Un comal muy calientito

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Zacarías Ramírez Tamayo

Quien crea que sobre las tortillas todo está dicho, debe seguir de cerca - los movimientos de las compañías harineras. Con un precio libre de ataduras, - decretado a partir del primer día de 1999, no pasará mucho tiempo antes de - que este tradicional producto salga de su estado de postración para - convertirse en un alimento con mejor sabor. Y las harineras serán las primeras - en sentarse a la mesa.

- Para Grupo Maseca, Minsa y Agroinsa, dueñas del mercado de la harina de - maíz, la decisión de las autoridades de terminar con un largo periodo de - control de precios y subsidios indiscriminados les abre la puerta grande a un - mercado valuado en $35,000 millones de pesos. Actualmente, cerca de la mitad de - las 10 millones de toneladas de tortillas que se consumen al año en México se - elaboran con harina de maíz, pero la intención de estas compañías es llegar - a 80%, un incremento que equivale a $10,500 millones de pesos –sobre la base - de $3.50 pesos por kilogramo–.

- Aparte de hacer frente a los molineros, sus “enemigos históricos”, los - industriales tendrán que hacer su propia guerra para asegurarse un buen - bocado. Los preparativos ya comenzaron. Con estudios de mercado, las empresas - tratarán de establecer cuál será la respuesta de los consumidores a algo - todavía inexistente: la diversidad –en ingredientes, presentación y uso– - de tortillas. Su pretensión es que, en un momento dado, los consumidores - puedan decidir si quieren comprar tortilla enriquecida con proteínas, - empaquetada por docenas y especial para, digamos, hacer tacos de fajitas, en - lugar de tener que conformarse con la tortilla convencional. “Los - estadounidenses pueden escoger entre más de 25 variedades”, dice Juan - Gargallo, director general de Minsa. Y México se encamina hacia ello.

- “Es probable que cambie la participación de mercado de cada harinera”, - dice Alfonso Cebreros, presidente de la Cámara Nacional del Maíz - Industrializado (Canami) y director de relaciones gubernamentales de Maseca –la - líder con cerca de 70% del mercado–. Sin dar detalles, Cebreros dice que las - compañías acompañarán sus estrategias de comercialización con ampliaciones - a sus plantas ubicadas en los mercados de interés. Incluso Minsa construirá - una nueva planta en San Luis Potosí.

- En la combinación de estas variantes, y aderezadas con precios razonables, - radicará la clave del éxito o del fracaso. Las nuevas condiciones, largamente - esperadas por los industriales, serán también una prueba para que demuestren - qué tan competitivos son sin la comodidad de las subvenciones.

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- No se espera que el consumo nacional aumente con el nuevo escenario. Pero la - tortilla tradicional seguirá en el centro de la mesa. A ello se debe que las - harineras busquen cambiar la relación con los molineros, quienes de - adversarios pasarán a ser clientes premium. Minsa es la más - explícita: en su idea de ser “proveedor integral” –de insumos y también - de maquinaria, refacciones y mantenimiento–, se acercará con los molineros - para que conviertan las tortillerías en pequeñas tiendas de distintos - básicos. Recientemente, esta compañía que comercializa alrededor de 28% de - la harina de maíz, compró al gobierno Almacenadora de Occidente para entrar - en la comercialización del grano, otra área abandonada por el Estado.

- Pero antes de que sus proyectos alcancen el punto de cocción, los - industriales tienen que demostrar a los consumidores que someter este producto - a las leyes del mercado no equivale a una anarquía en los precios. A finales - de enero, era patente que no había fuerza capaz de establecer el precio del - kilogramo en $3.50 para todo el país. La presión sobre los precios, entonces, - continuará.

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