Vendedor de nostalgia

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La notificación de que la pizza se la manda su hermano, que está en Australia, y ella en El Salvador, provoca llanto, sorpresa e incredulidad. “¿Cómo es posible eso?”, atónitos cuestionan quienes abren la puerta y ven a un motociclista con una pizza. “Pues internet… ya ve…”, responde igualmente pasmado el repartidor.

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La idea es de Juan Carlos Matamoros, gerente de Mercadotecnia en Pizza Hut en El Salvador. Inicialmente, la propuesta asusta a sus jefes, quienes lo tildan de “loco” y no creen en el proyecto, pero lo dejan seguir adelante.

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En 1997, sólo había cuatro sitios de Pizza Hut en internet, de los cuales sólo dos vendían en línea: Filipinas y Estados Unidos. En El Salvador sólo había un solo sitio local: www.cofee.com.sv.Pizza Hut fue la segunda compañía con una página en internet.

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Pocos visitaban la página y menos sugerían la venta de pizzas en internet. “Es más fácil levantar el teléfono y solicitar el pedido. Fue hasta septiembre de 1998 que el sitio permitió hacer pedidos y pagar en línea”, explica Matamoros.

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El ejecutivo de Pizza Hut investiga e idea cómo realmente vender en línea. Encuentra oportunidad en los 2.1 millones de “guanacos”, gentilicio para los salvadoreños, expatriados, quienes cada año envían a sus parientes $1,400 millones de dólares, fuente primaria de ingresos para el país entero.

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Matamoros promociona el sitio, aprovechando la visita de los expatriados en El Salvador. El primer mes de la venta a través de internet no sobrepasa 1% de las ventas totales de la firma. Pero sólo el 10 de mayo del año pasado, Pizza Hut vendió aproximadamente $3,000 dólares. Actualmente, son $10,000 dólares los que capta al mes la pizzería, menos de 5% de las ventas totales y el sitio es administrado por una sola persona.

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A mediados del 2000, Pizza Hut en El Salvador, específicamente en San Salvador, tiene 600 clientes del extranjero que hacen pedidos vía internet y sólo 10 locales.

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“La fuerza sentimental que Pizza Hut entrega en cada pizza ordenada vía internet une a las familias salvadoreñas con sus seres queridos en el exterior. Esto no tiene precio”, concluye Matamoros.

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