Viajar en un sillón

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En el siglo III AC un comerciante griego se embarca para recorrer la incierta ruta del estaño, asistido por mapas improbables; Marco Polo, encerrado en una cárcel de Venecia al promediar la decimotercera centuria, recuerda cinco lustros errantes por los dominios de Kublai Kan; las encías de los europeos que se dirigen a un continente aún innombrado se hinchan por el escorbuto, y esto no detiene el trajín de emigrantes; los marineros empeñados en largas travesías trasatlánticas exploran curiosas experiencias sexuales, que sus imperios tratan de ignorar; en Tánger, hacia la mitad del siglo anterior, Paul Bowles, William Bourroughs, Jack Kerouac y Allen Ginsberg se demoran en los fumaderos de opio y los sueños de hachís, entre artistas, homosexuales y prostitutas de todo el mundo.

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Estos y otros pasajes los puedes encontrar en un delicioso libro de Tatiana Escobar, joven escritora venezolana cuya vocación itinerante la ha llevado de Borneo a Toronto, del norte de África a Patagonia, de Nueva York a la Costa Blanca. Sin domicilio fijo no es sólo un libro sobre viajes y viajeros, es también una reflexión profunda sobre la literatura y la evolución del deseo de irse.

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