Vicente Fox. Que llegue al poder un líd

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Zacarías Ramírez T.

Para el gobernador de Guanajuato, 1997 será el año de la encrucijada para su partido y momento clave para que, quienes buscan un cambio democrático en México, se unan para llenar el vacío de poder que, a su juicio, ha dejado el PRI.

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¿Cómo responde el PAN a la nueva posición en la que lo ha puesto el electorado?
El PAN tiene que moverse en varios frentes, organizarse y crecer rápidamente hacia más estados y municipios. Debe acelerar la difusión de su doctrina, en buena medida desconocida y percibida en forma distorsionada, y su capacidad electoral, profesionalizarse y usar instrumentos modernos de planeación, ingeniería financiera y desarrollo organizacional.

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El partido tiene una fuerte capacidad de reacción: en muy pocos años absorbe su crecimiento. Pero este impulso encuentra dificultades, porque se abren muchos frentes que requieren su participación, y si repentinamente tiene que gobernar a 15% de la población y luego a 20%, necesita integrar y preparar cuadros para ir ocupando posiciones de gobierno y, al mismo tiempo, mantener el reto de su crecimiento interno.

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Para esto desarrolla centros de entrenamiento y capacitación. No obstante, esto también puede traernos un agotamiento, y a la mera hora no estamos gobernando con la efectividad con que se debe para generar más votos en cada elección, por tantos que tuvieron que salir a ocupar las filas de funcionarios públicos; el punto Chihuahua es donde tenemos que evaluar si no estamos perdiendo la velocidad que el país nos exige.

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El PAN necesita abrirse ampliamente para atraer corrientes ciudadanas frescas, nuevas, profesionales, pensantes, que le permitan seguir creciendo con velocidad. Esto se contrapone a un celo que hay dentro del partido hacia la apertura. La entrada de gente talentosa y la posibilidad de enriquecerse, al verse amenazada por la propia estructura del partido -por ejemplo, para ser consejero estatal hay que tener dos años de militancia y para consejero nacional se requieren tres años-, limita el acceso rápido de talentos a puestos de dirigencia.

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El PAN está ante el nuevo reto que le presenta la sociedad mexicana -que quiere un partido integral, que compita eficazmente contra el viejo sistema que está por desaparecer- y debe tomar acciones inmediatas y eficaces para enriquecerse, en lo humano, en lo político y en su quehacer electoral.

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En las últimas décadas el PAN ha vivido una discrepancia entre doctrinarios y neopanistas, ¿no debe resolverla ya, si quiere llegar fortalecido a las elecciones federales?
Hay que verlo en dos sentidos: respecto a lo doctrinario y pragmático, y en cuanto al acceso al poder. Y hay que esperar a que el tiempo amalgame estas dos culturas; que en ambas se reconozca que lo integral es la suma de la doctrina y la eficacia. Afortunadamente, desde el fenómeno Clouthier se arrastra una gran riqueza de neopanismo, que ha convivido con los doctrinarios durante seis o siete años, lo que ha hecho que un Carlos Castillo Peraza -de origen fuertemente doctrinario- sea hoy un buen administrador, un estratega en materia político electoral y como planteador de retos, así como en comunicación. Y que Pancho Barrio -clásico neopanista, con sentido de la eficacia y el pragmatismo- vaya agarrando habilidades políticas y profundidad ideológica.

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La otra dicotomía es entre las famosas negociaciones -concertacesiones- o la oposición radical al gobierno. Hoy la negociación ha adquirido características propositivas. Al principio -por inhibición o por ser las primeras experiencias-, se hacía un poco a ocultas, desde una postura de debilidad frente al todo poderoso gobierno. Hoy el panista llega a la mesa de negociación por la vía abierta y anunciada, y con una representación y una capacidad de negociar, de hablar de tú a tú con el gobierno federal.

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La oposición radical, el destrozar y debilitar al gobierno y al sistema, es tarea cumplida; ya no hay sistema todopoderoso ni aplanadora electoral. El PRI gobierno prácticamente se ha autoeliminado, con la ayuda de la acción ciudadana y de los partidos de oposición.

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Ya se acabó el sistema, o está debilitado; se crea o está por generarse un gran vacío, y el reto del PAN es llenar ese vacío, junto con la sociedad. Debe haber un planteamiento estratégico, orientado hacia la posibilidad real de dirigir esta nación en el corto plazo, y el PAN tendrá que ponerse a trabajar si aspira al 2000. Más vale saber que la única forma de lograrlo es empezar a trabajar desde ahora, en todos los frentes.

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¿Está preparado el PAN para gobernar al país en estas circunstancias particularmente difíciles?
Preocupan dos cosas: cómo llegar a la silla presidencial en el 2000, y si ya en el poder, el PAN está preparado para conducir al país.

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Lo segundo es más fácil de resolver, porque el partido entiende que no va a gobernar solo, sino que debe convocar a los mejores hombres y mujeres a cada una de las tareas de gobierno.

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La prueba de fuego es 1997, en las elecciones federales para el Congreso. Si no somos capaces de alcanzar una clara mayoría en las diputaciones por elección directa, sin contar con las plurinominales, no veo cómo podamos rehacer el proyecto y salir adelante con el reto del 2000. El país necesita con urgencia que ese año llegue a esa silla un líder de la sociedad, alguien que surja de fuera del régimen; alguien de adentro ya estará contaminado, vendrá con una carga de corrupción y de compromisos que le impedirán hacer las acciones profundas que se requieren.

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Es tan importante, que los partidos políticos, y en particular el PAN, tendrán que tomar una decisión humilde al evaluar lo que suceda en 1997. Si ahí no se ve con claridad la perspectiva de que el PAN por sí solo alcance la Presidencia de la República, lo obligado y responsable ante la sociedad es buscar un frente democrático amplio, donde se sumen partidos políticos, organizaciones cívicas, la sociedad entera, para lograr esa ansiada meta de que llegue ese líder.

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Hay panistas que temen que con el crecimiento, el partido pierda definición ideológica...
Ese es el paradigma. Sin embargo, las derrotas a las dictaduras se han logrado con creatividad. Una sociedad convocada a un frente amplio a través de varios partidos políticos ha sido una fórmula exitosa y muy utilizada; se ha aplicado en las 35 democratizaciones que ha habido en el mundo en los últimos 20 años. Para un periodo de transición se pueden lograr consensos alrededor de valores universales como la democracia, el estado de derecho, el federalismo, la verdad y el trabajo. Todo eso puede consensar perfectamente a militantes del PRD con los del PAN, a empresarios con trabajadores, a hombres con mujeres, a ricos con pobres. Una vez logrado esto -con garantías de constitucionalidad, de procesos electorales equitativos y transparentes-, puede haber un amplio juego equitativo de partidos políticos.

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El PAN tiene que someter a decisión democrática, después de 1997, si va solo o si puede ser el promotor de esta alianza. Y puede ser un miembro del PAN el que surja como líder. Durante mi huelga política, cuando dialogué con mucha gente, obtuve la enseñanza de que muchos mexicanos queremos el cambio, la democracia, el estado de derecho y procesos electorales con respeto al voto. Es claro que nos podemos juntar para lograr esa transición definitiva a la democracia.

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Muchos identifican al PAN con la derecha, ¿no es obstáculo para presentarse como opción de gobierno federal?
Esos paradigmas se rompen con grandes liderazgos. Nunca se va a lograr un consenso, un frente amplio, si no es a través de una propuesta universal que deje los sectarismos o las pequeñas diferencias, y con un gran liderazgo. Un ejemplo fue el doctor Salvador Nava, su gran autoridad moral, carisma y capacidad política que consensó al PAN, PRD y Frente Cardenista, al frente cívico, a empresarios y a campesinos. Es uno de los caminos a seguir. Además, ese frente amplio jalaría mucho priísmo, como sucedió en Guanajuato: te aseguro que en ese 60% que logramos, tal vez hubo un 10 ó 15% que vino de las filas del PRI, un 5% del PRD y un buen porcentaje de gente que recién despertaba al quehacer político. Haciendo la tarea como Dios manda, se logran romper esas barreras partidistas y los límites doctrinarios.

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Al llegar al gobierno toda oposición suele perder popularidad, ¿puede ocurrirle esto a usted y a su partido?
Gobernar es dar resultados, respuestas a las aspiraciones y expectativas de los ciudadanos, a todos por igual. Claro que cambian ahora mi estrategia, actitud política y forma de trabajar.

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El reto es grande y está probado que gobernar no da votos, particularmente en este país con tantos rezagos y donde es difícil responder en la magnitud que se espera. Además, durante la campaña la lucha entre los partidos obliga a hacer propuestas, y hay que gobernar a la altura de éstas. El reto es ganar el respeto y la confianza de cada familia en Guanajuato y responder a sus expectativas.

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¿Sería candidato presidencial para las elecciones del año 2000?
No aspiro a eso (aunque a la mera hora no me lo cree nadie, porque todo mundo piensa que está uno que se las truena por llegar ahí, yo no). Lo que sí quiero asegurarme es que llegue al poder un líder social que no provenga del régimen. En eso estoy dispuesto a poner mi vida, mi tiempo, mi esfuerzo, mi talento.

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Además, es tonto tener dicha aspiración porque nadie tiene asegurada la capacidad de ser ese líder carismático que se requerirá en ese momento. Es muy probable que uno ya esté fuera de la jugada, que haya otros con esa capacidad.

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¿Tiene el PAN una opción económica que ofrecer?
Sí, y con mucha claridad. Me parece equivocado que sigamos con el proyecto económico de las mismas bases y planteamientos que el de Miguel de la Madrid, continuado por Carlos Salinas, ajustando matices, y que hoy sostiene Ernesto Zedillo, también con ajustes. Se requieren cambios en el modelo, no desecharlo por completo. Es correcto adelgazar al Estado, privatizar las paraestatales y la banca; la globalización es acertada.

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Donde hay errores garrafales, por ejemplo, es en el manejo político y no económico del tipo de cambio -todos los mandatarios lo utilizaron para dar beneficios ficticios y temporales a la sociedad, y así obtener crédito político- y en haber apostado todo al exterior, olvidando el interior.

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Antes de pensar en economía, hay que pensar en un estado de derecho, en constitucionalidad, seguridad y justicia. Si seguimos matándonos unos a otros, con guerrilla en Chiapas, con injusticia e inocentes en las cárceles y delincuentes en la calle, con el narcotráfico enraizado en las más altas esferas de gobierno, mientras la corrupción sea sinónimo de funcionario público, para qué intentar cualquier otra cosa.

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Hay que retirarse estratégicamente de la esfera estadounidense y replantear totalmente esa relación, incluido el TLC, el sistema financiero, y todo lo demás, para que no nos agarren, no sólo en lo cultural e ideológico, sino también en lo económico, como acaba de suceder, y llevar esa relación con dignidad, soberanía y hablar de igual a igual.

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El sistema financiero hay que transformarlo de uno que premia la especulación, a otro que premie y apuntale el aparato productivo.

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Tenemos que conjuntar ahorro para impulsar el proyecto nacional, primero el ahorro interno y luego el externo, pero no por la vía de inversión extranjera, y menos la especulativa, sino la de las exportaciones, de una balanza de pagos superavitaria. Y, por último, apostarle todo a México, apoyar el aparato productivo como si fuera propio: el gobierno lo considera casi como enemigo, le escatima recursos y apoyo, siempre cree que está evadiendo impuestos.

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La desventaja en lo educativo es una gran desventaja en lo económico y en todo lo demás. No habrá crecimiento sustentable ni economía que funcione, si no la apuntalamos con tecnología y educación de excelencia. Debemos utilizar cada peso que entre al presupuesto para el bienestar ciudadano; olvidarnos de la macroeconomía y de todo el rollo en el que vive el gobierno federal y reconocer que la única responsabilidad de un gobierno es el bienestar de la gente y fortalecer la economía familiar.

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Estas metas no las lograron ni Salinas, De la Madrid, López Portillo ni Echeverría, por tanto, han sido unos gobiernos de fracaso. Desde Echeverría el ciudadano sigue perdiendo nivel de vida. Zedillo no pinta mejor; al revés, se ha deteriorado el poder adquisitivo en más de 15% en seis meses de su gobierno.

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Son medidas deseables, pero cómo llegar a ellas, y cuándo...
Yo ya estoy sometido a la prueba del ácido. ¿El gobierno de Vicente Fox contribuye, contribuirá o habrá contribuido al progreso y bienestar material de los guanajuatenses en su periodo de gobierno? La respuesta la darán los ciudadanos y la historia, y me someto a ese juicio. Ya estoy en el reto y no me puedo echar para atrás, o la hago o no la hago. Inclusive he aceptado un referéndum anual donde la sociedad diga si la estoy haciendo, y si no, que me manden para mi casa. Ese reto se lo paso también al gobierno federal y a los demás gobernantes del país.

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