Un Nobel para López

Con el método López los gobernantes eluden cualquier rendición de cuentas.
Ricardo Medina Macías

El señor López merece un premio Nobel de Economía. Ha perfeccionado y puesto en práctica un sistema casi infalible por el cual los gobernantes pueden eludir cualquier rendición de cuentas ante los ciudadanos, al tiempo que se disfrazan –los dirigentes– como demócratas impolutos que sólo hicieron "lo que el pueblo ordenó".

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Esta práctica resuelve prácticamente casi todos los problemas de la economía política. Puede llevar a ciudades o a países enteros a la ruina, pero garantiza impunidad absoluta para quienes deben tomar decisiones oficiales. Deja atrás difíciles cuestiones que han atormentado a economistas, políticos, administradores públicos y científicos sociales durante siglos.

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El método surge de un giro radical, pero extraordinariamente sencillo, en el planteamiento del asunto económico. No se trata de buscar la mejor asignación para recursos escasos. Se trata de eludir esa decisión, cargársela a la colectividad mediante una encuesta amañada y cobrar los dividendos políticos. Total, si estamos hablando de fondos públicos, que sea el público el que pague la factura de las malas disposiciones y que sea el político, quien tomó las malas decisiones, el que cobre las rentas.

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Por supuesto, este hallazgo del tabasqueño López tiene ilustres antecedentes históricos, pero nunca se había llevado a cabo con tal alarde de cinismo. Consiste en sacarle la vuelta a las determinaciones de gobierno que pueden acarrear un costo político y endosarle a los ciudadanos la responsabilidad. ¿Debe seguirse subsidiando el transporte en Metro en la misma proporción?, ¿es el mejor uso de los arcas del gobierno mantener la subvención?, ¿se pone en riesgo la construcción de nuevas líneas del Metro si se mantiene el subsidio?, ¿qué deja de hacer el gobierno –y que se supone es su obligación hacer– si mantiene la asistencia como hasta ahora?

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Son preguntas peliagudas, que requieren información precisa para hacer un dictamen y, también, una definición de gobierno: Metro barato contra hospitales públicos en la penuria, Metro barato contra nula inversión para nuevas rutas y alternativas de transporte público, Metro barato contra inseguridad rampante, Metro barato contra calles y avenidas plagadas de baches.

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Hasta ahora se había pensado que este tipo de providencias son las que debe tomar un gobierno, que para eso le pagan los contribuyentes y los ciudadanos (porque los gobiernos no sólo se embolsan el dinero de los impuestos, sino todos los recursos que la sociedad tiene que sacrificar para tener un gobierno), y que las buenas o malas decisiones de este tipo los definen como buenos, malos, mediocres o nefastos para los ciudadanos.

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La genialidad de López ha consistido en eludir la rendición de cuentas públicas por sus determinaciones. Ha sido decir sencillamente: "Laj dejicione de gobierno laj toma lo ciudadano, que paja ejo son pueblo; nojotro, como gobierno, jólo cobramo que paja eso ganamo la elesione." El señor López ha revolucionado la ciencia política.

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Para que esto funcione y genere impunidad absoluta al gobernante, es indispensable que el "pueblo" sometido a consulta ignore la información pertinente para decidir –así, el gobierno del señor López se abstuvo de informar sobre el costo real del servicio de transporte, acerca de lo que se deja de hacer a cambio de mantener el subsidio, todo lo relativo a ingresos, egresos, costos de operación, administrativos y demás–. Es el rasgo "pintoresco" del sistema: "Tú, ciudadano, decides; pero la regla es que decidas a ciegas y que después no reclames."

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Si por azar la decisión "popular" resulta acertada, López se cubre de gloria. Si la determinación que tome a partir de su consulta amañada resulta un desastre, él es inocente: "sólo hizo lo que el pueblo mandó".

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Como López es madrugador, es previsible que si las cosas salen bien dirá: "Ya ven: al que madruga Dios lo ayuda" y si las cosas salen mal, dirá: "Ya ven: por temprano que te levantes, el mundo ya está lleno de pelmazos."

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¿Quiénes son los pelmazos?, pues "el pueblo". Quienes eligieron, en mala hora, a ese defraudador de feria barata como gobernante.

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¿Remedio? Que le den un Nobel –nos va a salir más barato– y que se retire de la política.

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