Universidad S.A.

La maquila de la educación: clases en serie, ganancias de 30% y 10% más de alumnos cada año. El B
Alejandra Xanic

Mcwaldo, un amante de la música hip hop, de 19 años, se llevó una gran sorpresa el primer día de clases en el TecMilenio, la universidad con vocación popular del Instituto Tecnológico de Monterrey. Los maestros no iban cargados de libros ni daban cátedra: deslizaban un CD en la computadora, al inicio de cada sesión, con los contenidos y los materiales para cada clase. En el flamante salón de Administración de Empresas en lugar de pupitres había mesas para seis. El maestro conducía una tercera parte de la clase; el resto era trabajo colectivo y exposiciones en Power Point de los propios alumnos.

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El rostro de la educación universitaria está en plena transformación. En las nuevas universidades ya no se habla de “formar hombres para los demás” sino de profesionistas que sepan trabajar bajo presión. La libertad de cátedra se ha transformado en la satisfacción del cliente. Lo nuevo es estandarizar la currícula y la administración. Se trata de adelgazar, simplificar procesos, reducir costos y hacer campus “franquiciables”.

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Los ejecutivos de una nueva generación de universidades se instalan por todo México para aprovechar una oportunidad de negocio, regalo de la demografía. Tomó 20 años para que la matrícula de universitarios se duplicara, entre los años 1980 y 2000. Esto se repetirá pero en un santiamén.

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Actualmente están inscritos cerca de 1.9 millones de estudiantes en este nivel, 32% en instituciones privadas. Pero dentro de 10 años habrá dos millones más. Se trata de la misma oleada de mexicanos que hace una década metió al gobierno en una carrera desesperada por construir primarias y por abrir turnos vespertinos. Y según empresarios, esta vez no hay manera de que el gobierno les abra lugar a todos. Más todavía, serán cinco millones adicionales para 2025 si el Estado consigue ampliar la cobertura de la educación superior, como se ha propuesto hacer en la lista de quehaceres para ser competitivo.

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El potencial es enorme. Si en una década más estudia en centros privados otra tercera parte de la población universitaria, con una matrícula promedio de $4,000 pesos mensuales, se tratará de un negocio de $15,000 millones de dólares anuales. ¿Quién se los llevará a la bolsa?

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Los invitados
Entre los asistentes al manjar está un viejo conocido como el Tec, al que todavía le causa pudor hablar del “negocio” de la educación. Esta institución fundó el TecMilenio y la quiere convertir en una de las más grandes universidades del mundo, con 200,000 alumnos en un plazo de 25 años. Ahora tiene 6,500 en siete campus en Monterrey, DF y Guadalajara. Buscan convertir a sus grupos en “incubadoras” de empleados, ante todo para firmas de alta tecnología.

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La cara nueva en escena es la de Laureate Education (antes Sylvan Learning Systems), una empresa pública de Estados Unidos y dueña de una red internacional de institutos, que compró la Universidad del Valle de México (UVM) en 2000. Con un valor de mercado en la bolsa de Nueva York de $1,500 millones de dólares, se trata de la primera compañía for profit que se establece en el país y crece sin recato. En estos cuatro años dejó atrás un crecimiento modesto y pasó de tener 28,000 alumnos a 42,000. Piensa llegar a los 100,000 en 2008.

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Por el quicio de la puerta asoma también Apollo International, que con un valor de mercado de $12,500 millones de dólares es el propietario de la Universidad de Phoenix, la mayor de Estados Unidos con 70,000 alumnos y modelo inspirador de la transformación for profit.

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Apollo compitió con Laureate por la compra de Unitec. El alto precio de salida de la empresa hizo que no se cerrara ningún acuerdo, según fuentes cercanas, pero Apollo consiguió llevarse al rector Manuel Campuzano, que ahora los representa en México (los directivos de Unitec no aceptaron participar en este reportaje). Tampoco logró comprar el TecMilenio pero asegura que pronto anunciará la asociación con una universidad mexicana.

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No son todas, pero sí las que han emprendido la lucha más visible y feroz. Estas universidades no cortejan a los más pudientes, un mercado que ya se saturó. Van en busca de segmentos poco atendidos hasta hoy: el de los adultos sin estudios superiores y el de los muchachos de clase media que trabajan.

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“Había un hueco, una brecha de oferta de educación superior para el segmento medio del mercado”, explica Ralf Peters, que dejó una carrera en el mundo financiero (Bancomer.com, Amafores), para hacer crecer a Laureate en el país. “Hay una oferta amplia para el grupo que puede pagar $1,500 pesos al mes, y amplísima para los que pagan $9,000 pesos. Había un número más limitado de opciones en el segmento grandísimo de los jóvenes que pueden pagar $4,000 pesos, que son los hijos de gerentes de sucursal, subdirectores y empleados del sector público”, dice Peters, ahora director general ejecutivo de UVM.

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De acuerdo con los observadores, el crecimiento estará sobre todo en el segmento de las universidades que cobran entre $1,500 y $4,000 dólares al año, y que tienen más de 5,000 alumnos. Ahí están entre otros, Grupo ICEL, Grupo Sol, Etac, Univer, Universidad Latina, Universidad Latinoamericana. Y los agresivos Unitec, TecMilenio y la UVM.

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Si en años pasados la competencia fue públicas contra privadas, en los años por venir se hará más cruda la puja entre particulares. En 1980 había sólo 240 escuelas privadas. Eran 1,400 en 2003. El crecimiento se dio sobre todo en escuelas de talla mediana y pequeña (incluso con menos de 50 alumnos), dice Julio Rubio, subsecretario de Educación Superior e Investigación Científica de la Secretaría de Educación Pública.

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En esas 1,400 caben todas. Las llamadas “patito”, las buenas aunque pequeñas y otras que encontraron un mercado en los miles de jóvenes que son rechazados de las universidades públicas todos los años. Lo que muchas de estas escuelas han hecho, dice Rubio, es abrir justamente aquellas carreras a las cuales el gobierno ha cerrado acceso. Como las de Derecho y Contabilidad, que llevan 10 años en el ranking de las más saturadas. “Ellos lo pueden estar leyendo como una oportunidad”, critica, “pero no creo que lo sea (...) ¡México es el país en el mundo con más abogados! ¿Para qué queremos más?”.

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Junto con el aliciente cortoplacista del boom demográfico, la universidad dirigida a la clase media mantendrá la demanda. Pese a las crisis sexenales, las inscripciones en educación no han caído en 30 años, sino crecido entre 10 y 15% anual, apunta Marc Budim, un consultor de Boston Consulting Group (BCG) que participó en la elaboración del plan de negocio de TecMilenio en 2001. “Toda generación se educa mejor que la anterior”, agrega.

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La competencia más dura comenzó ya en las principales ciudades. En Guadalajara hay temor de una pelea demasiado violenta por los clientes-estudiantes. “Puede haber una guerra publicitaria y promocional muy fuerte que dificulte el reclutamiento”, dice Víctor Benavides, vicerrector de la Universidad del Valle de Atemajac (Univa), que desde 1962 opera en Guadalajara. Por ello la institución ya ofrece una ventaja competitiva dirigida a los estudiantes que trabajan: la colegiatura con una carga académica semanal de nueve horas está a mitad de precio de la regular.

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Es una estrategia que se irá generalizando: la rentabilidad de estas universidades requiere una optimización del uso de la capacidad instalada. En el fondo, como la de una planta industrial. Para lograrlo se crean tres turnos de clase o se aprovechan los fines de semana, con horarios compactos que permiten reducir el tiempo de una carrera de cuatro a dos años y medio. El mismo pupitre puede así ser ocupado por tres personas a la semana en lugar de una.

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Unitec es una universidad que no parece temer a esa guerra por el alumnado.

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“El único riesgo es no poder pasar el mensaje de lo que somos en un lugar donde no nos conocen,” comenta Constantino Álvarez, rector del campus Zapopan de Unitec.

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Las cuentas cuadran
¿Qué tan atractivo es el filón de la educación? “Nadie te va a decir que es un negocio porque es mal visto decir que lo es”, ríe un consultor del ramo.

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En realidad, es un sector donde desde el punto de vista de una rentabilidad de negocio existen dos extremos y un punto intermedio interesante, explica Budim, de BCG. En los extremos están por una parte aquellas universidades que buscan la excelencia académica, pero a veces a costa de cualquier rentabilidad; y por otra parte las “universidades patito”, que por su baja calidad y poca inversión en profesores e instalaciones se autocondenan a ser instituciones pequeñas y efímeras. En el punto intermedio, y atractivo están universidades como TecMilenio, Unitec y UVM.

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Sólo una empresa ha tenido que reportar números. Laureate Education presentó cuentas a la bolsa de Nueva York en 2003: la UVM le dio ingresos por $1,600 millones de pesos. “Nos va muy bien”, fue el resumen que hizo Peters ante la junta de inversionistas en EU. “Para que una universidad sea negocio debe tener márgenes de 15% a 30% sobre la facturación, que es interesante. Eso estarían sacando las que hacen bien las cosas”, añade el consultor.

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Lograr esa rentabilidad no es sencillo y pasa por establecer un modelo de bajo costo, semejante al que mantienen líneas aéreas como Southwest o JetBlue –adiós al servicio lujoso, a las comidas y a la preasignación de asientos–.

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Primero se reacomoda el calendario para optimizar las instalaciones de la universidad que, obviamente, no contará con alberca olímpica o cancha de fútbol, activos prescindibles en un esquema en que los alumnos quieren estudios orientados al mercado laboral. Frente a 16 semanas de vacaciones en programas semestrales, los tetramestrales sólo tienen 11.

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A continuación se enfocan los contenidos a lo más demandado en el mercado laboral; y por ello se eliminan o reducen materias de humanidades. Finalmente se estandariza el contenido. Por ejemplo, los profesores más preparados del Tec diseñaron junto con un pedagogo el contenido de los CD con los que se imparten clases. Quienes las dan son profesionales con experiencia en el mercado de trabajo, mercadólogos o contadores que conocen la aplicación práctica de esas materias... y están dispuestos a cobrar un pago simbólico por ser maestros. El ahorro es enorme aunque no todas las asignaturas se prestan a esta estandarización.

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El Instituto Tecnológico de Monterrey tenía 97,000 estudiantes a finales de 2001 y pocas posibilidades para crecer en el segmento alto. El rector, Roberto Rangel, estaba preocupado por cómo seguir cumpliendo el mandato del centro: extender la educación de alta calidad por el país. En particular, ¿cómo ofrecer una educación de alto nivel, conforme a la vocación e imagen del Tec de Monterrey, a un costo más accesible para la clase media mexicana? La solución pasó por un rediseño completo de una nueva oferta al estudiante, cuidando la calidad académica pero quitando factores de costo como por ejemplo extensas áreas deportivas, poco útiles a alumnos que trabajan y/o tienen una vida familiar. Unos meses después abrió TecMilenio.

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Esta universidad es más austera y económica que la original (la cuota es de casi $4,000 pesos el mes, contra $12,000 pesos del ITESM) y ofrece otras cualidades que la matriz. Lo que sedujo a su estudiante Miriam Figueroa cuando a los 18 años tuvo que elegir en la variada oferta de Monterrey, la promesa de ser “empleable”. Sus maestros serían “gente que trabaja” y habría vínculos tangibles con las compañías del mundo real. Obtendría certificaciones parciales para escalar en el trabajo mientras estudia. Tendría flexibilidad de horarios y la posibilidad de combinar clases presenciales con otras por internet.

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Inversiones millonarias
El Campus Ferrería de TecMilenio en el DF es el mejor ejemplo de lo que quieren replicar. En los primeros cuatro pisos del edificio están la biblioteca digital y las aulas. En los últimos dos están las oficinas de los 250 empleados de Softtek, una compañía mexicana que desarrolla software y que diseñó una de las carreras. Dentro de poco, los profesionales de Softtek bajarán a dar clases y los estudiantes subirán a trabajar en proyectos del mundo real. Ahí formarán a sus fuerzas básicas. “Es como estar junto a una mina”, describe el CEO Fabio Bittencourt.

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Hace unas semanas el rector de Unitec, Raúl Méndez, anunció un plan para abrir cinco planteles con una inversión de $1,366 millones de pesos, que incluye incentivos fiscales por parte del gobierno del Distrito Federal. Y el propio gobierno de la capital reveló que hay más firmas interesadas en invertir en el nuevo modelo educativo, cuyas inversiones sumarían $5,340 millones de pesos.

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El TecMilenio, que también goza de beneficios fiscales en el Distrito Federal, comenzó con 6,500 alumnos en 2002 y quiere llegar a 50,000 para 2012. “¡Somos unos kamikazes!”, dijo Sergio Martínez Flores hace unas semanas, cuando todavía era rector del TecMilenio. “Si decidimos que la siguiente semana abrimos un campus en Guadalajara, todo está listo: tenemos la dimensión de los edificios, los procesos para contratar personal. Tenemos todos los procesos estandarizados”, dijo el ejecutivo que ahora está cargo de la zona centro-sur del Tec.

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Los promotores del TecMilenio están embelesados con su crecimiento. “Por eso (el rector Rafael) Rangel no quiso ser secretario de Educación Pública. ¡Hacía más estando fuera! Es un mago de las alianzas”, dice Roberto Rodríguez, investigador en temas educativos de la UNAM.

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El gran desafío es cómo financiar el crecimiento. Las universidades dependen en gran medida de las colegiaturas dada la baja cultura de donaciones que hay en México. Según la calificadora de deuda Standard & Poor´s, no es suficiente para atender proporcionalmente sus necesidades.

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El modelo más común, seguido en Estados Unidos, Chile o Australia es la bursatilización, sin descartar la colocación de acciones. “Podrían emitir deuda a través de un fideicomiso respaldado por los flujos de las colegiaturas, o meter a un fideicomiso los créditos que le den a los alumnos”, dice María Tapia, analista de Estructuración de Deuda de Standard & Poor’s, que admite que ya ha recibido la visita de varios de los centros privados mexicanos.

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Llegan los extranjeros
Paradójicamente, el Tec, la universidad más global de México, presionó al gobierno federal para que impidiera la entrada de universidades privadas del extranjero, como Laureate. El argumento, también defendido por otras privadas, fue que su ingreso ponía en riesgo la identidad nacional. Alegaron que esas compañías sólo buscan el negocio y no están comprometidas con el desarrollo del país.

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Una actitud no respaldada desde el Gobierno. “Aquí lo mismo te dicen los puerqueros, los productores de bicicletas, todos aquellos que creen que van a perder clientes”, replica Fernando de Mateo, jefe de la Unidad de Coordinación de Negociaciones Internacionales de la Secretaría de Economía. En ese momento los gobiernos de Australia, EU, Brasil, Japón, Singapur y Nueva Zelanda ya se habían hecho eco del interés de algunas compañías por invertir en educación en México.

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Laureate tocó en 2000 a la puerta de la Secretaría y la Comisión Nacional de Inversiones Extranjeras le permitió ese año rebasar el tope de participación fijado en la ley. Pagó $49.4 millones de dólares por 80% de las acciones de la Universidad del Valle de México y jaló a sus filas a un hombre que durante 34 años fue un rector clave en la expansión del Tec: César Morales Hernández, ahora director general académico de la UVM.

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La Universidad tenía ese año 30,200 alumnos, crecía a una tasa de 4% anual y tuvo ingresos por $830 millones de pesos. Para 2003, Laureate reportó a la bolsa de Nueva York una matrícula de 42,600 estudiantes y un crecimiento de matrícula de 23.6% anual, a costa, estima un ejecutivo, de crecimientos en la Universidad Iberoamericana y el Tec : “se puede deber a que se está achicando ese segmento (alto)”. La UVM ya representa 45% de los ingresos de esa trasnacional.

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A diferencia del TecMilenio, la UVM es una universidad con libros y cátedras, aunque gran parte de su funcionamiento está estandarizado. Su oferta se concentra en dar a los alumnos la posibilidad de cursar semestres en alguno de los otros campus que tiene en EU, Suiza, Francia, España, Chile, Costa Rica y Panamá. “Armonizamos las materias, de manera que álgebra en México y en España sean iguales. Un joven puede estudiar cinco semestres aquí y otros dos en España, y obtener dos títulos. Puede entonces buscar empleo aquí o en la Unión Europea”, dice Peters.

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Laureate puede encontrarse con un rival que quiera taparle el sol. La última semana de mayo estuvo en la capital la plana mayor de la compañía Apollo International para afinar una sociedad. “No estamos buscando comprar instituciones como otros, sino socios, y en ese contexto desarrollar nuestras instituciones nacionales”, dijo su director ejecutivo, Jorge Klor de Alva.

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De establecerse aquí, Apollo ofrecerá un sistema educativo parecido al del TecMilenio. “Nosotros desarrollamos ese modelo educativo que usa el Tec”, asegura Jorge Klor. Todo en Apollo está estandarizado y listo para clonaciones. “Si quieres tener alta calidad a menores costos, tienes que estandarizar procesos. Y si quieres crecer, lo mismo, si tu meta es abrir el acceso a la educación superior y dar el más alto valor por cada peso de su colegiatura”.

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Apollo ya tiene instalaciones en Holanda e India; una asociación en Brasil con el Grupo Pitágoras, que tiene educación básica, media y superior y está en tratos en China y en Chile.

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Agua para la euforia
Julio Rubio, subsecretario de la SEP, despliega docenas de hojas con tablas sobre una mesa de juntas en sus oficinas de Tlalpan. La participación de las universidades particulares es cada vez mayor, acepta. Pero el ritmo de crecimiento de su matrícula decayó durante el gobierno de Vicente Fox, y la pública repuntó. Señala un gráfico: la matrícula de las particulares crecía a una tasa de 10.8% en 2000 y ahora a 5%. La tasa de crecimiento de las públicas pasó de 1.24 a 5%.

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Las universidades públicas no se han quedado de brazos cruzados. Muchas ofrecen ahora doble titulación, intercambios con universidades del extranjero y estudios por internet. Y según Rubio, la mayoría se esforzó en acreditar los programas de estudio para tener ese sello de calidad que también buscan tener las instituciones privadas.

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Además, en México no prosperó una propuesta del sector privado, que habría abonado sus planes de crecimiento. En Chile el gobierno hizo mancuerna con los empresarios y creó un programa de becas financiadas con dinero público para pagar colegiaturas privadas. “Su lógica es que resulta más barato pagar becas que abrir aulas” explica Roberto Rodríguez, de la UNAM.

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Esta propuesta no avanzó porque una fuerte oposición en la clase política e intelectual a la comercialización de la educación. “Estamos buscando fortalecer el acceso al sistema público (y no al privado)”, dice Rubio, “en este gobierno no tenemos un proyecto en esa dirección”.

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Por otra parte, ese crecimiento es finito, describe Julio Rubio. Sí se avecina una gran ola de estudiantes, pero este pico demográfico comenzará a decaer hacia el año 2012.

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Lo que estará pendiente es ampliar la cobertura. Ahora estudia 23% de los jóvenes de entre 19 y 23 años (ha crecido 4% en este sexenio, según la SEP). De nuevo, las variaciones regionales son grandes: 41% en el Distrito Federal y 11 % en Quintana Roo. Poco si se compara con países desarrollados, que llegan hasta 80%.

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Los empresarios dicen que tienen un plan en la bolsa. “Lo que queremos es hacer universidades para toda la vida”, dice Pedro Grasa Soler, el vicerrector de Relaciones Institucionales de TecMilenio. Apuestan a encargarse también de los adultos que necesitan actualizarse o desarrollar conocimientos y habilidades nuevas. “Es como una ola en el mar. Estamos en la cresta, y si no lo hacemos como país, si dejamos escapar esa oportunidad, esa ola se va a ir a la playa”.

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Miriam Figueroa ya estudia el sexto tetramestre de la carrera, pero no se siente en una universidad. Por los pasillos del campus deambulan ejecutivos de Sun Microsystems, Cygma, IBM y Microsoft que dan clase, en el modo particular del TecMilenio. En el plantel cuelgan carteles con la convocatoria a trabajar en un proyecto de desarrollo de software de Softtek. ¿Extrañas las cátedras y las clases como eran antes? “Realmente no”, dice Miriam. “Yo pensé que después de 17 años de estudiar de una cierta manera esto iba a ser difícil, pero me acostumbré. Antes había más pérdidas de tiempo, era menos intensivo con eso de las clases, las tareas y los exámenes. Yo siento que esto es cada vez más en serio, como en la vida real”. Miriam asiste a la universidad para trabajar.

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—Con información de Guadalupe Rico / Guadalajara

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