Victoria republicana. ¿Y nosotros qué?

A la hora de la verdad, cuando se tocan fibras básicas, nuestros vecinos del norte no soportan el <
Cuauhtémoc Sánchez Osio*

George W. Bush apostó a la mano dura, y sus compatriotas le dieron la razón. La psicosis provocada por el terrorismo del 9/11 llevó a los estadounidenses de regreso a lo básico y a preguntarse: ¿para qué existe el gobierno? Si le permito usurpar mi patrimonio a través de los impuestos; si le regalo parte de mi libertad sometiéndome a la ley; si lo autorizo a usar el monopolio de la violencia legalizada en contra mía; si obedezco sus reglas; lo mínimo que le puedo exigir es que garantice mi seguridad ante amenazas internas y externas. Y para eso, los halcones republicanos se pintan solos.

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La contundente victoria de ese partido en las elecciones intermedias de la unión americana demuestra que a sus ciudadanos les ha gustado la actitud de la administración frente a sus enemigos, ya sean talibanes, iraquíes o francotiradores. En estos momentos de miedo, es evidente que los ciudadanos de esa nación prefieren poner su destino en las duras manos de los que van con todo sobre quienes atentan contra los intereses y el modo de vida estadounidenses. En este caso, las discusiones sobre gasto social, comercio internacional, tolerancia migratoria, derecho gay, etcétera, pasan a un lejano segundo plano. A la hora de la verdad, cuando se tocan fibras básicas, nuestros vecinos del norte no soportan el bull shit. La seguridad nacional es lo que sus circunstancias obligan atender, y a eso se dedican.

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Naturalmente, les interesa también su economía. Allá, el adelgazamiento del bolsillo es lo único que puede competir con el miedo a morir. Pues bien: en lo económico, los republicanos acertaron también. A raíz precisamente del nerviosismo, la recesión ha sido más larga de lo previsto. La intención partidista es reducir impuestos para que la economía se reanime y termine por generar más ingresos fiscales. Eso gusta a la gente que enfrenta problemas reales, no teóricos ni retóricos.

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Cabría preguntarnos en México si la sociedad reaccionará con la misma determinación. Nosotros vivimos problemas no menos básicos que los de Estados Unidos. Mientras allá el problema de seguridad nacional se llama Osama o Sadam, aquí se llama criminalidad, que es igualmente letal pero mucho más cotidiana. También se llama miseria, que cobra vidas diariamente, produciendo muertes no menos trágicas que las del terrorismo. Ahora que se acercan las elecciones de 2003, conviene cuestionar: ¿en manos de quiénes depositaremos nuestro futuro? ¿De gente decidida a combatir con mano dura la criminalidad y comprometida con el crecimiento para combatir la pobreza? ¿O de gente populista, que se hace de la vista gorda ante la informalidad y el delito, y además promete reducir la pobreza repartiendo igualitariamente la miseria entre todos?

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*El autor es especialista en política industrial.
csanchezosio@hotmail.com.

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