Vuelo cancelado

La quiebra de Taesa provoca pérdidas e incertidumbre.
Ulises Hernández

La bancarrota de Taesa, decretada por un juez, es una papa caliente pues no garantiza la recuperación de las deudas de la aerolínea. Por el contrario, se prevén pérdidas y la decisión no arroja ninguna claridad sobre el futuro de la aviación comercial.

- El Instituto para la Protección  al Ahorro Bancario (IPAB), el mayor  acreedor, no abriga esperanzas de recuperar los créditos que Banca Unión concedió a Taesa. De los $126 millones de dólares que componen la deuda de la empresa con el banco intervenido, la mayoría fueron créditos quirografarios. No tenían ninguna garantía.

- “Tenemos una expectativa muy baja de recuperación” –admite Vicente Rodríguez, vocero del IPAB –. “La mayoría eran créditos a la palabra”. Por tanto, el instituto no puede tomar posesión de la aerolínea, para exigir garantías. La incertidumbre pesa sobre otros acreedores como la Secretaría de Hacienda, Aeropuertos y Servicios Auxiliares y el IMMS.

- Los activos de Taesa no son suficientes para saldar su deuda de $380 millones de dólares. La empresa carece de una flota propia pues sus aviones eran arrendados. Sólo tenía dos Lear Jets, que los 3,500 trabajadores exigen que se vendan para que les paguen salarios.

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- Tampoco se sabe si surgirá una nueva aerolínea. Las rutas y pasajeros que manejaba Taesa están siendo retomados por otras empresas.

- “No ha habido un gran impacto por la salida de Taesa del mercado”, indica Simón García, consultor del sector de aviación.

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