Un mundo sincronizado

Las ventajas de un PDA se multiplican con el número de usuarios de una red. Los problemas son compa
Antonio Puertas

Debo admitirlo: mi agenda es un desastre y utilizar los asistentes digitales personales (PDAS) no vuelve la cosa más fácil. Hace más de 10 años que estos dispositivos aparecieron en el mercado y, sin embargo, la mayoría de ellos siguen presentando problemas. En mi época pre-PDA, mi conflicto era no mantener al día la agenda, llenarme de papelitos y olvidarla o perderla. Ahora, con los PDAS a la mano, los problemas se multiplican al momento de sincronizar el dispositivo con la PC, al perder información o, quizá peor, al duplicarla.

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Pero vayamos por partes. El mundo digital y el mundo de papel no tienen casi nada que ver entre ellos, y sin embargo, por razones prácticas, caben las comparaciones. El papel y la pluma, ya se sabe, conforman juntos el “dispositivo” de almacenamiento de información más portátil y portable del mundo. Sin embargo, si queremos compartir esta información con otras personas, las cosas se complican. O la dictamos o la procesamos de manera digital.

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La principal ventaja que tiene guardar información de manera digitalizada es que, gracias al auge de las redes, podemos compartirla con quien sea (siempre y cuando se tenga acceso a la conexión). Y como el mundo de hoy es de interdependencia, o de codependencia, las ventajas de dispositivos como la PC y el PDA se multiplican en relación directa con el número de usuarios.  El problema es, precisamente, poder compartirla, sobre todo con nosotros mismos en los distintos dispositivos que manejamos.

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A primera vista, la sincronización de datos no debería ofrecer obstáculos. En primer lugar hay que recordar siempre que la parte inteligente del proceso somos nosotros, los usuarios. Las máquinas sólo siguen instrucciones que dependen del momento y de la calidad del programa. La manera como un PDA y una PC reconocen qué dato o entrada es la más reciente, la más actual, la que tiene prioridad, es asociando cada entrada con un número (o bandera). Estos números identifican cada entrada utilizando variables como fecha y hora; así pueden determinar que dato es el más reciente y el que tiene prioridad.

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Los problemas llegan cuando cada desarrollador de software –Microsoft para Outlook, Lotus-IBM para Notes o Palm para Palm Desktop, entre otros– define los parámetros y configuraciones de sus “banderas” y la manera como los dispositivos y las aplicaciones las entienden. ¿Qué digo problemas? ¡Es casi un desmadre! ¿A quién no se le han duplicado y hasta triplicado sus citas o contactos en la PDA después de una sincronización?

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Por ello, van cuatro consejos sencillos para quienes tienen un dispositivo y lo sincronizan con una o varias PCS (oficina y casa). Uno: respalden su información. Pueden comprar una tarjeta SD especial para ello o adquirir un programa de respaldo en internet. De esta manera, restablecen la información correcta. Dos: mantengan la PC y el PDA en la misma hora y en la misma zona de tiempo. Tres: intenten, siempre que sea posible, utilizar un solo dispositivo para hacer cambios, sea sólo en la PC o en el PDA; de esta manera, el programa siempre sabrá a quién darle prioridad. Si ello no es factible, tan pronto hagan un cambio en uno de ellos (el PDA, por ejemplo), sincronicen los dispositivos y luego, modifiquen los datos en la PC (siguiendo el mismo ejemplo) y vuelvan a sincronizar. Cuatro: sincronicen diariamente sus dispositivos: a mayor número de datos por intercambiar, mayores posibilidades de que los programas cometan errores.

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*Periodista independiente especializado en temas de tecnologías de información. apuertas@expansion.com.mx

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