Vuelve Camila, la neuras

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Ricardo Medina Macías

La crisis le ha abierto nuevos horizontes a Camila, la Neuras. Cuando ya parecía agotado el repertorio de novedades, filias y fobias que podian contar con el encendido apoyo o el vehemente rechazo de Camila, llegó la devaluación con todas sus secuelas, para rescatar el dinámico ánimo de Camila: entregarse con fervor a nuevas causas y combatir con denuedo a nuevos enemigos.

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Algún memorioso recordará que Camila, sobrina del Gordo Basurto, ha sido en su corta vida ecologista, fanática y enemiga ‑alternativamente‑ de las computadoras; nostálgica, modernista y posmodernista, freudiana y antifreudiana, populista y liberal, progresista y neoliberal, friedmaniana y keynesiana...

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Por supuesto, hoy Camila es ferviente antisalinista. Está convencida de que Carlos Salinas de Gortari es uno de los peores villanos de la historia contemporánea. A la vez, repudia esa entidad fantasmagórica llamada neoliberalismo, es una entusiasta de su peculiar versión del modelo chileno, cree que las Unidades de Inversión (UDIs) sirven hasta para versificar con mayor gracia, encuentra en el federalismo una de sus mejores banderas y espera el dia glorioso en el que Manuel Camacho Solis vuelva a la política mexicana encabezando una alternativa de centro‑izquierda (lo que quiera que eso signifique).

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Que Camila sea presa de todas estas novedades no es una novedad. Está en su natural neurosis, de adolescente perpetua, saltar de rama en rama y pasar del entusiasmo al rechazo con la mayor irracionalidad. Lo novedoso, y grave, es que ha encontrado una nueva y terrible vocación. Hace unos meses se volvió comentarista en un periódico de renombre.

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El éxito que tuvo Camila como periodista (ejecutiva de la comunicación, prefiere que le llamen) consistió en relatar con desparpajo, torturando la sintaxis y la ortografía, sus propios avatares cotidianos. Como Camila es en sí misma una especie de resumen y cifra de la moda del día, su columna periodística resultó a la vez intimista y de gran actualidad.

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Lo mismo narra cómo marchó codo con codo con los ex trabajadores de Ruta 100 el pasado 1 de mayo, que sus peripecias afectivas con pretendientes y novios. Un día su relato es una catarata de lamentaciones sobre la incomprensión de los padres hacia sus hijos jóvenes, y al siguiente argumenta sobre la estupidez del género masculino, que se pasma ante la televisión para ver un encuentro de fútbol (anécdota de un tormentoso fin de semana con su galán en turno).

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Hasta aquí las cosas funcionan bien, ya que las peripecias de Camila sirven como termómetro, un tanto inexacto, de las pulsaciones de la moda. Sin embargo, llega el dia en que hasta ella se cansa de ser "fiel a su espejo diario".

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El hecho, verificable empíricamente entre los otros admiradores de Camila que se muestran cada día más desencantados, es que su éxito periodistico fue tan efímero como su entusiasmo por las franquicias (que duró, dicen los enterados, dos meses y tres dias).

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Para entender el fracaso de Camila, aparentemente inexplicable, es de gran ayuda el diagnóstico del Chango Sarabia.

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Hipótesis: las personalidades camaleónicas, como la de Camila, pierden su capacidad de transformación y de asemejarse a su entorno al volverse populares, porque el narcisismo las transforma en un espejo que sólo se refleja a sí mismo, esto es: caen en la vacuidad.

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Traducción coloquial de la hipótesis: Camila se asemejaba a lo que veia a su alrededor. Al hacerse una personalidad pública se vuelve hacia sí misma, ya que el nuevo objeto de admiración popular es ella. Al voltear a verse no encuentra nada porque vivió siempre "hacia afuera". Esta explicación del debe ser profunda y certera, pero me temo que un tanto prejuiciada por la práctica cotidiana del psicoanálisis que ejerce el doctor Jorgito Sarabia.

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Por su parte, Clotilde dice: "Para mí que Camila se da sus buenos pasones" (término coloquial para designar las acciones repetitivas de los adictos a ciertas drogas).

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El Gordo, compadece a su sobrina: "Ojalá algún día vuelva a ser una persona y no una especie de parabola de la moda".

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Pero no habría que preocuparse tanto porque, antes de percatarse de su fracaso, la propia Camila ha perdido el interés por el oficio periodístico. Ahora piensa meterse a vender Ai‑wey, el nuevo club de consumidores, o fundar una nueva religión posmoderna. Por lo pronto ya le encargó a un galán suyo, diseñador gráfico, confeccionar un atractivo logotipo.

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El autor es egresado de la licenciatura en Comunicación de la Universidad lberoamericana, periodista especializado en economía y finanzas y director editorial del diario El Economista.

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