Un sueño erótico

Alberto Kibrit sí mezcla los negocios con el placer y creó el primer centro comercial dedicado al
Ana Lourdes Esquivel

A nadie en México se le había ocurrido la idea: un centro comercial donde los adultos pudieran ver una película erótica en tercera dimensión, comprarse un disfraz de bombero o colegiala, visitar el área de cabinas más grande del país, entrar en una librería especializada, divertirse en un table dance o con los strippers desde las dos de la tarde, hacerse un tatuaje o un piercing, elegir entre comer una ‘panocheta’ o unos ‘chichi-cakes’, recorrer un museo interactivo o participar en juegos de destreza con su respectivo premio. A nadie, salvo a Alberto Kibrit, lo cual parece incomprensible tratándose de una industria que, en el mercado legal, genera en México 1,000 millones de dólares anuales y más de 20,000 empleos directos.

- Apenas rebasaba los 20 años cuando pensó en crear Sex Capital como consecuencia de una experiencia exitosa anterior: las Expo Sexo y Entretenimiento que este emprendedor desarrolló en 2004 y 2005, casi por casualidad. “Yo quería ser político, pero la idea de emprender un negocio llegó por casualidad cuando vi que las exposiciones sobre sexo se hacían regularmente en Estados Unidos y se me ocurrió intentarlo en México. No tenía dinero y eran pocos los que creían en mí, pero logré que un familiar me prestara 10,000 dólares que usé para imprimir folletos y arrancar mi proyecto”. El gen empresarial lo traía en las venas, ya que su padre está en el negocio de las bienes raíces.

- Después de una complicada búsqueda de participantes, logró realizar la primera Expo Sexo en el Palacio de los Deportes. Ocupó 4,500 metros cuadrados y atrajo a 80,000 personas. Repitió la hazaña en 2005, alcanzando la capacidad máxima del sitio (17,000 metros cuadrados) y una taquilla de 100,000 personas, cinco veces más que los visitantes que se registran en la exposición de sexo de Las Vegas, la más importante en el mundo. Fue así que los 100,000 pesos que le prestaron se convirtieron en más de 20 millones. “Pensé en este centro comercial como una forma de tener una expo de sexo y entretenimiento los 365 días del año”, dice el incipiente empresario. Hoy está por cumplir 24 años.

- Dónde y con quién
Sex Capital abarca prácticamente todas las áreas comerciales de la industria: lencería, disfraces eróticos, condonerías, librerías, videos, tatuajes y piercing, restaurantes, juegos de destreza y organización de despedidas de soltera y soltero, 82 cabinas de video y espectáculos en vivo para hombres y mujeres (sin contacto) y un museo interactivo.

- Sex Capital tiene la ventaja de ubicarse en el Centro Histórico del Distrito Federal, en una zona comercial donde nadie vive en 200 metros a la redonda. “Si hay una plaza de la computación o zonas especializadas en novias o en lámparas, ¿por qué no incluir un centro dedicado al sexo?”. Kibrit piensa que las remodelaciones de la zona pueden atraer a más clientes, pero también está convencido de que su centro comercial puede aumentar la atracción turística del DF.

- En la etapa de apertura esperan recibir 5,000 visitantes diarios, aunque la cifra podría crecer progresivamente. “Sabemos que vendrán ricos y pobres, gordos y flacos. El boom es tan fuerte que todos son clientes potenciales”, asegura convencido. Habrá negocios abiertos desde las 10:00 de la mañana hasta las cuatro de la madrugada del día siguiente. La idea es que las personas puedan visitar el lugar con sus cónyuges, parejas, amigos o familiares. Los locales están iluminados y decorados de forma que no parezcan ‘lugares de mala muerte’, y ningún espacio puede exhibir abiertamente escenas o imágenes pornográficas. Incluso en la entrada hay guardias de seguridad que piden identificación a los jóvenes.

- Muchas de las empresas que probaron las mieles del éxito en las Expo, como la librería El Armario Abierto o la sex shop Erotika, son las mismas que aceptaron participar en Sex Capital, pues ninguna como ellas ha confirmado con tanta certeza que la industria del sexo está en plena expansión, debido en parte a la doble moral y a que México está cambiando. “El margen de utilidad es enorme. Un producto que se vende en EU en 1 dólar, aquí en México cuadriplica su valor”, asegura Kibrit. “Son más de 1,000 millones de dólares anuales los que se quedan en las llamadas sex shops, en las condonerías y en los centros de entretenimiento para adultos, así como a través de los pagos por evento en televisión y el acceso a páginas web con contenido erótico”.

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- Kibrit invitó a una decena de inversionistas a participar en el proyecto. Preparó paquetes desde 100,000 pesos con hasta 49% del valor de cada negocio, particularmente en los cines, las cabinas y los espectáculos, para no perder la calidad de socio mayoritario. “Ellos invirtieron su dinero pero no lo operan, no lo trabajan. De todo eso me encargo yo”. Quienes rentaron los locales también son inversionistas.

- Alberto Kibrit mira hacia atrás. Aún recuerda cuando intentó ser regidor de Huixquilucan y se alegra de haber virado el timón hacia el mundo de los negocios, aunque esta decisión le ha implicado esfuerzo sin descanso.

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