Uno agoniza y otro nace

Mientras los empresarios pesqueros lamentan la crisis en el sector tradicional, quienes producen el
Juan Danell Sánchez

Camarón que se duerme se lo lleva la corriente… y hay que ver de qué forma. Mientras en los últimos 10 años la otrora orgullosa flota camaronera del Golfo de México se redujo de 1,050 a 198 embarcaciones y la producción del crustáceo se desplomó de 10,000 a 1,000 toneladas anuales, en la costa del Pacífico crece la producción industrial de este marisco (29,000 toneladas anuales) en granjas equipadas con tecnología de punta y el soporte científico necesario para desarrollar esta actividad. Estas dos formas de producción, la captura de camarón y la camaronicultura (engorda del crustáceo en granjas), se alejan cada día más la una de la otra.

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Si bien es cierto que toda crisis es lamentable, en este sector es peor, porque tiene un mercado insaciable, poco explorado, con un potencial que los números no alcanzan a determinar. En México se podría calcular en 97 millones de consumidores, con una única limitante: el poder de compra de los salarios. Esto se puede superar en la medida que maduren los nuevos sistemas productivos, en los que uno de los objetivos primordiales es bajar los costos de producción y con ello el precio final del marisco.

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Para los empresarios pesqueros el origen del problema está en los modelos económicos de las dos últimas décadas y en las fallidas políticas pesqueras. Lamentan que hoy por lo menos 800 barcos (76% de la flota) estén en el fondo del mar, como espectros en un cementerio de chatarra. Además, desde los primeros años de la década de los 80, la captura de camarón está amenazada por dos enemigos duros de vencer, producto de la crisis económica: los pescadores furtivos y la contaminación marina.

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La pesca furtiva la realiza un número indeterminado de personas que alguna vez fueron pequeños agricultores en los estados costeños del golfo (Tamaulipas, Veracruz, Tabasco, Campeche y Yucatán) y que ante la difícil situación en la que está el sector agropecuario, que actualmente registra un decrecimiento de 1.7%, abandonaron esa actividad para dedicarse a capturar el marisco sin respetar las normas de pesca. Por las noches, en pequeñas lanchas sacan el camarón aún en estado juvenil e inclusive larvario, reduciendo con ello la reproducción de esta especie.

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Sobreviviente
Víctor Abraham, presidente de la Cámara Nacional de la Industria Pesquera y Acuícola (Canainpesca), y uno de los empresarios sobrevivientes, percibe presagios negativos en el horizonte de la actividad, “porque en esta rama de la pesca no hay orden, y si bien es cierto que todos tenemos derecho a pescar, también lo es que no se debe presionar tanto este recurso natural”.

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Comenta que la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa) y la Armada de México no cuentan con los recursos necesarios para llevar a cabo una vigilancia efectiva que frene la pesca clandestina en las aguas del golfo.

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El empresario cree que el error que alentó la pesca furtiva fue que, a mediados de la década de los 80 el gobierno federal otorgó más de 700 nuevos permisos para pequeñas embarcaciones camaroneras. Eso propició una sobre explotación del recurso. Además, dificulta la vigilancia debido al crecimiento del número de barcazas en navegación.

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Abraham es un hombre sexagenario con 40 años en el negocio de la pesca. Considera que tal vez el Gobierno no encontró otra salida, que dar los permisos de pesca, para darle una posibilidad de allegarse recursos a los agricultores desplazados por la crisis del campo. Sin embargo, propició otro problema igualmente peligroso para la economía del país, “porque poco a poco fue tronando a los barcos de altamar”.

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De acuerdo con estudios del Instituto Nacional de la Pesca (INP), la captura furtiva de camarón reduce la producción a una cuarta parte del potencial, de tal suerte que de las 5,000 toneladas que hoy se pueden obtener en altamar en un año regular, la cifra podría elevarse a 20,000 toneladas.

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La captura del camarón ha sido determinante en las economías regionales del litoral. La pujanza de Campeche “se debe a que en los buenos tiempos de la flota camaronera (en los años 70 y el primer tercio de los 80), los empresarios invirtieron sus ganancias en otras actividades, como la agricultura y la ganadería; eso fue lo que le dio vida al estado”, dice. Esta industria ocupaba 20 años atrás  2,800 trabajadores diarios en tres turnos, sólo en las plantas procesadoras de Ciudad del Carmen, y cada barco ocupaba por lo menos 15 personas.

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Hoy es diferente, la mayoría de los empresarios están quebrados; otros, los que invirtieron en el sector agropecuario, se retiraron a vivir de sus ranchos, y sólo unos cuantos se aferran a la captura de camarón. Pero, ¿por qué lo hacen, si dicen que ya no es negocio? La respuesta de Abraham es elocuente: “No perdemos la esperanza de que a la vuelta del viaje rejunte el paquete (se llenen las redes)”.

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Sin embargo, la realidad lo rebasa. Cada vez hay menos camarón. Sin más preámbulo habla de la contaminación del mar. Son dos las fuentes que envenenan las aguas: los desechos de Petróleos Mexicanos (Pemex) y las aguas residuales de numerosas localidades, que llegan sin tratamiento alguno al litoral.

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“Aunque Pemex lo niega, buena parte de la contaminación en el Golfo proviene de las plataformas marinas de la empresa, la otra parte son los desechos de Ciudad del Carmen (tiene 130,000 habitantes) y otras poblaciones costeñas, que expulsan al mar sus desechos íntegros, porque no cuentan con un sistema de drenaje. Además, los ríos arrastran grandes cantidades de pesticidas y agroquímicos que son utilizados en los campos arroceros de Campeche, el sur de Tabasco y Guatemala”, dice, y confía en que “metiendo orden (regulando), la actividad en dos o tres años se puede recuperar”. Espera que el gobierno ponga atención y remedio a este problema. Mientras tanto, de repetirse una baja captura como la de 1999, por lo menos 40% de la flota que aún existe se irá a pique, por falta de solvencia.

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Camaronicultura adolescente
Para Arturo Madrigal Elizondo, presidente de la sección especializada de acuacultura de la Canainpesca, la crisis camaronera es algo que se debe enfrentar con creatividad. En lugar de resignarse a perder todo o rescatar lo que se pueda, el empresario tiene que explorar nuevas condiciones de mercado. “Nosotros buscamos todo el tiempo alternativas, no podemos esperar que toda la vida las condiciones sean iguales.”

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Esta actividad es nueva en México. Tiene un par de décadas que se practica a escala industrial y fue precisamente en la costa sinaloense donde se inició. Madrigal la define como “un adolescente que tiene todo el futuro por delante, para forjarlo a su gusto; pero en el momento actual adolece de todo”, está empezando a organizarse, a sistematizar los eslabones de su cadena productiva, a medir el mercado, a conseguir financiamiento y atraer inversiones, y a sacudirse a los intermediarios que se llevan la mayor parte de las utilidades.

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En sus 33 años de edad y 10 de acuacultor, Madrigal se felicita de haber retomado las experiencias de otros países, como Ecuador, que es el principal productor, con respecto a la operación y problemas de las granjas camaronícolas, porque con base en ello se han evitado errores.

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Recuerda que a mediados de los 90 tuvieron problemas financieros que llevaron a la quiebra a un número elevado de granjas. También los hubo, dice, en el aspecto tecnológico, además de los casos de corrupción, en los que los empresarios desviaron para  beneficio personal el financiamiento que era para la empresa. “Ha sido caro el aprendizaje y muchos quedaron en el camino, pero también muchas granjas están saliendo adelante en forma vigorosa.”

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El desarrollo camaronícola de Sinaloa, comenta, ha servido como detonador para que se instalen empresas en otros estados. Sonora es uno de ellos y ya existen inversiones como la de la familia Robinson Bours, para establecer granjas de 1,000 hectáreas (el promedio para que el negocio sea rentable es de 50 hectáreas).

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A diferencia de Sinaloa, en Sonora los inversionistas cuentan con un amplio apoyo del gobierno estatal, tanto en infraestructura como en la simplificación administrativa para el buen funcionamiento de las empresas.

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La ventaja de este negocio es que el mercado de camarón nunca llega a ser tan malo, como para no dejar un margen de utilidad. Aunque la mejor temporada de venta del camarón de granja es el invierno, siempre hay donde vender el marisco, afirma Madrigal y comenta que “a veces apenas sales con los costos, pero siempre hay ganancia”.

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Amarrando el futuro
La camaronicultura se debe ver como un sector productivo, no como a la cola de la pesca. “Requerimos recursos, como obras de infraestructura y financiamiento, que apoyen el desarrollo de la actividad. Lamentablemente en Sinaloa las autoridades no la toman en cuenta, no obstante a su potencialidad y al impacto que tiene en la economía regional”, explica Roberto Arosamena Villarreal, director general  de Productores Acuícolas Integrados de Sinaloa (país).

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Esta es la primera empresa integradora en la camaronicultura mexicana. Tiene 25 empresas-granjas en el centro-norte de Sinaloa y surge como alternativa para resolver los problemas de los productores de camarón de granja, como son la pérdida de rentabilidad –que es algo progresivo por los costos de producción–, de tipo normativo, de tenencia de la tierra y elevados impuestos, entre los más importantes.

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Arosamena dice que ya hay resultados positivos de la integradora: “Conseguimos alimento balanceado 10% más barato y estamos en proceso de lograr otros contratos con proveedores de otros insumos, como la larva del camarón, que se produce en laboratorios. También estamos integrando un equipo técnico que sea el respaldo científico de los inversionistas”.

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En la actualidad tienen 4,800 hectáreas operando, 20% del área productiva de camarón de Sinaloa, y están por integrarse otras 10 granjas, con lo que aumentará a 5,500 hectáreas la superficie de esta joven empresa.

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La causa de la integración es que “el acuacultor en general no tiene a quién acercarse para buscar soluciones a sus problemas, en cambio con la integradora será más sencillo superarlos”.

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Además, adelanta que atacarán el mercado internacional. Existen grandes oportunidades, sobre todo en Europa, que exige volúmenes de marisco que un solo productor no alcanza a cubrir, “pero ya integrados lo podremos hacer”, asegura Arosamena. La empresa produce en conjunto 10,000 toneladas, lo que le permite entrar a la exportación directa y facilitarse el camino para integrar los eslabones anteriores a la engorda, como invertir en laboratorios productores de larva.

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Y completan su estrategia con un objetivo muy ambicioso: abrir su propia comercializadora.  

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