¿Comercio global o regional?

Ante la perspectiva de que Estados Unidos acelere los pasos para concretar un acuerdo comercial en e
Alejandro Castillo

A raíz del Tratado de Libre Comercio (TLC) en México se analiza de manera recurrente cuál debe ser el énfasis que hay que poner en el comercio exterior: si seguir en el camino hacia una mayor integración con Estados Unidos o si dedicar mayores esfuerzos para diversificar los destinos de las exportaciones nacionales.

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Desde los 80, México inició un proceso de apertura comercial, que se puede dividir en dos etapas. En la primera –durante el sexenio de Miguel de la Madrid–, se estableció un calendario de desgravación arancelaria, que fue concertado con una buena parte de los empresarios del país. Ese proceso consideraba la necesidad de proporcionar a las empresas nacionales plazos adecuados –de acuerdo con la condición de cada rama– para que realizaran las inversiones y los cambios necesarios que les permitieran estar en condiciones de competir cuando se redujeran totalmente los aranceles.

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Sin embargo, en la segunda etapa, que comenzó en 1987, el -gobierno decidió modificar ese esquema y aplicó una drástica desgravación. En ese momento se privilegió el propósito de combatir la inflación por encima del objetivo de consolidar una planta industrial competitiva.

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El cambio de prioridades significó un severo golpe para las empresas nacionales, muchas de las cuales apenas comenzaban a ajustar sus procesos productivos ante la expectativa de una mayor competencia. La apertura precipitada sí contribuyó a reducir la inflación, pero dejó indefensas a las empresas mexicanas y desmanteló, casi por completo, el sistema de protección del que disponía el país. A cambio de esa acción en que se cedió el mercado interno a los productores del exterior, México no obtuvo nada.

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Fue en esas circunstancias que se comenzó a negociar el TLC, en desventaja, ya que era poco lo que se podía ofrecer. De cualquier modo, hubo sectores –como el textil– donde se lograron importantes concesiones por parte de Estados Unidos y Canadá.

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APROVECHAR O NO LO OBTENIDO
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Después de la apertura irracional que se llevó a cabo durante el salinismo, el TLC abrió algunas oportunidades. En ese contexto, en 1996, 83% de las exportaciones mexicanas –incluidas las maquilas– se dirigieron a Estados Unidos y 75% de los bienes adquiridos en el exterior provinieron de ese país.

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Por otra parte, dada la importancia del intercambio con el vecino del norte, el incremento que registró éste fue determinante en el crecimiento del comercio exterior de México. Por ejemplo, mientras las exportaciones totales crecieron 20.7%, las destinadas a Estados Unidos aumentaron 21.4%. A su vez, mientras las importaciones totales de México crecieron 23.5%, las provenientes del país del norte lo hicieron en 25.3%.

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En las condiciones en que ha vivido México después de la crisis, el intercambio con Estados Unidos ha desempeñado un papel muy importante para su recuperación, y mientras se pueda aprovechar habrá que hacerlo.

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Sin embargo, sería irresponsable no buscar la manera de abrir nuevos mercados, aprovechando las ventajas que proporciona el Tratado a México, como plataforma de exportaciones de todo el mundo hacia Estados Unidos, y de allí hacia el resto del mundo, con una estrategia de inversiones destinada a favorecer el empleo y el cuidado de los recursos nacionales. Ciertamente, México no cuenta con esquemas de protección, pero como parte de una región sí puede aprovechar las limitaciones comerciales que tienen Estados Unidos y Canadá frente a países de otras regiones.

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Eso implicaría vender la idea de actuar como región, aunque se tenga un discurso librecambista. De otro modo, se deberán tomar medidas para aprovechar las ventajas temporales que ofrece el TLC, ya que éstas se perderán conforme se concrete la tendencia hacia una mayor apertura comercial por parte de los países en vías de desarrollo. De hecho, el presidente de Estados Unidos está dispuesto a acelerar los pasos para un acuerdo comercial en el continente. En esa perspectiva, a México sólo le queda –mientras le sea posible– aprovechar la posición regional para fortalecerse en el mercado global.

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