Un vaso medio vacío

Sin incentivos internos, la economía mexicana está volando con un solo motor: el empuje que nos da
Adina Chelminsky

¡Qué quisquillosos son los analistas económicos! Justo cuando la economía mundial supera los últimos obstáculos que la tenían atada, encuentran nuevos peros. ¿Será que están acostumbrados a ver todos los vasos como medio vacíos o realmente existe una nueva amenaza al crecimiento del mundo?

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La alarma más evidente será el alza, lenta pero constante, en las tasas de interés en EU (se espera que la tasa de referencia de la Reserva Federal se duplique en los próximos 12 meses). Aunque este movimiento ha sido muy anticipado por la economía y en buena parte ha sido descontado por los mercados, sin duda es un “cambio de velocidad” para la economía estadounidense, cuyo crecimiento de los últimos años ha estado avalado por la expansión del crédito ocasionada por el bajo costo del dinero.

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Este golpe a la demanda es especialmente preocupante porque coincide con un revés para la oferta: el alto precio del petróleo, que tiene un efecto negativo sobre la producción. No es casualidad que todas las recesiones de los últimos 30 años hayan estado precedidas por altos precios del crudo. Esta alza es particularmente preocupante y se espera que sea prolongada, porque está basada no sólo en sucesos coyunturales sino en un genuino desconcierto sobre la oferta de este combustible en el futuro.

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Además, aunque ya no es el tema de moda, sigue vigente la incertidumbre geopolítica; pese a que aparentemente nos hemos acostumbrado a vivir en un mundo más peligroso, existe un foco rojo de alerta que permea todas las decisiones de los actores económicos y la reacción de los mercados.

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Pero el riesgo más importante que enfrentamos es China. Hoy por hoy el desarrollo de ese país es uno de los pilares más sólidos del crecimiento mundial porque, por ejemplo, consume 30% del cemento y 25% del aluminio que se produce en el planeta.

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Para evitar un sobrecalentamiento de la economía, las autoridades de esa nación están implementando una serie de medidas que si bien no van a parar al país (se esperan tasas de crecimiento de 7%, ¡ojalá México tuviera ese problema!), van a reducir el ímpetu económico de los años recientes. Esto repercutirá de manera importante y tangible en el crecimiento del resto del mundo.

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El vaso derramado
Y para los mexicanos ¿qué? Después de todo, el alza en el precio del crudo fortalece nuestras finanzas públicas y nos conviene que China crezca más lento, ¿o no?

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Aunque este panorama no es suficiente para sabotear la recuperación, la mezcla simultánea de todos estos factores indudablemente limitará el crecimiento mundial, algo que tiene consecuencias especialmente nocivas para la economía mexicana.

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Sin incentivos internos, nuestro país está volando con un solo motor: el empuje que nos da la demanda internacional. Restarle potencia a esta única turbina implica menores oportunidades de desarrollo.

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A fin de cuentas no importa si el vaso está medio lleno o medio vacío, para no ahogarse en él hay que saber nadar.

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Comentarios: adina@prodigy.net.mx.

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