Un lugar para vivirlo

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Poco a poco, pero con firmeza, el Centro Cultural Helénico, en la Ciudad de México, parece convertirse en un lugar donde el teatro se vive de muchas maneras y a todas horas. Funciones diarias, incluyendo las infantiles del sábado y el domingo, y una rica combinación de géneros, autores, directores y actores han vuelto este rincón dramático en el favorito de muchos teatrófilos.

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Casi una docena de obras se cuentan hoy en su programa. Para enterarse del menú de cada temporada basta con hacerse de Índice, la publicación que informa sobre las puestas que ocupan las salas de lunes a domingo. En la que corre, es posible encontrar una muestra que abarca dramas, monólogos, versiones libres sobre clásicos como Ubu Rey, de Alfred Jarry, o Bodas de sangre, de García Lorca, mojigangas, y hasta un espectáculo de títeres. Un abanico que satisface todos los gustos, y en el que sobresale Primer amor, dramaturgia del autor español José Sanchís Sinisterra sobre un texto de Samuel Beckett; y un monólogo de Susana Alexander: Pepe y Valentina.

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Por estos días, con la UNAM cerrada, quizá es el Helénico el único centro que convoca hoy a tantas voces del teatro, desde tan múltiples perspectivas. Quizá es también el lugar donde se respira con mayor fuerza el deseo indómito de mantener vivo y vigoroso el drama. De hecho, es el único núcleo teatral que cuenta hoy con una publicación/programa en el que se evidencia la voluntad de hacer bien las cosas. Así pues, si de lo que se trata es de Ver Teatro, este centro debe ser siempre tomado en cuenta a la hora de elegir un espectáculo.

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