¿Cuál es el verdadero papel de la TV?

Se decía que la imagen mataría a la radio, pero en realidad hirió a la prensa escrita. La TV hoy
Jaime Septién*

Hubo una época en que periódicos y periodistas fueron parte importante del conocimiento social. La consignación de los acontecimientos mundiales, nacionales y locales mediante la letra impresa y el manejo adecuado del lenguaje eran material necesario para ubicar nuestra posición en la realidad. La libertad de prensa, actualizada por los comunicadores, provocaba no sólo la competencia empresarial sino la competencia ciudadana para descifrar asuntos relevantes de la política, la economía y la sociedad. Es decir: el diario era el elemento básico, durante la primera mitad del siglo XX, para informarnos y propiciarnos el sentido adecuado de nuestros pasos a partir de la opinión sólida.

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Entiendo que existía el sensacionalismo, la prensa amarilla, el cotilleo vuelto noticia, pero no era la norma; sobre todo, no era la norma de la búsqueda de la verdad por parte del lector medio. Éste sabía distinguir entre rumor e información. Por un lado, una sociedad, como la Occidental de 1900 a 1950, que privilegiaba el modelo de la lectura para adquirir conocimiento; y, por otro, la industria que proveía a los usuarios de un material que respondía, medianamente, a sus expectativas.

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Además, la mayor parte de los periodistas se tomaban en serio su profesión; lo eran de vocación inquisitiva, investigadora, pugnaz. Ir detrás de la noticia entrañaba jugarse el pellejo y servir a la sociedad de lectores, no a la sociedad del poder. La información in-formaba y formaba. Hacía caer grandes y pequeñas imposturas sociales, grandes y pequeños sátrapas, y fomentaba la participación de los ciudadanos en las grandes y pequeñas cuestiones inherentes a la ciudad, al Estado, al país y, en ocasiones, al mundo en el que vivía.

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Todas estas cualidades del periódico –como medio– y del periodista –como agente– fueron diseminadas en la prensa latinoamericana y, ¿por qué no decirlo?, mundial, por la forma de entender la empresa y la profesión en los Estados Unidos, antes de 1950. ¿Qué pasó entonces? Se produjo el cambio de modelo privilegiado de transmisión del conocimiento: de la letra impresa a la imagen. Ese año surgía, se expandía, se consolidaba la televisión en la Tierra, con la unión americana a la cabeza.

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El video no sólo mató a la estrella del radio, como decía una canción. También zarandeó salvajemente a la prensa, a tal grado que cayó en errores que son su ruina.

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  • Primero: convertir la información en mercancía; como todo se vende, también la verdad tiene un precio.
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  • Segundo: abaratar el periódico y convertirlo en un muestrario de anuncios, generando mayor espacio para la publicidad y menor para los reportajes y las crónicas.
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  • Tercero: reducir la información a la imagen, ocupándose de poner 1,000 noticias en lugar de un solo contexto de la noticia. Obesidad no es sinónimo de salud.
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  • Cuarto: competencia en rapidez del lenguaje con la forma en que se transmite la imagen. Reducir el lenguaje a su mínima expresión.
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  • Quinto: despreocuparse de la pedagogía. Bajo el mandato comercial de que hay que darle a la gente lo que la gente quiere, la información cambia al chisme, a la farándula, al puro sentimiento.

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Al quererse hacer como la televisión, los grandes medios de Estados Unidos y, luego, los del resto de Occidente, fueron cambiando la vocación de intermediarios entre el que sabe y el que no sabe (pero quiere saber), para convertirse en intermediarios entre el que no sabe y el que no sabe (ni le interesa saber nada, porque nadie le ha dicho para qué sirve saber, mientras todos le dicen que lo único que hay que saber es comprar).
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-*El autor es periodista, director de El Observador y articulista especializado en medios de comunicación.

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