Una segunda oportunidad

Los empleados son cada vez más proclives al consumo de drogas, pero muy pocos lo aceptan.
María Josefa Cañal

El 9 de septiembre de 2000, gracias a su trabajo, Francisco Flores decidió volver a la vida. Necesitaba dejar atrás un accidentado y doloroso currículum: a los 11 años, su primera borrachera; a los 15, el inicio en el consumo de mariguana, que se sumaría a la cocaína (cuya dosis diaria alcanzó, al cabo de unos años, un promedio de cinco gramos), a las anfetaminas y a todo tipo de sustancias cuando cumplió los 17.

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¿Las secuelas de esta dependencia? Una golpiza –que le ocasionó cinco cirugías reconstructivas y ocho plásticas–, accidentes automovilísticos, ingresos en hospitales y delegaciones, varios intentos de suicidio, el rechazo de su familia y amigos, y quién sabe cuántas más que el entrevistado no recuerda gracias a las lagunas mentales características de su padecimiento.

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Básicamente, el adicto se ha perdido a sí mismo. Como Francisco, millones de seres viven todos los días dependientes de, entre otras cosas, trabajo, comida, poder, relaciones destructivas, amigos, internet, telenovelas, sexo, juegos de azar o deportes de riesgo, por ejemplo. Cualquiera de estas adicciones funciona como reductora de ansiedad y se convierte en una venda placentera, el escape a una realidad que el enfermo no quiere ver.

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La psicóloga Sandra Otálora explica que, aunque no se conocen exhaustivamente, existen tres causas fundamentales por las cuales la gente cae en este mal:

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1. Genética. La probabilidad de que una persona con un padre adicto padezca la enfermedad es 40%; puede llegar a 80% si ambos progenitores lo son. No tiene que ser así necesariamente, aunque existe evidencia de que se hereda un patrón de personalidad.

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2. Ambiental. Tiene que ver con la educación familiar (no poner límites claros a los hijos, verbigracia) o la facilidad para conseguir las drogas.

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3. Bioquímica. Recientes descubrimientos revelaron la presencia de una sustancia sumamente adictiva llamada tetrahidroaqualona (THIQ), que se degrada en el organismo y se libera al ingerir alcohol. Una vez que se dispara la reacción (lo cual sólo puede conocerse a través de análisis post mortem), el cerebro buscará satisfacer la necesidad de repetir la experiencia; por eso existen niños muy pequeños que padecen alcoholismo.

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La diferencia entre una persona no adicta (usuario) y alguien que sí lo es resulta muy difícil de esclarecer, opina la psicóloga Karla García: "Cuando, además de la cruda física, el que bebe o se droga experimenta una cruda moral porque pasó por encima de sus valores personales, podríamos pensar en una adicción. Esto, que llamamos el área gris, surge cuando el sujeto rompe sus ‘nuncas’ [nunca había faltado a trabajar o le había pegado a su esposa, y comienza a hacerlo]." Otro de los indicadores fuertes de haber cruzado la línea es cuando la persona se muestra incapaz de enfrentar las consecuencias de sus actos y experimenta sentimientos de soledad, culpa, vergüenza, dolor, miedo y resentimiento.

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Aunque en México no existen estadísticas al respecto, es ilustrativo saber que en el ámbito laboral de Estados Unidos –según revelan diversos estudios–, alcoholismo, tabaquismo y problemas relacionados con drogas fuertes representan un costo de aproximadamente $300,000 millones de dólares anuales para el sector empresarial. Igualmente, más de 40% de los accidentes industriales en ese país está relacionado con el consumo de bebidas embriagantes.

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¿Profesiones más adictivas?

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Hace unas semanas, cuando el actor Robert Downey junior reincidió por tercera vez en el consumo de drogas, Richard Cheney –vicepresidente de la cadena de televisión CNN– desató la polémica al declarar que los artistas y los abogados son muy proclives a consumir drogas. ¿Existe un medio más propicio que otro para desarrollar adicciones? ¿Puede adjudicarse a los políticos ser más propensos a la enfermedad que los médicos, los periodistas o los mercadólogos, por ejemplo?

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García considera que algunas profesiones son más demandantes de ciertos comportamientos; por ejemplo, alguien que se relaciona constantemente con clientes se expone a un ambiente accesible al alcohol o las drogas. Si sumamos a esto una personalidad que tiende a ser adictiva, el sujeto corre un riesgo mayor. Sin embargo, no se puede suponer que, por el mero hecho de ser piloto, alguien será dependiente.

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El tipo de trabajo puede ocasionar el uso de ciertas sustancias. Aunque no es pretexto ni justificación, los empleados que deben cumplir con jornadas muy largas suelen consumir sustancias que los mantienen despiertos; empiezan con café y siguen con algún estimulante como la cocaína, asegura el capitán Juan Francisco Gortarez, director general de Asesoramiento y Seguridad.

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"En el caso del personal de vigilancia, el medio donde se desenvuelve resulta determinante. Por eso he instaurado horarios de 12 horas de servicio por 24 de descanso, y no de 24 por 24, como acostumbran otras compañías. No soy partidario de jornadas intensas porque he visto que propician el consumo de enervantes como mariguana, cocaína, anfetaminas e incluso inhalantes. Las condiciones laborales son muy importantes. Además de que reciben un buen pago y no están desprotegidos porque utilizan armas, mis agentes tienen acceso a instalaciones con comedores y sanitarios. Todo esto los obliga a tener otra actitud para con las drogas", afirma el directivo.

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Gortarez recuerda que cuando Televisa (única empresa a la que proporciona su servicio de seguridad) instrumentó el Programa de apoyo a empleados, los asesores de la clínica Oceánica le aconsejaron prohibir el consumo de alcohol en los comedores de la firma. No fue posible hacerlo porque tomar una copa forma parte de las transacciones de negocios. "No nos hagamos, en el medio intelectual y artístico la gran mayoría de las personas se anima por algo: amor, cigarro, alcohol. Los ’creativos’ suelen trabajar hasta la madrugada, por lo cual necesitan recurrir a algún estímulo que los mantenga despiertos. La compañía no solapa ni acepta, pero no puede evitar que un artista tome licor o consuma drogas en tanto llegue temprano, cumpla con su trabajo y no haga desfiguros."

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¿Dr. Jekyll y Mr. Hide?

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"Cuando se halla en la curva alta de la enfermedad, el adicto es el mejor empleado, el más inteligente, seductor y embaucador, el que llega primero y se va al último, el que organiza las reuniones y busca cualquier pretexto para estar cerca del alcohol. En la curva baja empieza a tener conflictos con la familia, falta de atención, problemas económicos, llega tarde al trabajo, miente, busca la manera de allegarse recursos. Como consecuencia, comienza a traficar, a enredar al jefe, a defraudar a la empresa, a robar a familiares y amigos", cuenta Ernesto Cisneros, director general de Premeditest.

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Una vez que se halla fuera de control, el enfermo llega al límite de perder sus valores personales, incluso la dignidad. De hecho, hay quien que se prostituye. A otros no les importa afectar a sus seres queridos: un entrevistado que pidió no ser identificado relata cómo un ejecutivo de alto nivel fue capaz de esconder bolsas con pequeñas dosis de cocaína entre la ropa de sus compañeros para pasar la aduana durante un viaje de trabajo en el cual no tendría manera de abastecerse. Ellos, por supuesto, desconocían que estaban siendo utilizados como "camellos".

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Otálora comenta que "no es que la persona sea transa", sino que debe pagar las deudas en que ha incurrido para sostener su adicción. En las oficinas comienzan a faltar, por ejemplo, cartuchos de impresora, porque los vendedores de droga (dealers) aceptan cualquier cosa a cambio de la mercancía. Los indicios de que algún empleado está envuelto en un asunto de este tipo dentro de la organización son: altos índices de robos y siniestros, baja productividad, alta rotación de personal, formación de grupos de poder y falta de control administrativo.

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Una segunda oportunidad

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Según cifras oficiales, en España 78.3% de las personas rehabilitadas en el consumo de drogas continúa sin consumirlas. Este dato es esperanzador para aquellos que han caído en una adicción. Existe una salida; sin embargo, es necesario que el afectado caiga en la cuenta de su problema y esté dispuesto a tratarse. Para empezar –apunta García–, tiene que quitarse la máscara, aceptar que está enfermo.

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Los ex adictos entrevistados coinciden al relatar que, después de reconocer que padecían un trastorno, fue de vital importancia que alguien les echara la mano. A Francisco Flores, cuando decidió ingresar a Génesis para rehabilitarse, lo ayudó José Hinojosa, su actual jefe, quien le prometió que conservaría el puesto en su compañía. Y eso que no es fácil confiar en alguien que no puede mantenerse sobrio en ningún momento. Hoy, 15 kilos después, Flores trabaja en Imax Producciones y asegura que no cambiaría un solo día de los que han transcurrido desde su recuperación por el mejor "reventón" del mundo.

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Gilberto Salazar, director de la empresa regiomontana Líneas de México, fue despedido de una firma donde fungía como director general cuando se descubrió su dependencia de las drogas y el alcohol. A partir de ahí su esposa buscó una clínica de rehabilitación en la que el ejecutivo ingresó para curarse. Tras seis años de estar "limpio", actualmente es presidente de la asociación Unidos en la Prevención de Adicciones y no duda en contar su experiencia a otros para que no cometan los mismos errores que él.

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El testimonio de Cisneros es similar: "Empecé a tocar fondo. En este proceso de dolor, mi jefe en aquel tiempo [Enrique Molina, presidente del Consejo de Administración de Pepsi] platicó conmigo y me ofreció ayuda. Dijo que si decidía tratarme mi trabajo no estaba en riesgo. Después financió mi tratamiento en una clínica a la que ingresé un 25 de diciembre. Cuando salí estaba en deuda con él. Trabajé duro y llegué al nivel ejecutivo más alto en la firma, donde permanecí casi seis años. Posteriormente fundé mi propia empresa, Premeditest, que ofrece a todo tipo de organizaciones programas de diagnóstico y rehabilitación en el problema de uso de drogas y alcohol. Llevo limpio más de siete años y festejo mi cumpleaños cada 25 de diciembre."

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¿Tocar fondo? Otálora y García, socias de Génesis –una clínica de rehabilitación para la adicción al alcohol y otras drogas– coinciden al señalar que cada persona tiene un diferente umbral de dolor. "Conocemos casos de ejecutivos de alto nivel que perdieron todo: compañía, casa, coche, familia y viven casi en la miseria, sin darse cuenta de su padecimiento. Para otros, el fondo de sufrimiento puede ser, por ejemplo, que su hijo pida un padre nuevo a los Reyes Magos."

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Cero tolerancia, pero con apoyo

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Según Premeditest, más de 95% de los empresarios o dueños de compañías del país no está consciente o desconoce que entre sus filas puede haber empleados adictos. Ante la pregunta de hasta dónde llega la responsabilidad de un ejecutivo o directivo frente a este problema, Cisneros argumenta que su obligación es reconocer que se trata de una enfermedad tan respetable como cualquier otra y que no se debe poner a un adicto en la calle. Un buen jefe tendría que decirle: "Por política interna, no puedes consumir. Me importa tu vida y por eso te voy a apoyar y darte otra oportunidad." Si ante esto el empleado no cambia, tampoco hay mucho que hacer.

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En opinión de Gortarez es necesario establecer programas empresariales con cero tolerancia ante las drogas y el alcohol, brindar abundante información sobre los daños que pueden ocasionar, efectuar periódicamente exámenes antidoping y ayudar a los afectados a rehabilitarse. El capitán habla con conocimiento de causa porque, cuando encuentra alguna desviación en la conducta de los agentes de su compañía, aplica pruebas al azar. Lo anterior, aunado a los exámenes obligatorios que cada año debe presentar el personal ante la Secretaría de la Defensa Nacional.

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"Por suerte, en cuatro años sólo hemos registrado dos casos: uno de un muchacho que cuando ingresó ya era adicto a los inhalantes y otro que consumía cocaína. Nuestra primera respuesta fue tratar de ayudarlos. El primero no aceptó siquiera empezar un tratamiento. Al otro lo separamos del trabajo y lo enviamos a terapia. Mes y medio después tuvimos que despedirlo porque presentó el mismo índice de toxicidad."

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Otra organización que desde febrero de 2001 realiza un esfuerzo importante para mantenerse libre de adicciones es Hoteles Four Seasons. Jorge Delarbre, director corporativo de Recursos Humanos, explica que, preocupada por el consumo de drogas ilegales en la región, la compañía implantó un programa de prevención en Bahía de Banderas (que incluye Puerto Vallarta, Nuevo Vallarta y áreas cercanas). "En realidad, no nos habíamos enfrentado cara a cara con el problema hasta que, a finales del año pasado, en horas de trabajo, detectamos una grapa de coca entre la ropa de un empleado. A partir de ese momento aplicamos pruebas antidoping aleatoriamente y obtuvimos un porcentaje de incidencia alto."

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A la fecha, asesorada por Premeditest, Four Seasons ha aplicado dichos análisis a todo el personal. La rehabilitación de los 15 empleados que resultaron positivos ha tenido éxito. "Uno de los efectos del programa es que algunos alcohólicos salieron del anonimato y se han convertido en guías de otros enfermos en su proceso de rehabilitación. Estamos ponderando la conveniencia de abrir un grupo del tipo de Alcohólicos Anónimos en el resort –comenta el ejecutivo–. El ambiente de trabajo ha cambiado. Ahora la gente toma como algo natural los exámenes antidoping y cada vez más empleados solicitan orientación y apoyo para hacer frente a problemas de adicción propios o de algún familiar."

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Sin duda alguna el alcoholismo y la farmacodependencia son un asunto delicado que las corporaciones comienzan a tomar en serio. A fin de cuentas, el ámbito laboral no es sino un reflejo de lo que vive el país. Las cifras llaman la atención: el Consejo Nacional para las Adicciones reveló que, durante 1999, el consumo de drogas aumentó 46% y que 16.5% de las personas entre 12 y 65 años había usado drogas ilícitas alguna vez en su vida.

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Los expertos coinciden al señalar que la información oportuna por parte de las compañías (mediante conferencias sobre temas como alcoholismo y drogadicción, manejo de estrés, ansiedad, depresión, aumento de la autoestima, Sida y otros más que los empleados propongan) resulta de gran utilidad. Todo ello para empezar a crear una cultura nacional contra las adicciones. Las nuevas generaciones lo agradecerán.

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