Un modelo educativo para México

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Salvador Cerón Aguilar

México se debate hoy por hoy, frente a un reto de transición. Las estructuras e instituciones imperantes durante casi un siglo pasan por un momento crítico y vuelven su mirada hacia sí mismas para encontrar respuesta a las exigencias del nuevo milenio. Y por si fuera poco, a la pertenencia de un modelo nacional, se suman la globalización y universalización de la cultura debida al desarrollo acelerado de los medios de comunicación y la abolición de las barreras económicas. Este es, en pocas palabras, el contenido de la modernización en México.

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México, a diferencia de los países desarrollados se debate entre dos aguas. Por un lado está el factor cuantitativo que permita igualdad de oportunidades a todos los mexicanos. Por otro, el tema de la calidad, que haga de nuestro país un sistema competitivo a nivel internacional. La solución de cada uno de ellos no es contradictoria, sino complementaria, aunque trae consigo una serie de complicaciones.

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Nuestra crisis se ha caracterizado por la profundidad de los descalabros económicos, a los que se suma la falta de credibilidad en la instrumentación de acciones eficaces para revertir el proceso de deterioro al corto plazo –falta de perspectiva–. Todo ello ha configurado un gran fenómeno de desconfianza y separación entre los intereses de los gobernantes y la apreciación de la realidad.

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La desconfianza convierte a la crisis en una crisis de instituciones. Es ahí donde el tema educativo encuentra su ámbito propio, ya sea como causa y tanto o más como solución. El gran reto conseguir la credibilidad, la vuelta a los principios y valores que favorecen la convivencia social y restablezcan la confianza en el ser humano y en sus instituciones.

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Podemos afirmar que las soluciones a nuestra crisis están, ciertamente, en el conocimiento de la realidad y en la manera de modificarla (ciencia y técnica), pero también en las habilidades (capacidades) y, sobre todo, en las actitudes (el carácter) y la congruencia con los valores universales (virtud).

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En este contexto es donde el sistema y las políticas educativas cobran relevancia, al constituir un aparato institucional capaz de desplegar  un conjunto de acciones que impactan no sólo nuestro desempeño y perfil educativo, sino también por el impacto positivo o negativo que puedan tener en la formación de la persona.

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El sistema educativo, las políticas educativas o cualquier iniciativa o acción educativa suelen tener como orientación, una filosofía que las respalda y modelo que las concreta. Lo contrario haría que el sistema perdiera fácilmente su razón de ser. En algunos casos el excesivo pragmatismo provoca también fracturas en los sistemas y la pérdida de rumbo al privilegiar el resultado inmediato y la acción por la acción misma.

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En nuestro país y en el tema educativo se han retrasado con frecuencia las revisiones y, desde luego, las actualizaciones o modificaciones al modelo, por considerar a la educación como un asunto muy delicado y de resultados a largo plazo.

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Respecto al largo plazo en el que se observan los resultados de las acciones educativas, es importante insistir que ese largo plazo es la resultante de la suma de los cortos plazos. Lo grandioso suele ser el fruto de muchísimos esfuerzos más o menos pequeños. En consecuencia, una acción descuidada hoy, tendrá como consecuencia un daño mayor en el largo plazo, por ausencia y por ampliación de la necesidad insatisfecha o no resuelta. Un pequeño error al principio puede ser un gran desastre al final.

Crisis educativa
Por lo anteriormente mencionado, la crisis de México es también una crisis del sistema educativo. No se circunscribe exclusivamente al terreno de la economía, la técnica o la producción, sino que abarca –quizá más radicalmente– una crisis de finalidad y de valores. Si se es consciente de estas circunstancias, se ofrece la posibilidad de evaluar nuestro sistema educativo, no sólo a partir de los resultados del proceso y la calidad del producto, sino abarcando también sus finalidades y su capacidad para forjar futuro, su capacidad para hacer más pleno al hombre y para ayudarle a armonizar con su entorno económico social. -

Es entonces momento de evaluar y en su caso revalorar el modelo educativo, dándole vigencia  a las políticas adecuadas y dotándolo de congruencia por medio de acciones consistentes con la filosofía que está en la base de sus planteamientos.

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En un modelo se fijan pautas, los fines, los sujetos y los medios que participan en el proceso educativo, así como también se describe el proceso a seguir para alcanzar las metas propuestas. “El modelo consiste en la organización dinámica de la educabilidad del individuo y la sociedad en función de sus relaciones y de una cronología”.1

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A través del diálogo se conjuga la inventiva creadora del hombre con las circunstancias dadas por la naturaleza y circunstancias del proceso educativo. En este contexto, el diálogo no es negociación de la verdad sino la conjunción de los distintos momentos de la verdad de un modelo integrador. La verdad es una, pero tiene muchas caras. Delinear un nuevo modelo educativo es algo más que proponer un modelo pedagógico: “Modernizar la educación no es afectar cambios por adición, cuantitativos, lineales; no es agregar más de lo mismo. Es pasar a lo cualitativo, romper usos e inercias para innovar prácticas al servicio de los fines permanentes; es superar un marco de racionalidad ya rebasado y adaptarse a un mundo dinámico”.2

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Se habla de la superación de un marco de racionalidad ya rebasado puesto que la educación, desde el punto de vista histórico, ha tenido en México una clara tendencia hacia el aspecto cuantitativo. El gran retraso educativo que demostraban los índices de analfabetismo en décadas ya no lo es tanto y tiende a disminuir; México entra a una etapa en la que la cantidad debe apoyarse en la calidad de la educación; el país se encuentra en una etapa de apertura comercial a escala internacional que exige la presencia de mano de obra calificada y de industrias emprendedoras. La expansión de la educación se funda en la calidad de profesores y alumnos.

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México enfrenta la necesidad de definir un modelo educativo capaz de promover el cambio estructural del sistema económico, para hacerlo más competitivo ciencia y tecnología, capacidades, habilidades y actitudes de su gente y desarrollo de la capacidad empresarial y directiva.

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México forma parte de una comunidad abierta y competitiva, y se encuentra con serias deficiencias en su sistema de educación. En este contexto se requiere una orientación del sistema educativo, a partir del papel que a futuro deseamos como país, y con respeto y cuidado del ser individual, que dé un mejor perfil y responda a las demandas del nuevo mundo, la cultura globalizadora, la competitividad como nación, y, sobre todo, un ser humano más pleno.

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Los grandes retos del sistema educativo: equidad, calidad, actualización, pertinencia, vínculo, organización, formación de recursos, armonización y financiamiento, están demandando un tratamiento integrador e integral que, sin romper con el pasado, construya, eleve, resuelva y proyecte, sin perder el tiempo en idealizaciones, ocupándose de implementar estrategias realistas y concretas.

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Educación apertura y globalización
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El año 2000, el final del siglo XX, es un evento que se encuentra muy próximo. La sociedad ha sufrido transformaciones muy profundas. El año 2000 habrá de significar la culminación de una etapa y el inicio de otra más llena de interrogantes y cambios. El cambio parece definir a la única constante del desarrollo social, económico, científico, etcétera. México en ese sentido no ha sido la excepción y en la medida que la economía mundial se globaliza –se hace más interdependiente– las sociedades se van abriendo más y se vive un muy intenso intercambio, no sólo de bienes y servicios, sino de información, misma que promueve cambios, incluso en la cultura, en las necesidades y, sobre todo, en las expectativas. Se está a la espera de cambios muy dramáticos, fruto del contraste con otras sociedades de mayor crecimiento y desarrollo.

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Señalamos antes que la formulación del modelo se mueve en dos planos, la superación del rezago educativo (descentralización, calidad, cantidad, preparación de docentes…), y un verdadero sentido de desarrollo (necesidad de una visión antropológica, un concepto integral de educación…); en el primero, los países desarrollados nos superan, en el segundo, compartimos la misma inquietud.

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Ambos planos comparten una dualidad de coordenadas: México se cuestiona por la historia de sus modelos educativos, y por su competitividad en el concierto internacional. El nuevo modelo mira ambos aspectos. Toca ahora detenernos en algunos rasgos que, a nivel internacional, debe nuestro país tener presentes para la formulación del modelo integrador.

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El modelo integrador lo debe ser en lo material de la educación tanto como en lo integral, en lo nacional como en lo internacional. Se busca educar integralmente en un esquema de calidad, tanto hacia los valores nacionales como en un clima de competitividad internacional.

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En este contexto, un modelo integrador es el que reconoce las siguientes facetas educativas: Formador de personas, transmisor de conocimientos y cultura, igualador social, capacitador para el trabajo y,  finalmente, forjador de futuro.

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Hemos sostenido que un modelo educativo sin filosofía se convierte en un modelo débil, y mientras más se enfatiza la parte teórica, el modelo inicia un proceso de deterioro y crisis. Del desarrollo de estas ideas se puede concluir, que los modelos (ilustrado, revolucionario y modernizador, que hemos tenido desde 1821 y hasta el presente), no han integrado armónicamente las cinco facetas enunciadas.

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De modelos a modelos
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El modelo “ilustrado” corre desde el México independiente hasta el movimiento revolucionario. El modelo “revolucionario” va desde la Revolución hasta principios de los años 80. El modelo “modernizador”, desde fines de los años 80 y en la perspectiva del 2000.

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Hasta ahora no hemos tenido un modelo integrador que resuelva e integre armónicamente las facetas anunciadas, y que incluso el modelo modernizador, hoy vigente, le hace falta la faceta de forjador de futuro que, en nuestra opinión, cierra el círculo virtuoso entre la filosofía y la teoría educativa, al dar a la faceta “forjadora de futuro” la capacidad de regresar constantemente sobre el hombre mismo (desarrollo de ciencia y tecnología) y a favor de la persona humana (desarrollo de las humanidades y de la ética).

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El reto entonces será la definición de un nuevo modelo que integre todas las facetas y las resuelva en forma adecuada, a fin de asegurar el desarrollo de forjadores del futuro.

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La situación de cambio en México tiene sendas manifestaciones en el ámbito educativo; los síntomas se prestan para encontrar nuevos caminos, y desde luego, estabilidad a largo plazo. La urgencia de nuevas soluciones es manifiesta en el reconocimiento explícito de los diagnósticos oficiales sobre los problemas estructurales que padece el sector educativo, en el crecimiento de la demanda y en el reto de la calidad. Dos realidades se suman a este panorama: la economía mexicana ante el proceso de globalización mundial, y la modernización como fuerza aceleradora y orientadora del cambio desatado de nuestro país.

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El esfuerzo de la modernización en México tiene importancia particular, al convertirse en el instrumento conformador de los perfiles competitivo y cultural que se pretenden para la población. Por lo mismo, la adecuada concepción del hombre y una sana filosofía educativa, multiplicadora de las capacidades y potencialidades del hombre, son los sillares fundamentales sobre los que se debe asentar una correcta concepción de modernización. Los problemas cuantitativos, metodológicos y administrativos son desde este planteamiento, acciones secundarias, no porque sean superficiales o menos importantes, sino porque antes de iniciar una búsqueda, es necesario saber lo que se está buscando, con anterioridad a la posesión de los medios y su puesta en marcha.

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Mientras el modelo educativo privilegie en primer lugar la masificación, difícilmente será primero Educación , y segundo Educación de calidad. Se requiere rescatar la dimensión individual de la persona humana, en un proceso que por su naturaleza, debe partir del conocimiento individual de los educandos.

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Educar es mucho más que hacer competitivo al país –aunque a eso parezcan orientarse las tesis modernizadoras–; es sobre todo, un medio de crecimiento espiritual del hombre, un desarrollo de la inteligencia y fortalecimiento de la voluntad. La vuelta a los valores permanentes en la educación es necesaria para no perder el rumbo, al tiempo que se realiza la necesaria actualización de procedimientos y enfoques educativos.

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Es importante una reforma educativa, que lejos de instrumentalizar la educación o de justificar su orientación en modelos abstractos y despersonalizados, se redimensione a favor de la persona humana –de cada mexicano–, y que haga accesibles los conocimientos, la ciencia, los métodos, y ponga a disposición las posibilidades técnicas y formativas necesarias.

Un sumario
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1.-  El sistema educativo nacional se encuentra frente a un nuevo planteamiento. La situación del propio sector, la globalización y la propia crisis de nuestro país hacen necesario un cambio.
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2.- Un verdadero modelo educativo requiere partir de la persona humana y organizarse en función y favor de ella.

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3.- Existe una clara vinculación entre el desarrollo y educación, si bien el proceso hace simultánea la causalidad.

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4.- La certificación es una manifestación de la apertura y la globalización en la educación.

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5.- En la educación no existen modelos absolutos, se trata más bien de un proceso dinámico en el que debe favorecer la evolución y el crecimiento constantes.

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6.- La falta de consistencia en el tiempo y las deficiencias de una concepción incompleta impiden la continuidad de un proceso que es naturalmente distendido en el tiempo: educar. Los modelos definidos en forma incompleta no se sostienen en el tiempo, aun cuando ofrezcan soluciones a corto plazo.

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7.- El modelo integrador no es la panacea, pero proporciona una plataforma adecuada para las actuales exigencias y la elaboración de modelos educativos en México.

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8.- La filosofía y la teoría de un modelo conceden rumbo y modo al proceso educativo, mientras que la política lo debe concretar en el tiempo y en el espacio.

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9.- Es necesario evitar la confusión entre educar e instruir; educar y capacitar; educar y asignar recursos; educar y dar ingreso a las aulas; educar y apoyar iniciativas. Educar es una tarea más noble y también más compleja. Implica: modelo, organización y capacidades de ejecución.

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Salvador Cerón Aguilar
-es presidente del Instituto Panamericano de Desarrollo Eduativo

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  1. SEP. hacia un nuevo modelo educativo. 31 de julio de 1991. p.94.
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  3. Programa de Modernización Educativa. 1989-1994. p. 17.
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