Veinticuatro años

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Emilio Zebadúa

El ascenso de Carlos Salinas al poder no fue una casualidad, como tampoco lo ha sido la liquidación paulatina, pero definitiva, de las ambiciones que su llegada a la presidencia de la república en 1988 impulsaron entre los "tecnócratas", que llegaron a confiar que su paso por el poder se extendería más allá del sexenio.

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La selección original de Luis Donaldo Colosio, ex funcionario, como Salinas, de la extinta Secretaría de Programación y Presupuesto (SPP) en los 80, parecía garantizar la influencia de este grupo de tecnócratas en el siguiente gobierno. Felizmente, su sucesor como candidato del PRI y actual presidente, Ernesto Zedillo, comparte antecedentes similares -con Colosio, Salinas, Manuel Camacho, José Córdoba y Pedro Aspe-, pues también tiene una formación técnica (como economista), con posgrado en el exterior y vínculos profesionales en su pasado con algunas de las principales instituciones económicas del gobierno (el Banco de México, en su caso).

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Con la elección de Zedillo aparecía factible, por lo tanto, extender la influencia del grupo de políticos formados en el gabinete económico (en la SPP y la Secretaría de Hacienda, principalmente, además del Banco de México). Y, de hecho, el nombramiento de Fausto Alzati como secretario de Educación y de Esteban Moctezuma como secretario de Gobernación, en el primer gabinete presidencial, mostraba la continua ampliación de la esfera de influencia de los tecnócratas hacia áreas de trabajo político antes reservadas a funcionarios con antecedentes más tradicionales.

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Pero hasta la devaluación de diciembre, gente como Alzati y Moctezuma, que tenían en su currículum una estancia, por breve que fuera, en la SPP, parecía destinada a seguir acumulando poder y fuerza política. Una tendencia que se inició durante el gobierno de Miguel de la Madrid, quien también había encabezado la SPP previamente a su designación como candidato presidencial del PRI. Pero que en realidad cobró ímpetu como "proyecto político" durante el sexenio de Salinas, cuando economistas formados en el Banco de México, la SPP y Hacienda saltaron a puestos de lo más diversos.

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En el proceso obtuvieron el control de varios estados, se hicieron cargo de programas sociales, supervisaron procesos electorales y se entrometieron en la política de seguridad nacional. Pero fue la designación de un miembro del círculo más cercano de Salinas -Colosio: un político generado por los tecnócratas- como candidato del PRI a la presidencia de la república, lo que volvió factible la depuración completa de la clase política mexicana.

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Para esto se hubiese requerido que transcurriera el plazo de una generación entera, o los 24 años de los que habló José Angel Gurría cuando imprudentemente se refirió a las posibilidades políticas de su grupo. La elección de Colosio hubiera sido un paso lógico en el ascenso y consolidación de un grupo político formado dentro de las oficinas del gabinete económico en la década de los 80. Su muerte amenazó con poner fin a las ambiciones de Salinas y de los tecnócratas como grupo.

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La entrada en escena de Zedillo, con un perfil tecnocrático aún más acentuado, pareció asegurar la continuidad del "proyecto salinista", si bien su incapacidad para, primero, manejar las finanzas públicas en vísperas de la devaluación y, después, la crisis política que ésta desató, elevaron al máximo la vulnerabilidad de los tecnócratas en su calidad de detentadores de poder.

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No es casualidad pues, que a la renuncia de Jaime Serra a Hacienda, siguiendo a la devaluación se haya desatado una cascada de caídas de casi todos los principales miembros de este grupo original: primero Alzati; después el propio Salinas, contra quien se desata una campaña publicitaria negativa; luego Esteban Moctezuma, que debe renunciar a Gobernación y, finalmente, Córdoba (ex jefe de la Oficina de la Presidencia) que tiene que dejar su puesto como representante de México ante el Banco Internamericano de Desarrollo. Ya antes, Manuel Camacho (quien también ocupó un puesto en la SPP en algún momento) había sido liquidado políticamente y, en fechas más recientes, se intentó hacer lo mismo con el prestigio de Pedro Aspe (ex titular de SPP y de Hacienda).

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De cualquier modo, parece cierto que los 24 años en el poder que ambicionaban los tecnócratas (al menos este grupo) no se cumplirán. Algunos sobreviven en puestos de importancia formal, como Gurría en la Secretaría de Relaciones Exteriores, Luis Téllez en la Oficina de la Presidencia; Oscar Espinosa en el Departamento del Distrito Federal y el propio Zedillo en Los Pinos. Pero ninguno de ellos posee ya la seguridad de que el proyecto del que provienen tiene posibilidades de éxito.

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El autor es profesor-investigador  en el Centro de Estudios Históricos de El Colegio de México.

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