Wall Street. Segunda naturaleza

Las tres esferas de la intermediación (bancos, aseguradoras y casas de bolsa) dejaron de estar deli
Ramón Cota Meza

En perspectiva global, la debacle financiera mexicana aparece como uno más de los capítulos de las obras escogidas de Wall Street. Otros episodios espectaculares han sido la crisis de la libra esterlina en 1986 y, más recientemente, el caso de los bonos "chatarra" de Orange County y otras aventuras cuya autoría intelectual permanece oculta en los laberintos financieros del risk management y la globalización.

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La revista británica The Economist, en un amplio suplemento ("Other Peoples Money", 15 de abril, 1995) documenta los cambios que ha experimentado el mercado de dinero y valores más grande del mundo en las últimas dos décadas: "...Wall Street en los 80 atravesó uno de los periodos más salvajes de su historia. La innovación incesante y la súbita expansión de sus negocios fueron de la mano con el exceso descarado. Técnicas e instrumentos, como las tomas hostiles y los bonos, chatarra rebasaron los límites de lo razonable, hasta el punto en que su utilización se volvió absurda o delincuencial. Wall Street fue elogiada por su papel en la expansión y el éxito del capitalismo como credo político, y condenada al siguiente minuto por su temerario desprecio del sentido común, acusación que recientemente se le ha vuelto a hacer..."

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The Economist afirma que "la respuesta de Wall Street al cada vez menor atractivo económico de su negocio (en Estados Unidos) ha sido buscar nuevos negocios que restauren los confortables márgenes de antes", búsqueda que "ha producido grandes éxitos y espectaculares fracasos". Las firmas de Wall Street "quieren estar físicamente presentes en mercados que ellas creen requerirán grandes sumas de inversión en capital. Tal presencia fortalecerá su credibilidad con los clientes locales, los cuales bien pueden proporcionar algo de ese capital, al tiempo que las firmas adquieren la oportunidad de construir nuevas reputaciones locales".

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Otra razón de esta globalización de las firmas es la necesidad de "reducir su vulnerabilidad a los ciclos económicos que determinan tan poderosamente a sus negocios", lo cual funciona sólo hasta cierto punto, pues los mercados a veces devienen más estrechamente vinculados que lo que la teoría sugiere".

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Factores y manifestaciones del cambio. Antes de 1975, las esferas de la intermediación financiera estaban claramente delimitadas. Los bancos tomaban depósitos y prestaban dinero; las aseguradoras ofrecían seguros de vida y otros productos, e invertían sus ingresos por primas en acciones preferentes y bonos gubernamentales; los corredores suscribían, emitían y comerciaban valores, a cambio de lo cual recibían comisiones fijas. No era, ciertamente, un mundo perfecto, pero las tres esferas de la intermediación estaban delimitadas.

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Una primera manifestación del cambio es la gradual derogación de esas reglas, lo que ha resultado en una creciente superposición de las esferas, en particular entre la bancaria y la bursátil. En particular -afirma The Economist-, "Estados Unidos parece estarse preparando para echar abajo el muro refractario entre la banca comercial y la banca de inversión, erigido por la legislación bancaria de la década de los 60 y notablemente reforzado por el Acta Glass-Steagall de 1933."

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La tendencia hacia el traslape de lo que antes estuvo separado, tiene que ver con una reducción del margen de utilidad de las firmas bursátiles y bancarias, y un consecuente efecto compensatorio a la diversificación de los portafolios de inversión en el extranjero, lo cual fue alimentado por la desregulación de las tasas de interés y el crecimiento del mercado de la deuda. Así, las firmas inversionistas recibieron un incentivo directo para tomar decisiones más discrecionales y sofisticadas con respecto a la emisión de valores.

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Adicionalmente, la promulgación de la regla 415, en 1982, permitió a las corporaciones ampliar la oferta de instrumentos financieros con sólo registrar el compromiso de emitir una determinada cantidad de acciones dentro de un periodo determinado (Shelf Registrations). Esta disposición, al tiempo que estrechó el margen de utilidad del negocio accionario, fomentó la proliferación de acciones en el mercado, pues éstas pudieron ser emitidas en lo sucesivo con sólo tomarlas del "anaquel".

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Administración de riesgos. Otro cambio significativo en la manera de hacer negocios en Wall Street es el de la relación de los intermediarios financieros con el cliente, tendencia que comenzó a manifestarse luego que fueron abolidas las comisiones fijas por corretaje (1975). Esto -afirma The Economist- ha terminado por crear "nuevos y alarmantes problemas, principalmente conflictos de interés provocados por la mezcla de los servicios al cliente con el negocio principal".

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La desregulación, el traslape de esferas del negocio financiero y la multiplicación de los instrumentos parecen ser sólo precondiciones para el despliegue de una poderosa fuerza económica: la superabundancia de dinero en el mercado estadounidense. "Como mucha gente en Wall Street lo puede atestiguar -dice The Economist-, lo que menos necesita la industria de valores es una infusión de capital fresco.

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En el largo periodo de tasas de interés a la baja en Estados Unidos, entre 1982 y 1994, semejante masa de dólares fue abriéndose paso por los intersticios de la legislación, dando lugar a formas inéditas de combinaciones financieras, en un impulso hacia su realización (los mercados foráneos. Fue así como empezó a hablarse de "globalización", "mercados emergentes" y otras expresiones glamorosas para el frenesí financiero que empezó a tomar lugar.

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La avalancha de dinero y la complejidad de las condiciones de su realización, se conjugaron para revivir viejas teorías y abrir paso a nuevos enfoques que han confluido en lo que la industria ha dado en llamar risk management. En este modelo -dice The Economist- "los intermediarios no actúan como el agente que hace un trato por acá y obtiene algún capital por allá. En vez de eso, se proponen entender todos los riesgos financieros del cliente para luego volverse indispensables como managers y mitigadores de esos  hacer esto, las firmas de Wall Street se están volviendo cada vez más riesgosas y difíciles de controlar".

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El giro de la intermediación financiera hacia la administración de riesgos se atribuye a Don Regan, a la sazón presidente de Merrill Lynch, quien fijó en 1975 la directriz de que la firma debería dejar de ser una empresa de ventas para convertirse en una de mercadeo. "El punto era -dice Dan Tully, actual presidente de Merrill-, establecer con el cliente relaciones más duraderas que una simple transacción y que el ciclo de vida de un producto individual. Cuando empezamos a pensar en lo que el cliente realmente quería, se presentó ante nosotros un horizonte mucho más amplio que el de los bonos y las acciones." Es así que hoy en día las relaciones entre las firmas y el cliente pueden ser descritas como "orgánicas".

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La determinación del riesgo. En la medida en que el factor riesgo ha pasado de ser una cláusula subordinada hacia el centro de los negocios, "el futuro de la industria financiera descansa en el perfeccionamiento de la identificación y, cálculo del riesgo, pero hay numerosos casos en los que los grandes riesgos han sido ignorados o erráticamente calculados."

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De acuerdo con The Economist, las firmas han vendido de tal modo la idea del risk management que se ha generado incertidumbre sobre dónde recae la responsabilidad última. Si, por ejemplo, el administrador de riesgos de una corporación financiera sugiere una estrategia de reducción de riesgos que resulta en pérdidas, ¿se deberá responsabilizar al administrador? Esta pregunta, adaptada a una variedad de circunstancias, está detrás de la actual obsesión de Wall Street con las relaciones con el cliente.

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Al respecto, el semanario británico cita el ejemplo de "la crisis en México" que "ha sido aleccionadora para los inversionistas e intermediarios que asumieron incorrectamente que el TLC había convertido a México en un mercado plenamente desarrollado, con riesgo tan bajo como, por ejemplo, Inglaterra y Canadá". Nada más falso que eso.

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