Vicente Fox. Los retos del Quijote del

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Laura Fierro Evans

1991. Elecciones para gobernador en Guanajuato. Candidato favorito: Vicente Fox (PAN). Denuncias de fraude electoral. Intentos de imponer a Ramón Aguirre (PRI). Indignación generalizada, la gente sale a las calles. Manifestaciones. Carlos Salinas de Gortari propone un interinato. Se acuña el término concertacesión. El congreso del estado elige como interino al panista Carlos Medina Plascencia, quien había sido presidente municipal de León.

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Cuatro años después...

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Mayo de 1995. Termina el interinato de Medina. Nuevas elecciones. Candidatos: Vicente Fox (PAN); Malú Mitcher (PRD); Ignacio Vázquez Torres (PRI). Victoria de Fox por más de dos a uno.

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Usted se preparó para gobernar en 1991 y empezó en 1995. ¿Qué perdió y qué ganó en cuatro años de espera?
Decidí entrar en política por invitación de Manuel Clouthier, quien me hizo reflexionar sobre la manera en que el país seguía perdiendo terreno, cayendo en la mediocridad en la calidad de vida. En las elecciones de 1991 para gobernador de Guanajuato ya lo conocemos: unos dicen que fue concertacesión, otros decimos que fue una heroica lucha del pueblo de Guanajuato para impedir imposiciones de (Carlos) Salinas, para evitar que nos mandaran a ese dinosaurio de Ramón Aguirre.

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Tuve fortuna: Medina entra a hacer el trabajo sucio, a limpiar la casa, a erradicar corrupción, a iniciar un proceso de transformación en la estructura del gobierno del estado, a empezar a introducir una visión de mediano y largo plazo que no existía, a trabajar con más estructura, con más academia, con más administración.

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No hubo frustración. La elección fue un triunfo amplio, que todo mundo cree, acepta y es confiable. ¿Qué representa esto? Que el valor constante y sonante de la democracia y de procesos electorales como Dios manda dan una gran gobernabilidad a quien gana en esas condiciones, le dan capacidad de convocatoria y para consensar las ideas, porque todo mundo se suma a ese liderazgo.

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Quiero compartir esa conclusión: ¡qué diferentes habrían sido las cosas en México si cada presidente de la república, si cada gobernador hubieran surgido de procesos democráticos!

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Pero usted entró en una situación económica mucho más crítica que Medina.
Así es, pero quizá gobernar en las buenas no tiene mucho mérito. El grado de dificultad sirve como acicate: cuanto más grande es el reto, más fuertes tienen que ser las acciones de gobierno. Nuestras metas son evitar que se caiga tan profundo como en otros estados y lograr que Guanajuato entre en una etapa de recuperación económica mucho antes que éstos.

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En su plan básico de gobierno presentado el 6 de marzo usted habla de construir una nueva civilización. ¿Sobre qué cimientos? ¿Cómo sería ese proceso de construcción de un nuevo tejido social?
Pretendemos primero una sociedad que regrese a su reserva estratégica, que en Guanajuato son nuestros valores, historia y raíces. Éste ha sido un estado de avanzada en las grandes transformaciones del país: en la Independencia, la Revolución, la lucha cristera y ahora por la democracia y el federalismo. Además, es un pueblo con una gran riqueza espiritual y no me refiero sólo al aspecto de la religión católica.

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El segundo trabajo tiene que ver más con la nación: erradicar la corrupción, terminar con el narco y la violencia hasta que se dé el gran cambio en el país. No podemos aspirar a un desarrollo sustentable si no es en un estado donde haya seguridad, paz, armonía, madurez política, y donde el ciudadano duerma tranquilo sabiendo que sus autoridades están velando por su seguridad.

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El tercer aspecto es sustituir el neoliberalismo generado por Salinas, seguido por (Ernesto) Zedillo y que está haciendo pedazos al país. Hay quien lo ha tomado como algo muy drástico y dramático de nuestra parte. Pero hay que superarlo, hay que avanzar, hay que llegar a propuestas nuevas.

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¿Cuáles?
Son cuatro áreas de acción. Primero, consolidar un estado con salud financiera (en este sentido vamos bien: el año pasado terminamos con superávit en Guanajuato), manteniendo, además, una tesorería muy sólida: (en los bancos se tienen entre $250 y $500 millones de pesos). El camino: austeridad, buen manejo y tener la convicción de que un estado sano es un patrimonio para su sociedad. Queremos extender esto a los municipios donde tenemos dificultades; algunos tienen altos endeudamientos.

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Segundo, acrecentando las instituciones sociales, como el instituto de la vivienda, que tiene un fuerte patrimonio y mantiene en el banco unos $150 millones de pesos, o el IMSS, que tiene fuertes activos. Y los organismos del agua, que muchas veces en los municipios poseen más capital y movimiento de recursos que los propios ayuntamientos.

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Tercero, generando una comunión de intereses entre el estado y los productores. No podemos vivir divorciados. Queremos empresas sanas, no sólo gobiernos sanos. Tenemos un programa para liberar de problemas financieros, a través del Sistema Financiero Estatal, a empresas que están en suspensión de pagos o en gran apalancamiento pero que tienen proyectos y viabilidad.

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Otra fórmula para dejar atrás el neoliberalismo es impulsar a nuevos emprendedores. En Guanajuato, en este momento, cualquier persona que tenga una buena idea, un proyecto, viene al gobierno del estado y va a realizar su sueño. Estamos hablando de micro y pequeños empresarios. Emprender y mejorar el empleo nos va a permitir terminar con este círculo vicioso de que no hay mercado interno, entonces las empresas no tienen donde vender sus productos y, por tanto, están quebrando.

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Y cuarto, vamos a romper ese paradigma brutal y criminal del neoliberalismo, que cree que sólo se puede competir en los mercados globales con salarios bajos. Eso es absolutamente falso. Vamos a pugnar porque se eleven los salarios en Guanajuato. Muchos empresarios creen que sólo se es competitivo con salarios bajos y que sólo tenemos una economía sana con salarios reprimidos. Yo soy empresario y exportador, entonces me estoy enjuiciando a mí mismo. No mido con una vara a los de afuera y con otra a los de adentro. Me estoy midiendo con la misma vara.

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Ahora el empresario está recibiendo un doble soporte para competir internacionalmente, que me parecen excesivos: uno, la subvaluación del peso de más del 15%; además, un nivel de salario que se encuentra como en el lugar 140 entre los peores salarios del mundo. Creo que no se necesitan ambos instrumentos; se puede exportar sólo con la subvaluación.

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Luego vienen los que dicen: esto va a crear inflación. Yo les contesto que la genera sólo cuando es improductivo ese salario, pero cuando está relacionado con productividad, no. Así pues, en Guanajuato queremos impulsar mayores ingresos.

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En el sexenio pasado se dijo sin embargo que el gobierno de Salinas prácticamente robó la propuesta económica de Acción Nacional. Entonces, cuando usted afirma que quiere erradicar el neoliberalismo, ¿significa que se distancia de la propuesta del PAN?
No. Para empezar, ya no existen, claramente señalados, los modelos económicos ni ideológicos. Hoy, quién puede definir exactamente qué es socialismo, qué es comunismo, qué es neoliberalismo en términos políticos. ¿Quién me puede decir qué modelo económico está siguiendo China, que fue comunista, anda más o menos socialista, utiliza instrumentos capitalistas para su desarrollo económico y está teniendo mucho éxito?

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Entonces, efectivamente, privatizar una serie de empresas que tenía el Estado y que estaba quebrándolas, por supuesto que el PAN lo apoyó decididamente. Es una tesis del PAN, y así muchas otras. Con esto el PAN no se hace corresponsable de las tropelías criminales que hizo Salinas, de sus equivocaciones garrafales por su ego y su intento por sacar adelante un proyecto muy personal. Nada tiene que ver el PAN con eso.

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Lo que estoy proponiendo es que el camino de Guanajuato sea el camino del trabajo, de la productividad, el camino de la empresa y, para emprender, de la tecnología y la ciencia, el de aprovechar todos nuestros recursos naturales para el bien común y para distribuirlo entre todos. Queremos romper esa disyuntiva de que no se puede crear riqueza y distribuirla al mismo tiempo: me canso que sí se puede, invirtiendo fuerte en la gente.

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La batalla por la descentralización de la educación media superior fue la más difícil y la más valiosa.

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Su gobierno realiza una agresiva campaña de promoción del estado en el extranjero. ¿Significa que las oficinas federales ya establecidas (consulados, consejerías, Bancomext) no le ayudan en la medida en que usted quisiera? ¿Tiene que poner su propia oficina en Nueva York?
Así es. Esto lo hablé con Zedillo. Me dijo: “oye, si ya tenemos oficinas.” Sí, pero les digo en su cara que son muy ineficientes, que no están funcionando. Entonces ofrecieron que propusiéramos una situación intermedia para que pudiéramos trabajar juntos. De hecho está explorándose ese proyecto. Pero entre que se resuelven las cosas burocráticamente, Guanajuato tiene prisa, va tomando sus propias decisiones y va avanzando, porque de otra manera nos moriremos de hambre todos.

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Sí abrimos una oficina en Nueva York y tenemos grandes expectativas. Si funciona vamos a abrir otra en Europa. Probablemente haga un viaje a Japón y a Taiwán en abril (la entrevista se realizó en marzo) para ir explorando la posibilidad de llegar hasta allá. Guanajuato tiene mucha interconexión con Japón y Europa en sus exportaciones de calzado y de verduras, y nos interesa mucho jalar inversiones directas.

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Aquí no queremos las inversiones volátiles y especulativas que no sé a quién se le ocurrió invitar al país y quién sigue aplaudiéndolas y motivándolas a que sigan llegando a partirnos el queso aquí adentro.

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Tenemos que romper ese embudo de la Secretaría de Hacienda y del Banco de México, que resulta muy costoso para el país. En estos días hay que ser multilaterales, los gobiernos de los estados deben tener trato y relaciones internacionales, tienen que buscar fuentes de financiamiento y de recursos para poder salir adelante con sus retos.

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Usted dice que la educación es una de las batallas que ganó ante la federación. ¿Cuáles son sus límites como gobernador panista en sus batallas frente a la federación, y frente a un congreso y ayuntamientos predominantemente priístas?
Esa es una de las grandes experiencias en Guanajuato. Tenemos un gobernador del PAN cercado por un gobierno federal, un congreso de mayoría y 36 de 46 alcaldías del partido oficial. Ese escenario, más que límites, da una gran potencialidad porque lejos de estar entrampado, se abre el escenario para la imaginación y la tarea política.

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Ahí es donde la política alcanza todo su valor: consensar, armonizar, buscar de esa circunstancia un resultado. Por eso los primeros tres meses de gobierno se fueron en lo que llamé una ofensiva política, que llevaba precisamente ese destino: sumar en un solo proyecto a tirios y troyanos, a priístas y panistas, a empresarios y maestros, a campesinos y profesionistas.

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Por eso la política debe estar por encima de todo, por eso no debe ser de politiquillos y politiqueros, como en México. Los políticos deben ser servidores preocupados por trabajar hombro con hombro con la comunidad para promover su desarrollo.

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¿Hay disponibilidad del gobierno federal para soltar las riendas?
No. Queda muchísimo camino por recorrer. Lo he platicado personalmente con Zedillo —y para mí debe ser un compromiso de Zedillo y de Vicente Fox—: echaremos a andar pruebas piloto de federalismo, de descentralización, en este año, para que al final, midiendo las experiencias, analizándolas, se llegue a una definición amplia de qué tareas debe hacer el

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gobierno federal, cuáles el estatal y cuáles el municipal. No es fácil decidir esto. Sabiendo eso ya nos repartiremos el pastel justamente, no como ahorita, que la tajada de león se la lleva el gobierno federal. Espero que Zedillo no se me raje, porque yo no me voy a rajar.

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Vicente Fox fue presidente de Coca-Cola de México, exportador de botas vaqueras y de verdura congelada. Un rasgo que parece caracterizar a las administraciones panistas es una fuerte influencia empresarial en la concepción del gobierno y del ejercicio del poder. ¿En qué medida comparte usted esta visión y cómo la justifica? ¿Puede llegarse tan lejos?
Sin duda. Ese es otro paradigma tonto que nos han impuesto el PRI y el sistema. Número uno, sólo ellos saben gobernar: absolutamente falso. Sólo ellos saben regarla. Dos, lo empresarial no cabe, sólo lo político: falso. Es un paradigma que limita las posibilidades de crecimiento del país.

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Gobernar puede separarse en dos grandes campos: uno, la política, el bien común, la justicia, la seguridad; dos, la administración de recursos. Las herramientas modernas de control de calidad y planeación estratégica son cada día más importantes. La tarea del político es hacer rendir esos recursos para una población creciente. Dejarle a uno de los dos la tarea es un error absoluto.

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Analicemos un poquito: los políticos en México sin conocimientos administrativos cayeron en corrupción, en ineficiencias. ¿Te acuerdas de Hank González cuando se puso a construir esos cucuruchos en forma de piloncillo (trojes) por todo el país y que jamás se usaron? ¿A Echeverría, que abrió puertos donde no había barcos? No puedes dejar el desarrollo en sus manos.

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Pero luego vienen los brillantes, los inteligentes, los pelones, los Salinas, venidos de Harvard, y nos han metido en un enredo peor que el de los políticos.

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Tienen que estar funcionando las dos dimensiones. Hay una encuesta publicada por The New York Times en la que se observa que los países desarrollados no ponen tecnócratas a manejar el país; sólo los subdesarrollados lo hacemos porque nos hacen creer que son la mamá de Tarzán —como nos hizo creer Salinas que él era el mero mero—. Los desarrollados ponen políticos de visión amplia y humanista, de compromiso y amor a su país, y abajo contratan a los que saben hacer una cosa de forma tecnocrática.

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En ese sentido sí hay que romper estos paradigmas y los límites impuestos por una cultura que ha distorsionado completamente el quehacer político a raíz del monopolio en el poder; esta dictadura llena de soberbia que ha impedido el desarrollo de una sociedad equilibrada, el surgimiento de liderazgos y talentos porque don Glotón se ha llevado todas las canicas y eso ha sido fatal.

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¿Usted recomendaría entonces a los empresarios que participen en la política?
Sin duda. Se van a poner la divertida del mundo si entran a la política, pero deben dejar la cachucha empresarial allá en la empresa. Hay que traerse las herramientas, los métodos y su preparación. Pues hoy sólo el empresario miope —aquél que no se da cuenta de que no basta ser brillante y hacer bien las cosas en su empresa si se carece de un escenario, un estado o un país que se sume a su esfuerzo, que le abra los espacios, sólo ese—, no va a tener éxito.

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Más allá del éxito empresarial, hay que comprometerse al desarrollo de la comunidad, del Estado y del país entero para que pueda tener éxito su empresa. De otra manera va a ser un fracaso.

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¿Cómo se imagina usted a Vicente Fox en el año 2000?
Híjole... montado a caballo, recorriendo los cerros del rancho, con mis cuatro hijos acompañándome, viendo crecer las verduras, alejado de la vida política. Porque espero que para entonces haya democracia en el país, hayamos superado este problema tonto de los procesos electorales y que, superados esos problemas, se llene el país de buenos políticos, de buenos funcionarios públicos, de excelentes líderes, y yo esté de regreso a lo que es mi proyecto personal de vida, en las filas de la iniciativa privada.

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