Una papa caliente

Cada año pasa lo mismo y las empresas se quedan casi detenidas por alfileres.
Max Clip

Un día te lo lanzan y lo tienes que agarrar. Es más, hay que consentirlo, alimentarlo, acariciarlo y dejarlo que se te trepe por la espalda y se la pase jeringando día y noche. Señoras y señores, niños y niñas, licenciados y mercadólogas, les presento al monkey , testigo de nuestro estrés ejecutivo, eslabón perdido entre el jefe y sus subordinados, prueba fehaciente del trabajo ineficaz.

- ¿No entendieron ni jota? Voy a explicarlo por partes. En una estructura normal de trabajo hay, por un lado, los que empujan el lápiz y realmente hacen la chamba, y por el otro, los que supervisan, planean, dan órdenes y (ya lo adivinaron) se llevan todo el crédito, los aumentos de sueldo, los bonos de desempeño y las promociones. Si desde la base de la pirámide corporativa repetimos este esquema ad infinitum , hasta llegar a la cima del corporativo, se pueden imaginar que en los niveles altos se hace poco, en los medios se hace algo y en la base se resuelven todos los problemas. Cierto: cuando el esquema funciona, el trabajo se va distribuyendo equitativamente en cada uno de los niveles. Cuando hay algo medio podrido, quienes se encuentran en la base trabajan como enajenados porque los jefes se la pasan delegando el trabajo, es decir: aventando el monkey .

- La verdad, la expresión me causa gracia y, la recuerdo justo luego del estupendo puente Guadalupe-Reyes, que es cuando, con la presión de los boletos de avión en la mano y las reservaciones de hotel listas, a muchos les da por botar el trabajo y dejar pendientes regados por acá y allá, como si fueran regalos al pie del arbolito de Navidad. Y es que, en estos aciagos primeros días del año, todos regresamos al trabajo como con un zoológico en la espalda.

- Sin embargo, al parecer los únicos responsables de tanto desorden somos los que no terminamos los pendientes, si bien realmente detrás de cada trabajo sin terminar hay un jefe que dejó de supervisar y se hizo el de la vista gorda con tal de no perder su oportunidad de tomar vacaciones. Yo no sé de qué se espantan tanto con el famoso virus del milenio o Y2K, si cada año pasa lo mismo y el trabajo en las empresas se queda como detenido por alfileres.

- La verdad, no es justo que ya sea costumbre el que tantos altos ejecutivos se muestren tan incapaces de supervisar a su gente y aún a sí mismos. Luego, cuando salen los problemas, se ponen en plan de que esta boca no es mía, yo se lo dejé encargado a fulano y se deshacen de su trabajo sin ton ni son, aventándoselo al primer fulano que se les atraviesa, como si se deshicieran de una alimaña venenosa.

- Estoy seguro que de ahí viene esa frase nacida seguramente en el mundo anglosajón: lanzar el monkey , el chango, alusión al mono que se sube a la espalda y que no te deja en paz y no te permite dormir tranquilo ni concentrarte.

- Con esta costumbre de lanzarle la responsabilidad (como si fuera una papa caliente) a alguien más, la papa-chimpancé da tumbos de espalda en espalda hasta llegar a la base de la pirámide. De esta manera es que se dan situaciones tan curiosas como que el encargado de sacar las copias tenga que terminar de elaborar el presupuesto del año, o que el vicepresidente de finanzas llegue en los primeros días del año sólo a sacarle copias a un presupuesto anual que (él no lo sabe, claro) fue obra de quien menos se lo espera.

- Con tantos pendientes, ya tengo por lo pronto un zoológico en mi pequeño cubículo: los de ventas esperan que les ayude con su plan anual, los de mercadotecnia creen que podría colaborar con el diseño de algunas promociones, los de recursos humanos suponen que un servidor debería enviarles las formas del plan de retiro de todos los que trabajan en mi departamento y mi jefe quiere que pase en limpio las minutas de cada reunión del Consejo de Administración (reuniones a las que, por cierto, no fue requerido).

- Yo, como la de la canción, a todos les digo que sí, pero no les digo cuándo, y voy distribuyendo currícula en otras empresas, por si se les ocurre correrme.

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