¿Cuál inversión extranjera?

Un país que cuenta con recursos, un acuerdo comercial con Estados Unidos y una moneda subvaluada fr
Alejandro Castillo

Una afirmación en la que coinciden la mayoría de los analistas es en el sentido de que el principal problema de la economía nacional reside en su incapacidad para generar el ahorro interno que le permita satisfacer sus necesidades de inversión. Por ello, México se ve obligado a depender de capitales foráneos, con los costos que esto implica.

- En su informe correspondiente a 1994, el Banco de México analiza el comportamiento de la formación de capital en el periodo 1988-1994. Según sus estimaciones, después de que durante el lapso 1982-1988 se observaron tasas de inversión muy bajas, en el sexenio de Carlos Salinas el valor acumulado de la inversión fija bruta suma $391,749 millones de dólares. Si a esa cifra se le resta la depreciación acumulada, que alcanzó $199,055.8 millones de dólares se tiene que la inversión neta en el periodo alcanzó $192,693.5 millones de dólares.

- De acuerdo con el banco central, esa inversión requirió financiamiento por $399,136.5 millones de dólares, de los cuales 27% se basó en ahorro externo y 73% en ahorro interno. Lo anterior no debe llevar a suponer que el ahorro externo es irrelevante. De no haber sido por los $106,000 millones de dólares que vía inversión o financiamientos se recibieron del exterior, la capacidad productiva del país no habría crecido a un ritmo acelerado.

- Ni todo malo, ni todo bueno. Algunas de las cifras disponibles en torno a la inversión extranjera permiten un mayor conocimiento del destino que tuvieron parte de los flujos de ahorro externo que se captaron en el sexenio.

- Por ejemplo, entre 1988 y 1994 el Banco de México (BM) registró una inversión extranjera directa acumulada por $27,332 millones de dólares. Por definición, esos fueron recursos que se destinaron a inversiones productivas y los sectores que captaron los mayores volúmenes fueron manufactura y servicios.

- En el sexenio pasado también se recibieron importantes montos de inversión extranjera en la Bolsa Mexicana de Valores (BMV). De acuerdo con cifras de la Secretaria de Comercio y del BM, al cierre de 1994 la inversión extranjera en el mercado de valores ascendía a $21,985 millones de dólares.

- Además, se captaron recursos foráneos en instrumentos de deuda pública. Se estima que al cierre de 1994 había inversión extranjera en Tesobonos, Cetes, Cedis y Ajustabonos, y todo indica que el respaldo por $51,000 millones de dólares que se recibió por parte de Estados Unidos partió del supuesto de que esa era una cifra equivalente a la inversión extranjera en esos instrumentos. Por ejemplo, la Secretaria de Hacienda calculó que 65% de los $29,200 millones de dólares de Tesobonos en circulación a principios de 1995 se encontraba en manos de extranjeros.

- A diferencia de lo que ocurre con la inversión extranjera directa, los recursos foráneos dirigidos a la bolsa o al mercado de dinero contribuyen a reducir las tasas de interés y mejoran las condiciones de financiamiento interno; son ahorro externo que ayuda a financiar las inversiones en México. Sin embargo, la competencia por esos recursos en los mercados internacionales es muy fuerte, resultan muy caros y de alto riesgo. Esos capitales entraron a México en tanto percibieron la posibilidad de obtener altas tasas de rendimiento, pero también salieron a la primera señal de riesgo.

- México, destino y riesgo. A raíz de la devaluación, los administradores de fondos de inversión extranjeros han manifestado sus reservas para destinar recursos a México De hecho, uno de los propósitos sugeridos en la presentación del programa de ajuste es el de demostrar que existe disposición de las autoridades para recuperar la confianza de esos grandes corredores.

- Sin embargo, la experiencia de 1994 y la crisis por la que atraviesa el país obligan a reconsiderar y probablemente a rechazar la estrategia de utilizar la inversión extranjera en la bolsa o en instrumentos de deuda, para completar el financiamiento a la inversión. Aunque resulte chocante, vale señalar la experiencia de Chile, en donde después de sufrir varios descalabros como el que sufrió México, se establecieron reglas que si bien no impiden la llegada de capitales especulativos, tampoco los atraen y en un momento dado permiten regular los efectos de su salida.

- Por otra parte, es innegable que México cuenta con mejores condiciones para atraer inversión productiva. Dispone de enormes recursos naturales y poblacionales, tiene una envidiable posición estratégica y si supera los rezagos del sistema político podría encauzar pacíficamente su gran fuerza social. Además, independientemente de las criticas que se pueden hacer a la forma las condiciones en las que se llegó a firmar el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos, hoy ese puede ser un gran instrumento para captar inversiones productivas de Asia y Europa, e incluso de empresas estadounidenses.

- Cabe recordar que en la década de los 80, los países de Asia fueron los receptores de grandes volúmenes de inversión, la cual buscaba reducir costos de producción. Los resultados fueron muy buenos y hoy parte del déficit comercial que sufre Estados Unidos encuentra su explicación en las inversiones que realizaron sus empresas en Oriente. Actualmente, con la debilidad que ha mostrado el dólar en los últimos años y que sólo en el periodo enero-abril de 1995 repercutió en una devaluación de 20% frente al yen japonés, las inversiones en esa región han perdido competitividad.

- Ante esa situación, un país que cuenta con recursos, un acuerdo comercial con Estados Unidos y una moneda subvaluada frente al dólar, puede resultar muy atractiva como destino para las inversiones productivas de exportación.

- En contrapartida, los inversionistas foráneos que buscan destinos para sus recursos podrían encontrar que México no ha sido capaz de desarrollar una infraestructura competitiva en costos, que permita la explotación eficiente de sus recursos, no ha avanzado mucho en materia educativa y tecnológica, tiene un mercado muy estratificado y sus instituciones aún dejan mucho que desear.

- De hecho, a pesar de su capacidad receptiva y su riqueza material y humana, México no ha sido capaz de aprovechar, por ejemplo, más de 20 años de un esquema maquilador que en otras naciones fue motor de desarrollo. En esos años no ha logrado impulsar a empresas proveedoras para la industria maquiladora que sólo utiliza 2% de materias primas nacionales.

- Opciones para la inversión productiva. Es de suponer que la inversión extranjera llegará a México en la medida en que sus cálculos costo-beneficio destaquen las ventajas que tiene sobre otros países. En ese sentido, la intención de las autoridades de captar inversiones extranjeras para proyectos de energía e infraestructura sólo tendrán éxito en los casos altamente rentables para ellos, considerando que son las de mayor riesgo por las posibilidades de cambios y el contexto de un mercado interno poco desarrollado y actualmente deprimido.

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- En cambio, para México podría ser más conveniente, en cuanto a generación de empleos y transferencia de tecnología, promover la inversión externa para exportación, la cual, además, podría encontrar un mayor atractivo, siempre y cuando se establezcan condiciones para su desarrollo eficaz con una integración creciente.

- Ahí reside el problema.

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