Un negocio no tan verde

The Green Corner, una empresa que demuestra que el campo sí da buenos márgenes.
Alfredo Narváez

Relajado pero con ojos inquisitivos, así es Bensi Levy, un inmigrante venezolano nacionalizado mexicano que dejó de fabricar ropa para vender productos orgánicos. Su propuesta, The Green Corner, quiere ser el supermercado orgánico de México… con restaurante incluido.

- El mercado de productos orgánicos crece increíblemente en el país y en todo el mundo. Según la Federación Internacional de Movimientos de Agricultura Orgánica (IFOAM), México tiene el lugar décimo tercero en extensión de territorio dedicado al cultivo orgánico, unas 400,000 hectáreas. Tan sólo entre 1996 y el año 2000, esta superficie se quintuplicó, y desde entonces a la fecha, el terreno dedicado a cultivar productos orgánicos volvió a multiplicarse, ahora por cuatro.

- The Green Corner quiere ser parte de este boyante sector y al mismo tiempo desea hacer algo por el medio ambiente. El concepto nació luego de que Levy, de 35 años de edad, viajó a Japón en 2002 y lo sorprendió el respeto al medio ambiente que existe en ese lugar. En ese entonces él participaba, junto con su hermano, en la fabricación y venta de ropa juvenil de la marca Astral Freaks. A pesar de ello, se animó a dar un giro en su actividad. El modelo de negocio estuvo listo en el verano de 2003 y la primera esquina que pintó de verde fue una ubicada en la capitalina colonia Condesa.

- En este proceso, Levy aprovechó una experiencia de cultivo que obtuvo en un Kibutz, en Israel, y compró un rancho en el Estado de México. Así fue madurando la idea de The Green Corner, concebida como una empresa familiar, donde Levy y su esposa son los accionistas.

- Levy conoció a otros productores y en ellos reconoció un mal del campo mexicano: “la amargura de la comercialización”. Ahí supo que necesitaba una tienda propia.

- Notó también que los precios de venta al consumidor final eran demasiado altos, gracias a los amplios márgenes que obtenían los intermediarios. “Lo orgánico debe ser para todo el mundo”, dice Levy. Bajo esta premisa, la intención de The Green Corner es tener un margen de ganancia de 20% sobre los productos. “Esperamos que la percepción del cliente sea ver precios sólo 15% superiores a los de Superama”.

- El contacto inicial con los productores no fue terso. “Al inicio había un poco de recelo en ellos, porque muchas veces habían recibido sólo mentiras”, pero poco a poco se dieron cuenta que la firma cumplía. La empresa cuenta hoy con un catálogo de 1,200 productos, pero desean más. “Queremos generar demanda de productos para no importar y así desarrollar proveedores locales”, comenta Levy. Actualmente importan 15% de los productos, entre ellos vino orgánico, que compran en Chile. Ahora están en busca de proveedores de helados, golosinas, jugos y alimentos procesados orgánicos. También pretenden ampliar la variedad de frutas y verduras.

- The Green Corner cuenta con sucursales en la ciudad de México, en la Condesa, Polanco y Coyoacán. La última se abrió en junio pasado y es la más grande. En este lugar construirán un centro de distribución para sus ventas al mayoreo y abrirán su restaurante, que estará en funcionamiento en otoño. Con los alimentos preparados esperan obtener la rentabilidad que garantice precios bajos en los productos orgánicos.

- En estas instalaciones invirtieron $2 millones de pesos en páneles solares que generan la energía eléctrica suficiente para que el negocio funcione y un sistema de tratamiento de aguas. “La gente va a ver que sí se puede”, dice Levy.

- Las próximas aperturas serán en la zona occidente del Distrito Federal, en Lomas o Bosques, y posteriormente en Satélite o Echegaray. Toda la inversión es de origen familiar y suma unos $20 millones de pesos. Éste es el tema más difícil hasta ahora, pues aún no operan con números negros.

- En términos de competencia ésta es pequeña. “No somos una tiendita orgánica, somos un supermercado con restaurante”, afirma.

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- Un tema relevante es la confianza que el consumidor puede tener al comprar un producto que se ofrezca como orgánico. Aunque Levy afirma no creer mucho en los certificadores, sus productos cuentan con las que otorgan empresas como Bioagricert, Certimex y Naturland. Este debate sobre la certificación divide a la comunidad de productos orgánicos. Algunos ambientalistas y productores ven en los certificadores internacionales como IFOAM a un enemigo, que apoyando la certificación favorece un comercio con barreras no arancelarias. José Caballero, de Casfa, empresa de productores orgánicos de Tehuantepec, cree que la inversión que se realiza en la certificación reditúa y que el hecho de que hayan inspectores serios es sano para el propio mercado.

- Pablo Muñoz Ledo, director de Aires de Campo, la empresa más grande del sector, comenta: “Esperamos que la Ley de Productos Orgánicos, la normalización y el sello oficial confieran a los consumidores del sector mucho más confianza. Son tiempos en los que todas las empresas del sector deberán trabajar por la legitimidad de la oferta a sus clientes y la conformidad con los estándares orgánicos”.

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