Una &#34regresión&#34 a gusto

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En los últimos años, la restauración de cascos de haciendas abandonadas para convertirlas en espléndidos alojamientos, se ha convertido en una actividad muy redituable. Particularmente porque allí los amantes del pasado pueden disfrutar de construcciones donde el tiempo parece haberse detenido, pero con todas las comodidades propias de la modernidad.

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En Yucatán, en medio de atmósferas nostálgicas, se encuentran las remozadas haciendas de Temozón (con 26 suites) y San José y Santa Rosa (de sólo 10 suites cada una). Sus amplias habitaciones, decoradas con elegante mobiliario decimonónico, hacen las delicias de los visitantes que buscan huir de las multitudes y de los grandes hoteles. En todos estos sitios el servicio es impecable: se calcula que cada habitación está a cargo de –en promedio– cuatro empleados dedicados a satisfacer hasta el menor deseo de los huéspedes. El aire acondicionado y las albercas son algunos de los imprescindibles toques modernos para hacer la estancia más placentera.

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Los precios en estos hoteles van desde los $670 dólares por una estancia mínima de dos noches, incluyendo impuestos, propinas y traslados del aeropuerto de Mérida. El desayuno, el almuerzo y la cena para dos personas –se pregona la excelencia de la cocina– cuestan alrededor de $130 dólares por día.

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Otro lugar rescatado es la hacienda Teya, cuyo dueño pasó cerca de 20 años devolviendo a los edificios su antigua gloria. Primero se inauguró un restaurante –relicario de la cocina yucateca– y luego unas cuantas habitaciones para quienes deseaban pernoctar aislados del mundo. Allí los precios son más “modestos” –desde $120 dólares por noche–, considerando las tarifas en este tipo de alojamiento.

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Por último, en la hacienda Katanchel, abierta en 1996, la tarifa promedio es de $300 dólares por noche. Los huéspedes se alojan en bungalows individuales, donde antaño vivían los peones. Esos antiguos tugurios disfrutan hoy no sólo de agua entubada, sino también de aire acondicionado, ventiladores en el techo y camas matrimoniales. Sin duda, una placentera invitación a viajar al pasado…

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