Urge un socio

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Juan A. Cedillo

La situación financiera por la que atraviesa la principal siderúrgica del país, Altos Hornos de México, SA (AHMSA), continúa deteriorándose, y de no registrarse una mejoría en el mercado del acero podría llegar al extremo de convertirse en otro fracaso más de las privatizaciones realizadas en el sexenio de Carlos Salinas de Gortari.

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La inestabilidad financiera internacional, la crisis en Asia y Rusia, la devaluación del peso y la sobreoferta en los mercados mundiales golpearon a Altos Hornos durante todo 1998, y como consecuencia, durante el tercer trimestre del año pasado la empresa registró pérdidas netas por $1,379 millones de pesos.

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El 20 de julio de 1998, la siderúrgica anunció un plan de reestructuración llamado AHMSA XXI, que incluyó el recorte de 3,000 empleados de su plantilla laboral, la posposición de proyectos por $146 millones de dólares en los próximos cuatro años y la cancelación de planes no prioritarios por $20 millones de dólares.

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El programa llegó al extremo de recortar sectores clave para el futuro de la empresa, como la asistencia técnica de Hoogovens Technical Services, que se redujo en $13 millones de dólares anuales, y la capacitación, que disminuyó de 1.6 millones a 600,000 horas por año, lo que representó un ahorro de $5.5 millones de dólares anuales.

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Para 1999, la empresa con sede en Monclova, Coahuila, comenzó a vender sectores estratégicos. El 4 de febrero, Grupo IMSA adquirió en $150 millones de dólares las plantas galvanizadoras y pintadoras de AHMSA. 15 días más tarde, otra empresa regiomontana, DAcero, compró a Altos Hornos su planta Aceros Nacionales (ANSA) en $68 millones de dólares. La siderúrgica también puso en venta su planta tratadora de aguas y la de cal, ubicada en el municipio de Cadereyta.

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Pero esos recursos fueron insuficientes para apuntalar la empresa. Su director general, Alonso Ancira, informó que necesitan urgentemente un socio que inyecte fuertes sumas de capital a la empresa. Los rumores hablan de Hylsa.

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Con un mercado nacional muy débil, las perspectivas son poco alentadoras; sólo parece posible asociarse con extranjeros (actualmente negocian con japoneses y españoles). Pero, con su enorme deuda, en un mediano plazo la empresa podría correr la misma suerte que muchos bancos: quedar en manos extranjeras, a menos que el Estado mexicano salga, de nuevo, a su rescate.

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