisis macroeconómicas.

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