¿A cómo el kilo?

La reacción oficial contra el aumento a la tortilla genera controversia.
Gabriela Ruiz Bonilla

“Si me suben la masa, le subo a las tortillas. Yo no controlo el precio, son los productores de masa”, dice beligerante Leticia Sandoval, dueña de una tortillería en Iztapalapa. Tras retirar subsidios y liberalizar el precio de la tortilla, el gobierno censura el aumento de 15% anunciado por el Club Cadena Maíz-Tortilla. Se supone que oferta y demanda son las fuerzas que determinan los precios en un mercado libre. Ahora, en vísperas de las elecciones, las autoridades acusan a una minoría de productores de masa de prácticas monopólicas por subir sus precios en forma conjunta.

- “Se trata de una actitud populista de parte del gobierno y los medios por tratarse de un alimento base de la dieta mexicana –dice Manuel Contreras, director de tesorería corporativa de Bank One México–. El propio gobierno tiene actitudes monopólicas cuando sube el precio del gas, electricidad y gasolina sin el consenso de nadie. En la medida en que sus costos suben, (los tortilleros) se ven obligados a subir sus precios”.

- Contreras opina que si lo que quieren las autoridades es reducir la inflación deberían mantener los precios de los servicios públicos.

- Mientras gobierno y sector privado jalan la cuerda en direcciones opuestas, el consumidor trata de hacer rendir el gasto. Carolina García, habitante de Iztapalapa, dice que comprará menos tortillas. Otros se limitarán a comprar $2 o $3 pesos cada tercer día.

- Grandes productores de tortilla como Comercial Mexicana mantendrán el precio del kilo. Las cadenas comerciales no necesitan aumentar sus precios pues gozan de la economía de escala.

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