Una recuperación perezosa

Con consumidores desconfiados y una gran capacidad instalada sin utilizar en la industria, Estados U

La economía global se ha decelerado en forma notable. Desde hace tiempo hemos pronosticado que el ritmo del crecimiento mundial se moderaría frente a lo que se vio a principios de 2002, pero el desempeño en los últimos meses ha sido aún peor que lo esperado, y es de suponer que el desarrollo en la segunda mitad de 2002 y la primera de 2003 sea todavía más débil. Se pronostica que el avance del producto interno bruto mundial sea en promedio de 2.9% en 2002, frente a 2.1% en 2001. Para 2003 se estima una aceleración que le permitirá llegar a 3.9%.

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También está claro que el ritmo de la recuperación en la zona euro se está debilitando. La confianza ha sido severamente afectada por las grandes caídas del precio de las acciones en el viejo continente, lo que nos ha obligado a reducir nuestros pronósticos de crecimiento del consumo y la inversión para 2002 y 2003. Se estima que el promedio de desarrollo de la zona como un todo en 2002 sea de sólo 1.1% y de 2.3% en 2003. En Japón la economía ha empezado a crecer, gracias a un mejoramiento en el desempeño de las exportaciones. Pero es difícil ver cómo persistirá esta tendencia en el largo plazo –el yen se ha fortalecido en forma marcada desde el principio del año, lo que ha erosionado la competitividad de los precios de las exportaciones, y la demanda se ha reducido en los mercados clave–. Los prospectos económicos de este país son poco prometedores, ya que los severos problemas estructurales de la economía pueden afectar su desarrollo.

-Las debilidades en la rehabilitación de los países de la OCDE tienes implicaciones para los mercados emergentes. La demanda de exportaciones está creciendo y esto permite un mayor crecimiento en varios países. Pero dada la fragilidad de la recuperación, el año próximo difícilmente las ventas al exterior serán motor del avance de las naciones en desarrollo. En cambio, será necesario que la demanda doméstica juegue un papel más importante que antes. El proceso podría ser ayudado por la llegada de capitales desde la OCDE hacia éstas. Las condiciones globales parecen favorecer tal situación –los retornos sobre el capital en la organización son bajos, pero el mundo desarrollado ya no está en recesión ni detiene el crecimiento de los mercados emergentes–. Esto hace que la inversión en los países con altos retornos se vea particularmente atractiva, lo que no implica que saldrán sin rasguños de la floja recuperación de la OCDE. Hay pocas dudas de que las naciones emergentes tendrán un bajo desempeño en el actual ambiente global.

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En Estados Unidos
Esperamos que la economía de la unión americana avance sólo 2.5% en 2002 y se acelere a 2.8% en 2003. Ese es un comportamiento débil si se comprara con el de fines de los años 90. La rehabilitación será lenta, sobre todo porque los principales motores del crecimiento –consumo privado e inversión– tendrán una pobre actuación. Los consumidores no querrán gastar a la luz de la gran reducción en su riqueza, como resultado de la caída en los precios de las acciones y la lenta creación de empleos. Adicionalmente, las compañías no querrán invertir cantidades significativas, dado el exceso de capacidad que dejó la burbuja de inversión en los años 90. A pesar de que no pronosticamos una nueva caída en la recesión –la política será relajada con el fin de evitarlo–, el desarrollo permanecerá perezoso el resto del año y una parte del entrante.

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Después de una serie de ajustes de datos por parte de las autoridades estadounidenses, el crecimiento durante 2001 se estima ahora en apenas 0.3%, por abajo del cálculo previo de 1.2%. La economía se contrajo durante los tres primeros trimestres del año pasado. Estos resultados llevan las cuentas nacionales a estar más en línea con la anterior visión oficial de que la recesión había empezado a principios de 2001. Los ataques terroristas del 11 de septiembre, lejos de haber sido un catalizador que empujó a la economía al retroceso, ahora parecen haber coincidido con el inicio de la recuperación económica. El desarrollo se activó en forma drástica en los primeros meses de 2002, a medida que las empresas aumentaron su producción para contrarrestar la baja en sus niveles de inventarios. Pero una vez que éstos se estabilizaron, el ritmo de expansión se contrajo y cayó a sólo 1.1%, tasa anual para el segundo trimestre. El crecimiento del consumo y la inversión no se fortaleció lo suficiente como para contrarrestar el menor aumento en los inventarios.

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La destrucción de riqueza asociada a la reciente caída en los precios de las acciones es la más grande (como porcentaje del PIB) desde 1929, y es muy probable que tenga un efecto depresivo en la demanda del consumidor en los próximos meses, a pesar de los continuos aumentos en los precios de la vivienda. Es poco probable que el sector corporativo reanude sus gastos de inversión pronto, particularmente frente al cada vez más deteriorado panorama de la demanda del consumidor. Las exportaciones podrían comportarse ligeramente mejor a medida que la debilidad del dólar estadounidense mejora la competitividad de sus precios, pero este impulso será atemperado por la renovada debilidad de muchos de los mercados de exportación. En general, esperamos que el crecimiento en la segunda mitad del año llegue a un promedio de alrededor de 2.5%, con lo que se tendrá  un avance de sólo 2.5% en todo 2002.

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Somos cautelosos en cuanto al panorama de desarrollo para 2003: estimamos que la economía progrese únicamente 2.8%. El gasto del consumidor seguirá constreñido por el débil impulso del empleo y la continua necesidad de incrementar los ahorros ante la baja en la riqueza (debido a los bajos precios de las acciones). La inversión de los conglomerados permanecerá floja, porque las empresas estarán reacias a aumentar su capacidad hasta que la que ya tienen sea más utilizada. El acceso al capital de inversión se mantendrá restringido, porque la aversión al riesgo seguirá siendo alta. Sólo en los meses finales de 2003 se espera que la elevación del PIB sea significativamente mayor a 3%.

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Hay riesgos importantes asociados a la reciente baja en el dólar y los mercados de valores, y a la interacción de ésta con la cuenta corriente y los desequilibrios en los ahorros privados en la economía de la unión americana. Nuestro pronóstico asume que el billete verde y los precios de los títulos bajarán más en los meses venideros, pero el riesgo de un colapso en ambos es alto. En el extranjero prevalece la concepción acerca de que Estados Unidos soportó los golpes del 11 de septiembre, la recesión de 2001 e incluso los escándalos contables en Enron, pero las revelaciones más recientes –en particular los problemas en el gigante de las telecomunicaciones, WorldCom– parecen haber puesto nerviosos a los inversionistas.

-Hay ahora el riesgo serio de una corrección inminente en los desequilibrios de la economía del vecino país del norte. Este es un escenario a la baja aún más serio que una nueva caída en la recesión. Si el dólar baja a $1.30 por euro o más y se queda a ese nivel, y si el mercado de valores desciende un nivel más en línea con las normas de valuación histórica (con el índice S&P500 más abajo de 700), es muy probable un marcado reacomodo de la economía de Estados Unidos, con la demanda doméstica mucho más débil que lo que se pronostica actualmente y con las exportaciones netas mucho más fuertes (aunque el crecimiento del PIB puede permanecer sin cambios). Es extremadamente difícil predecir modificaciones en los sentimientos acerca del dólar y de los mercados de valores, pero, dados los recientes movimientos, estimamos tentativamente el riesgo de un colapso en el dólar y en los precios de las acciones (a diferencia de una baja moderada) en 30%.

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