Una cocina de tradición

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El conocido restaurante Altamira ya desplazó su territorio. Luego de la muerte de su fundador, Manuel González, en 1997, sus herederos decidieron emigrar y sentaron sus bases en otra zona de la Ciudad de México. Fue así como surgió el Altamira Pabellón Bosques, en el centro comercial del mismo nombre.

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Allí, en un local amplio y fresco, con grandes ventanales, Rodrigo y Gerardo González –en sociedad con Fernando Llaca, quien está al frente del equipo– plasmaron el ambiente y el estilo culinario que hicieron famoso al restaurante original. Si bien la cocina internacional es su sello, también ofrecen algunas especialidades españolas y mexicanas. Platillos tradicionales como el filete Chemita, acompañado con cebolla frita, el filete de pescado Rodrigo, ideal para prepararse unos taquitos, o el salmón Manolo, cocinado con aceite de oliva, perejil, cebolla y chile, hacen las delicias de una variada clientela, compuesta lo mismo por personajes de la política o del ambiente taurino que por simples mortales.

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A la hora de los postres, lo difícil será elegir entre el arroz con leche estilo español, servido con caramelo frito encima, el helado de turrón de Jijona, con un ligero sabor a cacahuate, o el merengue con salsa de chocolate –pruébelo acompañado con helado de vainilla–, como dulce cierre de una placentera comida o cena.

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Fieles al legado de su fundador, en el Altamira se precian del trabajo en equipo de su personal y de tener un gran respeto a su oficio. Y, sin duda, su fiel clientela lo constata día tras día.

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