¿Cómo debe actuar el nuevo presidente

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Alonso Lujambio

"El asunto de la selección por consenso del nuevo director del Instituto Federal Electoral (IFE) se ha convertido en una comedia de equívocos. Hay quien dice que no importa la persona sino la institución que la reforma electoral definitiva" va a crear, y que, por lo tanto, conviene esperar a que la reforma finalmente llegue.

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Ese argumento es parcialmente cierto. Pero se exagera cuando se dice que si un "mapache" llega al cargo, pero la institución lo acota y le señala con precisión sus tareas, el trabajo saldrá bien hecho. Desde luego que es importante la definición que la nueva reforma hará del marco institucional que regirá las elecciones federales del futuro. Pero, ¿de cuándo a acá las personas no definen los alcances de las instituciones que ocupan?

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Tal parece que se ha generado un cierto consenso en torno a la idea de que es mejor esperar a la reforma. A mi modo de ver, el problema central está en el -timing.

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Es decir, si la reforma electoral se retrasa (cosa indeseable pero posible a la luz de los últimos acontecimientos), entonces otra vez las personas empiezan a importar en grado superlativo.

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Pongo un ejemplo: para 1997, es imprescindible una nueva distritación. Los 300 distritos uninominales con los que hoy contamos fueron trazados en 1979 con una proyección de población que estaba basada en el censo de 1970 (¡!).

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Para 1982, los datos preliminares del censo de 1980 ya estaban listos, pero no se redistritó, con lo cual se incurrió en una violación al Artículo 53 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, que señala que -"la distribución de los distritos electorales uninominales entre las entidades federativas se hará teniendo en cuenta el último censo general de población...".

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Para las elecciones de 1985, para las de 1988, para las de 1991, para las de 1994... se ha seguido violando un precepto constitucional. Hoy la distritación favorece al Partido Revolucionario Institucional (PRI) porque sobrerrepresenta a la población rural y subrepresenta a la urbana (en donde se concentra el voto opositor).

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Pues bien: redistritar con equidad y sin sesgos en favor de partido alguno es una tarea de cartografía política de enorme complejidad; esta tarea lleva tiempo y requiere la confianza de los partidos políticos todos.

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Si se retrasa la reforma, se retrasa el nombramiento de personal del IFE (empezando por su director) plenamente confiable, y por lo tanto la -"Feria de las desconfianzas" (para usar la expresión de Jorge Carpizo McGregor) vuelve a manchar la credibilidad de los procesos electorales.

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Este es un ejemplo. Podría poner otros en donde el tiempo es una variable importante: los convenios entre el IFE y varios Consejos Electorales Estatales llevan a que aquél intervenga en aspectos técnicos de importancia extraordinaria en procesos electorales locales. Con un nuevo personal, con otro director, los partidos de oposición acudirían con más confianza a dichos procesos, en el entendido de que la cooperación entre autoridades locales (en las que los partidos desconfían en varios estados) y las federales (en las que confiarán cuando se cambie el personal) pueden producir resultados mucho mejores.

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En una palabra: retrasar el nombramiento del director del IFE con la esperanza de que la reforma llegará pronto puede ser un caro error. Ojalá se vea esto con claridad y venga pronto el nombramiento.

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El autor es maestro y candidato a doctor en Ciencia Política por la Universidad de Yale. Director de esa disciplina en el ITAM, también es editorialista del diario Reforma. El Instituto de Investigaciones jurídicas de la UNAM publicará próximamente su libro Federalismo y Congreso en el cambio político de México.

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