Una nueva revolución

La caída en las tasas deinterés en México comienza a cambiar la cara de los mercados financieros.
Carlos Peyrelongue

A lo largo de este año se ha insistido en diversas ocasiones en el proceso de convergencia entre México y Estados Unidos. En particular, la fuerte caída de la inflación y los réditos domésticos es considerada como un enorme avance en este contexto. En un esfuerzo por evaluar los beneficios potenciales de las menores tasas reales, es conveniente analizar la experiencia que vivió España durante los años 90, así como las similitudes del caso ibérico con el mexicano.

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En una economía con elevada inflación y por lo tanto altas tasas reales de interés, los bancos normalmente disfrutan de un margen sustancioso. Cuando gran parte de los ingresos de una institución proviene de altos márgenes, poco le interesa canibalizar su negocio de depósitos promoviendo los fondos mutuos. En estas circunstancias macroeconómicas, la banca se convierte en una barrera para que el sector financiero se deshaga de la intermediación. En los últimos años de los 80, los bancos españoles disfrutaban de márgenes de interés muy altos. Les interesaba poco promover los recursos mutuos o la bolsa. A finales de 1990, la sociedades de inversión representaban sólo 1.7% del Producto Interno Bruto (PIB) de ese país. Sin embargo, a medida que las tasas reales comenzaron a bajar, los márgenes poco a poco comenzaron a verse presionados, obligando a las instituciones ibéricas a buscar otras fuentes de ingresos, como los fondos mutuos y las comisiones de corretaje. Esta nueva realidad fue, en gran medida, la causa del crecimiento explosivo de esta industria y del notable incremento en la liquidez y capitalización del mercado de valores.

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Experiencia mexicana

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En la década pasada, los bancos nacionales disfrutaron de altos márgenes de interés, similares a los de los bancos españoles a finales de los 80 y principios de los 90. Las instituciones locales tampoco tuvieron incentivos para promover ni los fondos de inversión ni la bolsa. Actualmente las sociedades representan únicamente 4.7% del PIB de México. No obstante, esto podría cambiar rápidamente si continúa la tendencia a la baja de las tasas reales de interés. En 2001 los réditos de corto plazo han disminuido de 8.1% –a principios de año– a niveles de 3%. Merrill Lynch estima que el promedio de las tasas reales de interés de largo plazo será de 5% durante el siguiente quinquenio. Bajo estos supuestos, podríamos argumentar que las tasas reales siguen un patrón parecido al de España, pero con un retraso de cinco años.

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De mantener los réditos la tendencia a la baja se promoverá un crecimiento explosivo en la industria de las sociedades de inversión y en el volumen de operaciones en la Bolsa Mexicana de Valores. Los bancos nacionales –de los cuales dos de los más grandes están en manos españolas– ya han empezado a canibalizar sus negocios de depósito al promover agresivamente los fondos mutuos. Desde inicios de año, varios bancos comerciales han empezado a venderlos a sus clientes minoristas. Además, estas instituciones también han bajado el monto mínimo necesario para tener acceso a estos productos, de $10,000 a $3,000 dólares. Los resultados ya se dejan ver. En 2001, los activos administrados en fondos mutuos aumentaron 54% en dólares, respecto al año que le precedió.

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Para que un país desarrolle un fuerte mercado de capitales se necesitan cuatro ingredientes: estabilidad macroeconómica, bajas tasas reales de interés, una amplia base de inversionistas institucionales y un marco reglamentario transparente y eficaz. España logró todas estas metas en los 90. Creemos que México las logrará en los próximos 10 años.

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Actualmente, la estabilidad macroeconómica y las tasas de interés bajas ya no son un sueño, sino una posibilidad real. El Banco de México ha demostrado en repetidas ocasiones que está comprometido con alcanzar una tasa anual de inflación de 3% para 2003. Los inversionistas institucionales, aunque relativamente nuevos en el país, están creciendo muy rápidamente. El sistema de fondos para el retiro (las Afore) aumenta alrededor de $5,500 millones de dólares al año. Anticipamos que para 2010, valdrán cerca de $100,000 millones de dólares. Las aseguradoras también están avanzando a un ritmo muy vigoroso. En 1999 y 2000 crecieron alrededor de 25% anual.

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Por último, como resultado de las agresivas medidas tomadas por los bancos comerciales para promover las sociedades de inversión, el total de los activos administrados creció cerca de 50% en el presente año. Pensamos que la combinación del nuevo marco reglamentario, el que se sostengan las bajas tasas y el desarrollo de los inversionistas institucionales permitirán que México reproduzca en los próximos años el éxito alcanzado por España.

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El autor es director de Análisis en Merrill Lynch México.

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