Vuelve la industria

La industria manufacturera revive en México. ¿Podrá ahora revivir la región?
Los editores

Las compañías que realizan una inversión significativa para ellas mismas, por alguna razón, suelen hacer una campaña de relaciones públicas sólo superada por los lanzamientos de un producto de lujo. Como casi siempre, esta estrategia los lleva a invitar a alguna autoridad del gobierno local o federal a cortar el listón de inauguración, la apertura de una planta es sinónimo de un evento acartonado, lleno de protocolos y con poca sustancia informativa.

El desgaste de esta fórmula ha llevado a que este tipo de noticia sea cubierta por la prensa de una manera superficial o, incluso, como si fuera una reunión social; al punto que se suele relegar esta información a espacios limitados y con datos obtenidos de comunicados oficiales.

Mientras preparábamos el material para la historia principal de esta edición, los editores de la revista Expansión creímos que teníamos que darle una dimensión más justa a lo que está sucediendo en la industria manufacturera. Así es como llegó esta historia a la portada.

Nunca ha sido poca cosa que en sectores donde hay competencia local y global, como lo es la manufactura, una empresa se anime a invertir millones de dólares en una planta industrial. Este hecho denota, sobre todo, confianza en el entorno, en los trabajadores, en los directivos, en la infraestructura, en los proveedores, en las leyes. Pero especialmente, confianza en el futuro.

En esta edición queremos contextualizar lo que significa que cada vez más empresas vuelvan a ver México como una buena opción para confiar en que aquí harán buenos negocios a pesar de los muchos problemas que afronta el país, desde la inseguridad en una carretera por donde pasará el producto terminado hasta la dificultad de encontrar ingenieros bien preparados.

En las últimas décadas cambiaron de país cientos de plantas que antes fabricaban en México juguetes y ropa. Esto ha sido doloroso porque su partida dejó a miles de personas desempleadas. Un consuelo casi artificial es que se fueron a lugares en donde podían producir juguetes o ropa más barata, no mejor.

Ésta es, quizás, una de las mayores fortalezas del renacimiento de la manufactura nacional: las empresas que ahora prefieren instalarse en nuestro país lo hacen porque aquí tendrán un mejor producto. Y no se trata de hacer mejores trompos de madera o ropa interior, sino de fabricar mejores turbinas o autos enteros. Por eso Bombardier, GE y otras empresas que atienden el sector aeronáutico han hecho de Querétaro su hogar. Por eso también Mazda instalará una planta en México luego de que había advertido que no saldría de Japón.

Es verdad que los costos siguen siendo uno de los principales factores para tomar decisiones de inversión. Y producir aquí resulta hoy más barato que en muchos lugares, incluso China; pero esto también es como consecuencia de la ubicación geográfica del país, que está cerca del mayor centro de consumo del mundo: EU.

Un dato alentador es que México cada vez agrega más valor a los productos que manufactura en el país, incluso los más sofisticados. Y esto se revela como una oportunidad. Por un lado, estas inversiones no sólo generan empleos, sino que crean puestos de trabajo de calidad, con mejores salarios y prestaciones que los puestos que se perdieron cuando muchas compañías se fueron a China. Por otra parte, las empresas de esta industria no suelen instalarse aisladamente sino en clústers, dando lugar a sus proveedores, centros de investigación y desarrollo, así como universidades, lo cual fomenta un desarrollo económico y social más integral de las comunidades que las albergan.

Y eso no es todo. Ahora, más que nunca, se ve la oportunidad clara de que se forme un bloque manufacturero en América del Norte, en especial México-Estados Unidos, que no sólo produzca para surtir el mercado local, sino para su exportación a regiones de alto crecimiento en consumo, como Asia.

Presupuesto y aspiraciones

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Una semana antes de reunirse seis de los entonces siete aspirantes a la candidatura del PAN a las elecciones presidenciales de 2012, entrevistamos a uno de ellos, el secretario de Hacienda, Ernesto Cordero. Se mostró muy confiado en sus aspiraciones y en que éstas no influirán en la negociación del presupuesto del año que entra. Al cierre de la edición ya había voces de legisladores de oposición que lo desacreditaban como interlocutor para esta operación; Santiago Creel pidió licencia y metió presión al resto de los precandidatos para dejar sus puestos y lanzarse a la contienda; y el mundo financiero vivía la incertidumbre provocada por los problemas en Estados Unidos y algunos países europeos. Muchos obstáculos deberá afrontar Cordero si quiere abanderar el PAN, y eso sin contar que está muy lejos en las encuestas del puntero, el senador con licencia Santiago Creel.

Comentarios: opinion@expansion.com.mx 

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