¿Cambiar para seguir igual?

Hay sangre nueva en las redacciones de los diarios y revistas mexicanos, y sin embargo -a decir de l
María Antonieta Barragán

¿Cuáles son los avances los últimos años? ¿La modernidad también implica nuevas reglas éticas para el ejercicio del periodismo o sólo se refiere a la evolución tecnológica? ¿Los acontecimientos políticos de 1994 y 1995 han dotado de madurez informativa a los propietarios de los periódicos y a los periodistas mismos?

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Para Raúl Trejo Delarbre, director del semanario Etcétera y articulista del periódico El Economista, al igual que otras instituciones públicas, sociales y privadas, la prensa "está en transición". Sin embargo, con una mirada realista, dice: "Aún así se tiene una prensa estancada, políticamente atrasada y atada a esquemas atávicos".

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Y agrega: "Desconfío de quienes dicen que nuestra prensa ha cambiado en sentido positivo; hay muchos mercaderes del optimismo cuando se trata de hablar de la prensa, pero sólo lo hacen para vender más".

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Raymundo Riva Palacio, subdirector de Investigación y Asuntos Especiales del diario capitalino Reforma y autor de la columna "Estrictamente personal" afirma que deben matizarse los cambios en los medios informativos. Para empezar, dice, no se ha modificado la estructura de la relación prensa-gobierno: el financiamiento de los diarios proviene, en su gran mayoría, de los presupuestos oficiales.

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Además, no hay un salto cualitativo en términos técnicos ni en términos éticos. Para el también autor del libro Más allá de los límites. Ensayos para un nuevo periodismo, 1994 y parte de 1995 "han exhibido nuestras profundas deficiencias técnicas y nuestras terribles carencias éticas". En este último terreno, advierte que menciona lo ético relacionado con la competencia, "no como rivalidad, sino como competencia profesional De este concepto se derivan todos los errores o aciertos de los trabajadores de la información, opina.

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En cuanto a la relación con el aparato gubernamental, considera que no se ha modificado, ya que tampoco han cambiado las estructuras de acceso a la información y no se han profesional izado los cuadros en las áreas de comunicación social. "Se dice que ya no se inyecta tanto dinero oficial a los diarios, pero más bien es por falta de dinero que por una política deliberada. Los políticos hacen política no a través de ideas y programas, sino por medio de la compra de medios".

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Subsidios vergonzantes. Uno de los principales obstáculos para la consolidación de empresas periodísticas modernas es la existencia de los subsidios oficiales a diarios de bajísima circulación. "De todas las simulaciones que todavía se mantienen en el gremio periodístico -declara Trejo-, la más penosa e inexplicable es la de seguir pagando publicidad gubernamental en diarios de nula circulación."

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El colaborador de El Economista reconoce que el anterior es "un misterio sin resolver". "¿Qué utilidad práctica tiene sacar una nota en un diario que nadie lee y aparte pagar por su inserción?, se interroga a sí mismo y se aventura a dar algunas razones: la costumbre de tener presupuesto para notas pagadas en todos los diarios capitalinos; la complacencia de los jefes de prensa de ver su información multiplicada y, sobre todo, la decisión de contrarrestar las notas críticas con notas favorables. Además, anota, existe una especie de "solidaridad gremial" entre varios jefes de prensa -muchos de ellos han sido reporteros al no retirar el apoyo económico a sus ex colegas.

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Trejo no reprime la anécdota: "Una vez le pregunté a un gobernador sobre el por qué de mantener el subsidio a periódicos de baja circulación y ninguna influencia. Su respuesta fue sencilla: Si no lo hago yo, lo hará otro político."

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Otro aspecto, asociado a la poca falta de transparencia en las finanzas de los medios impresos, es el asunto de su circulación. El director de Etcétera recuerda que hace cinco años, cuando realizó una investigación sobre el tiraje de los diarios capitalinos, salió a relucir un hecho irrebatible: hay una persistencia a mentir cuando los medios hablan de sí mismos, sobre todo cuando se trata de sus tirajes; no sólo se guarda como un secreto valiosísimo, sino que incluso está lleno de matices. ¿Por qué? "Porque todo se ha vuelto una fabulación y una cadena de simulaciones -responde- Los periódicos presumen tener tirajes altos, aunque nadie les crea en el mercado, supuestamente para engañar a las agencias de publicidad; éstas se dejan engañar, pues de esta manera atraen a los anunciantes; los anunciantes se auto engañan pensando que tienen 200,000 ejemplares circulando y así aumentas las cifras de gasto publicitario. Es una burbuja de simulación."

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Para Riva Palacio, la certificación de tirajes es una herramienta de credibilidad. "Si yo fuera una agencia de publicidad me importaría más este aspecto, porque tiene relación con la penetración, la influencia y la calidad del mercado. Es algo muy sencillo, pero para la etapa de primitivismo en que nos encontramos parece algo sofisticado."

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¿Cómo se rompe con esta red de mentiras? Trejo explica que mediante una nueva actitud entre los medios, formulando una disposición legal que los obligara a dar cuenta de su tiraje, sobre todo en los impresos. Podría ser mediante un Instituto de la Comunicación que fuera independiente de instancias gubernamentales y de los propios medios de información, con el objetivo de hacer algo elemental y muy barato: recibir las cifras de los medios y verificarlos eventualmente. De hecho, existe actualmente el Instituto Verificador de Medios, pero sólo algunas publicaciones se someten a sus auditorías.

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Independencia se traduce en credibilidad. Según Riva Palacio, si se comparara la credibilidad y la penetración de los medios informativos de hace dos décadas con respecto a los actuales, "veríamos que se han reducido". Observa que, según estadísticas de Productora e Importadora de Papel SA (PIPSA), el consumo de papel periódico no se ha modificado desde 1935. Sin embargo, según datos del Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI), en una década ha aumentado la asistencia del público a eventos culturales. Hay una evolución cualitativa del lector que no necesariamente encuentra en los diarios mexicanos respuestas a sus exigencias informativas. "Creo que en los últimos cinco años se han visto favorecidos tres periódicos por este cambio de intereses: La Jornada, El Financiero y Reforma. ¿A costa de qué? De ganar los lectores de otras publicaciones."

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Para Riva Palacio estos diarios tienen algo en común: comparten la percepción del público de que son independientes. "Este es un terreno subjetivo de la credibilidad, pero demuestra que la gente quiere aproximarse lo más posible a la verdad. Un lector que acude a un diario, digamos el Excélsior -ejemplifica-, en un momento crítico de la guerra de Chiapas y encuentra como nota principal la entrevista con un sacerdote ortodoxo de Sarajevo, manifiesta un rechazo inmediato."

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Para Trejo, el caso de Chiapas demostró corno nunca las debilidades de la prensa mexicana. No se intentó ir más allá de la superficie, acusa. "Sólo existió el boletín y la declaración catártica inmediata. Ante la falta de una política de comunicación oficial, la prensa fue víctima del más variado tipo de rumores y se convirtió en propaladora de mentiras. Lejos estuvo de un papel orientador, evaluador y crítico de los acontecimientos; hubo, más que todo, desinformación, nada de autocrítica y mucho de autocomplacencia. Más que unboom periodístico, hubo una involución. En una sociedad tan confundida y complaciente los diarios se vendieron más por cuestiones coyunturales", dice.

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Ante esta caracterización tan radical de la prensa, Trejo mismo matiza: "Sería injusto afirmar que toda la prensa está dominada por un viejo estilo de hacer periodismo (intereses personales, extorsiones, sobornos, etcétera). Afortunadamente, no es la mayoría. Ahora predominan los periodistas con carrera universitaria, aunque eso no quiere decir que la universidad otorgue una coraza para resistir cualquier tentación o soborno, pero da una visión distinta del mundo. Hay una noción diferente de la ética".

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Al igual que Trejo, Riva Palacio reconoce que sería injusto medir con el mismo rasero a todo el gremio periodístico. Piensa que así como han surgido propietarios de periódicos con una visión distinta del negocio, también existe una generación de periodistas que han contribuido a cambiar las reglas del juego en los últimos 15 años. "Los periodistas de ahora no son los de antaño, lo que tampoco quiere decir que en el pasado todos fueran corruptos; al mismo tiempo, tampoco implica que todos los jóvenes de hoy sean honestos, pero sí existe un cambio cultural y generacional que tiene que ver con el tipo de entorno en el que se han desarrollado. Son generaciones tecnicolor, su escepticismo es mayor y su beligerancia frente al poder es diferente. Pero todavía no llegan a los puestos directivos. No se ve un cambio global en los medios de comunicación."

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"Es una ruta que no tiene retorno", apuntala el columnista de Reforma. Y sostiene: "Que bueno que estamos viviendo esta terrible crisis, que bueno que estamos entrando en el umbral del caos, que bueno que hay crisis de publicidad, que bueno que el gobierno no tiene dinero para subsidiar a tantos diarios, que malo que mucha gente se quede sin trabajo".

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Riva Palacio se aventura a pronosticar que eso provocará la reducción de diarios en la ciudad de México y obligará a los periódicos a vivir de lo que generan y tendrán que apelar al mercado de lectores. Para ello tendrá que capacitarse a los periodistas y pagarles mejor. "Puede sonar simplista, pero sólo sobrevivirán los medios que posean a los mejores y a los más brillantes. ¿Por qué seguir cargando con la frase de que todos los que no quisieron estudiar se han convertido en periodistas? ¿Por qué seguir auto denigrándonos y considerándonos de segunda clase?”

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