¿A la deriva?

Con un futuro incierto y agobiada por obstáculos ajenos a ella, la compañía parece necesitar una

Al mal tiempo, buena cara. Al menos eso intenta hacer Avantel. En 2002 redujo sus inversiones 60% (de $250 a $100 millones de dólares). Estuvo un año en el limbo jurídico porque se quedó sin capital mexicano cuando 55% de sus acciones pasaron de Banamex a Citigroup, situación que ésta última intentó resolver cediendo títulos a los empleados del ex banco nacional, un esquema que aún deja muchas dudas. Para colmo su otro socio, MCI, subsidiaria de WorldCom, el brazo tecnológico de la empresa, cayó en una estrepitosa bancarrota en Estados Unidos.

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Su circunstancia era tan desfavorable que, en julio pasado, el director general de la firma, Óscar Rodríguez, se vio obligado a romper el mutismo corporativo, en un intento por aquietar las aguas: “La situación de WorldCom no afecta la operación de Avantel ni la continuidad de los servicios que presta; seguiremos proporcionando, como hasta ahora, servicio de alta calidad a precios competitivos.”

-El mensaje no consiguió disipar la inquietud, pero dejo ver que la estrategia de la compañía era resistir la crisis. “Lo mejor es aguantar el embate hasta recuperarse –considera Gabriel Moreno, analista senior en Select–. Van a tener que entregar una parte de las acciones [a inversionistas mexicanos], pero no me cabe la menor duda de que la organización continuará. Quitando la parte de telefonía móvil, es el segundo proveedor más importante en el mercado de telecomunicaciones; tiene un conocimiento importante de la demanda nacional; en facturación total ha mostrado crecimientos año con año, pequeños pero con pendiente positiva; su portafolio de servicios ha evolucionado al fortalecer la parte de datos y decrecer la de voz, lo cual le permite captar nuevos clientes. [Por todo ello] Avantel seguirá siendo un jugador muy importante en el mercado mexicano.”

-En esa misma línea, aunque menos optimista, Juan Fernández –consultor de Gartner Group– pronostica: “Va a ser cuestión de que logre pasar el invierno financiero.”

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A ganar tiempo
En un anuncio desconcertante, los primeros días de septiembre Citigroup ofreció a sus 32,000 empleados de Banamex y subsidiarias 51% de sus títulos en Avantel. La participación en ésta se conformaba por 55% en manos de Citigroup (Banamex) y 45% en las de WorldCom. Eso significa que los trabajadores se quedarían con 28% de las acciones de la firma y el gigante estadounidense conservaría 27%. La ley establece que 51% del capital de las empresas de telecomunicaciones debe ser propiedad de mexicanos. Según analistas y legisladores consultados, parece claro que la tenencia sigue siendo irregular a la luz de la información conocida hasta ahora.

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Héctor Osuna Jaimes, senador del Partido Acción Nacional e integrante del grupo que elaboró la iniciativa de Ley Federal de Telecomunicaciones, dice que la restricción 49-51 “es una mascarada”, porque varias empresas del sector tienen mayoría extranjera pero eluden esa cláusula asignando al socio foráneo títulos neutros, que no tienen derecho a voto, con el fin de que no cuenten en el porcentaje límite permitido; este mecanismo, afirma el legislador, muy probablemente sea usado por Citigroup para salvar el escollo legal.

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Pero al margen de si la nueva distribución del capital entre nacionales y extranjeros es legal o no, el esquema de repartición –que no se completaría antes de que termine el año– despierta muchas dudas. Algunos analistas consideran que en realidad el corporativo busca ganar tiempo, en espera de que la empresa se revalorice y surja una buena opción de venta.

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“De hecho, querían ampliar el plazo que les dieron para encontrar una solución a este problema”, comenta Fernández.

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Por lo pronto, el malabarismo numérico logró cautivar a la Secretaría de Economía, que el 8 de septiembre se declaró satisfecha con la propuesta de ceder parte de los títulos. A su entender, “la mayoría de las acciones ordinarias estará en manos de inversionistas mexicanos”, según expuso en un boletín de prensa.

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Sin embargo, “repartir no garantiza la inversión”, advierte Moreno. Para él no hay duda: si los nuevos participantes no inyectan dinero el capital sigue siendo extranjero. “Necesitamos conocer el proyecto completo y, en todo caso, ver esta como una de las varias medidas que Avantel necesita adoptar.”

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Para cubrir las formas, Citigroup otorgará un bono extraordinario a sus empleados mexicanos, con el cual podrán comprar las acciones de la telefónica, hasta un tope individual todavía por definir.

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Las mentes más suspicaces conjeturan que Avantel pretendía transferir a los nuevos accionistas parte de su deuda. Según versiones difundidas en Nueva York, ésta asciende a $600 millones de dólares, aunque Fernando Quiroz, director de Planeación y Desarrollo Corporativo en Banamex, calificó tal versión de “pura rumorología” (El Financiero, septiembre 11 de 2002).

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La estrategia de Citigroup para obtener tiempo entraña varios riesgos, a decir de los expertos. En un momento en que todo el sector requiere inversiones y rentabilidad, la redistribución de títulos podría reducir la capacidad de financiamiento, administración, capitalización y fortaleza corporativa de la compañía de telecomunicaciones.

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¿No hay compradores?
Tras la venta de Banamex a Citigroup, en agosto de 2001, Avantel consiguió un permiso especial por parte del gobierno mexicano para seguir operando aunque no contara con el mínimo de 51% de capital nacional. La Secretaría de Economía la incluyó temporalmente en la cláusula de inversión cero y le fijó como límite el 7 de septiembre de 2002 para que hallara algún mecanismo legal de operación.

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En ese momento, las estadounidenses MCI y Citigroup estaban interesadas en continuar como propietarios.

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Antes de que se cumpliera el plazo, surgió el escándalo en WorldCom. Su contabilidad creativa (disfrazar gastos como inversiones) obligó a la organización de la unión americana a declararse en bancarrota. Para su fortuna, pudo acogerse al capítulo 11 de la Ley de quiebras, fórmula jurídica que le permite continuar actividades mientras es sometida a una minuciosa auditoría, reestructura sus deudas y avanza un juicio contra dos de sus ex directivos. Conforme concluyan tales procesos, los jueces decidirán el futuro del gigante del vecino país del norte, una resolución que sin duda impactará a la telefónica.

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“Si las cortes de Estados Unidos lo deciden, la multinacional tendrá que deshacerse de Avantel y Embratel de Brasil –señala Martha Aindya, analista en Gartner Group– y no le quedaría más remedio que ponerles un precio muy bajo. Sería una venta de fuego.”

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De hecho, en los días que siguieron al escándalo por los errores contables de WorldCom, la agrupación anunció que conservaría MCI pero se desharía de compañías no rentables en América Latina y Asia.

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Varios consultores especializados no creen que el consorcio quede en manos de sus actuales dueños: estiman que la parte accionaria de Citigroup podría ser adquirida por la familia Zambrano. En las propias oficinas del poderoso grupo financiero estadounidense se rumora la posible compra por parte de Roberto Hernández, anterior copropietario de Banamex, aunque esa operación lo sacaría del Consejo de Administración del corporativo. En cuanto a la participación de MCI, no se descarta la posibilidad que otros competidores busquen adquirir esa porción con el fin de afianzar posiciones (Alestra, Axtel) o dar pasos firmes en su entrada al mercado mexicano (Telefónica de España).

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Hasta donde le es posible, Avantel intenta evitar las asociaciones incómodas. Su director general asegura que la empresa fue concebida y opera en forma autónoma, independiente de sus accionistas en lo financiero, administrativo y contable.

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La competencia arrecia
“Nosotros tenemos metido el acelerador hasta el fondo, siempre. Nuestro esfuerzo es exhaustivo, dentro de un marco de racionalidad financiera. Estamos empeñados en ganar la carrera, no solamente a Avantel, sino a todos”, advierte Jorge Escribano, director de Comunicaciones en Alestra, empresa conformada con capitales de AT&T, Bancomer y Grupo Alfa.

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Diversos analistas ubican a esta compañía de telecomunicaciones como la tercera en México, detrás de Telmex y la propia Avantel. El directivo discrepa: “En cuanto al tráfico, en el mercado de larga distancia internacional, que está auditado, tenemos una participación de mercado comparable o superior a la de ésta. En términos de ventas y clientes totales no lo sé, porque esas cifras no están auditadas.”

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Otra firma que desea aprovechar su poderío es Telefónica. Ante la crisis que sacudió a Argentina, decidió perfilar todas sus baterías hacia México. Adquirió la mayoría accionaria de Pegaso y ya se ubica como la número dos en telefonía móvil. En mayo pasado su presidente, César Alierta, anunció un agresivo plan de inversiones por $500 millones de dólares en 2002 y $2,500 millones de dólares en los próximos tres años. Para 2005 espera ser la compañía extranjera con mayores inversiones en el país. Por lo pronto ha dicho que este año México será su principal destino de inversión a escala mundial.

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Los consultores de Gartner creen que la entrada de la empresa ibérica modificará sustancialmente el mercado nacional de telecomunicaciones. “No me cabe la menor duda de que Telefónica será el segundo operador más importante en el país a mediano plazo, desplazando a Avantel y a Alestra. Supongo que Telmex ya tiene la mira puesta en la organización española como su competencia de más peso”, opina Fernández. A pesar de que aún está en proceso de desarrollo, añade, tiene un capital financiero y una intensidad dentro de la región como ninguno de sus rivales.

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“Ya compraron telefonía móvil, tienen su división de Telefónica Data y les queda adquirir la fija. Eso va a ser interesante, porque quizás ellos adquieran Avantel, aunque van a esperar a que se decida algo con la nueva Ley de Telecomunicaciones y con la dominancia de Telmex”, prevé Aindya.

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Moreno coincide en que la agrupación europea tiene los recursos para convertirse en una fuerza protagónica, pero estima que le falta un portafolios integral de servicios. “No hay unificación entre las empresas que Telefónica ha adquirido en México, de ahí que no haya sinergia en sus productos.”

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Por lo pronto, el mercado local comienza a salir de un breve aletargamiento. En 2001 reportó un aumento de 16% y para 2002 se espera un crecimiento de 9%. Todos los competidores quieren despegar. La pregunta es si Avantel está en condiciones de seguirles el paso, dadas las dificultades por las que atraviesa.

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En busca de nuevas reglas
La reactivación del sector podría encontrar un aliciente adicional: una nueva Ley Federal de Telecomunicaciones que se discute en el Congreso. La norma definirá las obligaciones de las firmas dominantes en cada rubro, reglas de competencia, con una serie de derechos para los clientes y certidumbres para los inversionistas.

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El camino estuvo sembrado de un fuego cruzado de demandas, amparos y denuncias entre Telmex y sus rivales. En esa refriega, Avantel la acusó de prácticas monopólicas ante la Organización Mundial de Comercio (OMC) y solicitó que le revocaran el título de concesión por no cumplir con varias metas a las que se había comprometido (sobre todo crecimiento de la red telefónica, acceso y tarifas). Carlos Slim, principal accionista del consorcio, replicó: “Las transnacionales sólo quieren descremar el mercado.”

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A decir de Luis Mancera, director del departamento Jurídico en Avantel, el mercado se concentra cada vez más en Telmex. Entre 1998 y 2002 su participación en el nicho de larga distancia pasó de 73% a 80%; en telefonía celular, de 63% a 80%; en internet, de 29% a 45%. Sólo en telefonía local disminuyó de 100% a 98%.

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Uno de los pocos opositores a la nueva legislación es precisamente la compañía líder. “Es natural y no podía ser de otra manera, nadie cede por gusto parte de su mercado”, comenta Escribano. Sin embargo, aún con poderes acotados, Telmex seguirá siendo dueña de la infraestructura telefónica.

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En opinión del analista de Select, el resto de las organizaciones requieren soluciones más complejas (administración de aplicaciones, esquemas de accesos remotos, centros de datos, comercio de negocio a negocio) para que sus ingresos se diversifiquen en otras fuentes y no mantengan la dependencia del tráfico.

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Creced y diversificaos
Desde 2000 Avantel ha manifestado su intención de incursionar en varios nichos de telefonía para depender menos de la larga distancia, donde cuenta con casi un millón de clientes. Su proyecto era obtener la mitad de sus ingresos de la telefonía local y otra parte significativa de internet.

-Comenzó con servicios dirigidos a empresas y gobierno. Hoy varias secretarías de Estado y paraestatales, como Pemex, Comisión Federal de Electricidad y el IMSS, la han contratado. La empresa asegura tener más de 150 clientes corporativos.

-A pesar de la crisis que vive, la compañía mantiene sus planes, aunque quizá con un perfil bajo.

-“Es un jugador que diversifica, que se enfoca al mercado en que se halla. Siempre está desarrollando productos nuevos, como la elaboración de soluciones de negocio y la integración de portafolios”, reconoce Moreno.

-A decir del analista, por esfuerzo propio Avantel ha ganado merecidamente ser la número dos. Se trata de un mérito que, ante las adversas condiciones actuales, todavía no se sabe si podrá mantener.

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