Una probadita de estabilidad

México ha vivido un tiempo sin sobresaltos. Es hora de que el gobierno busque algo más qué presum

En menos de 12 meses se presentaron la primera guerra del siglo, el enésimo derrumbe del modelo económico de algún país latinoamericano y hasta el fracaso (también reiterado) de una propuesta de reforma fiscal en México. Aun así, la economía nacional ha gozado de una estabilidad envidiable. Fuera de la caída del   peso debida a unas declaraciones del Secretario de Hacienda, parece que el país vive en una burbuja en la que no se sienten los altibajos económicos del resto del mundo.

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No por mucho tiempo. La actual situación del país es el resultado de una transición tranquila, con un blindaje económico más o menos adecuado. Pero eso fue hace mucho tiempo. El gobierno de Fox ya no puede seguir viviendo del orgullo de ser el primero sin crisis sexenal. Tiene más de un año y medio en el poder, por lo que sería hora de que hablara de algo más que del famoso cambio y las promesas del futuro democrático.

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Claro que el gabinete ya empezó a expresar otras cosas. La Secretaría de Hacienda, por ejemplo, presentó su proyecto de financiamiento del desarrollo y tal parece que tenía programada una estrategia para convencer al público de su urgencia. El plan, como explica en una entrevista en esta edición Agustín Carstens, subsecretario de la dependencia, detalla todas las reformas pendientes para garantizar el futuro del país. A diferencia de gobiernos anteriores, en que los planes eran compendios de buenos deseos, en este caso se trata de un compendio de solicitudes al Congreso de la Unión: pide, de nuevo, que se aprueben las reformas al sector energético y, de manera más urgente, que por fin se acepten las propuestas fiscales. La estrategia para vender el proyecto fracasó el primer día, cuando a Francisco Gil Díaz, secretario de Hacienda, se le ocurrió decir que México está en una situación similar a la de Argentina. Los diputados y los medios de comunicación se concentraron en esa desafortunada declaración –no es lo mismo tener pendientes unas reformas que cambiar cinco veces de Presidente en un mes– y ya no se pusieron a analizar lo que había de trasfondo.

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Tal vez no ahora, pero como dice Carstens, si se sigue “pateando” hacia adelante el problema, México sí estará en una circunstancia similar. El gobierno utiliza más de la mitad del total del ahorro de la economía nacional. Cada vez un mayor porcentaje de su presupuesto está comprometido con gastos fijos. Así, el Estado se está quedando sin dinero para invertir en infraestructura y el sector privado sin recursos para crecer. Ambos tendrán que recurrir de nuevo al financiamiento internacional y eso puede traducirse, otra vez, en problemas de pago, sobre todo si las cosas siguen sostenidas con alfileres.

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Por si fuera poco, la estabilidad económica no está acompañada de crecimiento. En el reporte de Las 500 empresas más importantes de México, que se publica en este número, son notables las bajas en ventas, en especial de compañías industriales. Hay firmas que registraron descensos  de hasta 80% en su facturación o en sus resultados de operación. También se dan alzas, pero muchas de ellas se deben a la consolidación de sectores: grupos que crecen porque absorbieron a otras firmas o se quedaron con el mercado de sus competidores. No se trata de algo positivo o negativo. Sólo es una señal de que la contienda  ha sido fuerte y de que ninguna empresa se ha quedado inmóvil. En este número está el retrato de lo que ha sucedido.

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–Los editores

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