¿Es México un país latinoamericano?

La respuesta que los mexicanos den a esta pregunta no sólo sellará su propio destino, sino también el de América Latina.
Raúl Rivera

A partir de los años 80, la famosa ‘década perdida', México decidió mirar al norte y, para todos los efectos prácticos, dio su espalda al sur. No sin razón: el vecino estadounidense le abrió finalmente su enorme mercado e invitó a los mexicanos a soñar con Mexamérica. Atrás quedaron los resentimientos y resquemores atávicos, la brutal pérdida territorial del siglo XIX y las diferencias culturales. El salto a la prosperidad era inminente. Al menos ésa era la idea.

La alternativa latinoamericana, en cambio, no resistía comparación. Para empezar, el concepto mismo de América Latina resulta algo vaporoso y nunca ha terminado de convencernos. En buena medida, porque resulta difícil entusiasmarse con una región pobre, violenta, pequeña e irrelevante a nivel mundial, inestable tanto política como económicamente, fragmentada en países muy distintos unos de otros, atrapada entre el narcotráfico y los dictadores, y, para colmo, poblada de gente no muy agraciada. ¿Qué sentido tendría hipotecar nuestro propio futuro uniéndolo al de una región así?

El principal problema con esta visión de América Latina es que no resiste análisis. No sólo no somos pequeños, sino que somos una de las mayores regiones del mundo, con un territorio más grande que el de Estados Unidos y China sumados y cuatro veces el de la Unión Europea. Con 600 millones de habitantes, nuestra población duplica la estadounidense y a mediados de siglo aumentará a 800 millones (más los hispanos estadounidenses, casi un billón). Tampoco somos pobres: nuestro ingreso de 10,000 dólares per cápita (PPP) es similar al promedio mundial. El 60% de nuestra población ya disfruta de un nivel de vida de clase media y, durante la última década, casi 50 millones de latinoamericanos dejaron atrás la pobreza, en buena medida, gracias a las acertadas políticas económicas y sociales de nuestros gobernantes. Como resultado, hoy somos una de las cuatro mayores economías del mundo y una de las más dinámicas: los que están en crisis no somos nosotros, sino los países más ricos, que ahora se comportan como antes nosotros. A pesar de que los gobernantes de la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA) tienden a acaparar la atención de los medios, sus países no representan ni 20% de la economía y la población regionales. ¿Dictaduras? Tampoco: nos gusten o no, todos nuestros gobernantes han sido elegidos democráticamente (salvo Cuba). De hecho, los grandes dictadores de la historia fueron todos europeos, asiáticos o africanos, no latinoamericanos. Y claramente no somos feos: nuestros modelos y actrices hoy triunfan en concursos, pantallas y pasarelas, definiendo los nuevos cánones mundiales de belleza.

La fragmentación regional es otro mito con pies de barro. Más allá de estar unidos idiomática y culturalmente desde hace siglos y compartir una historia y valores comunes, al abrirnos comercialmente al mundo en décadas recientes también terminamos integrando nuestras economías casi sin darnos cuenta.

Es hora de que México despierte a estas nuevas realidades. Ha llegado la hora de América Latina.

Asumir en plenitud nuestra identidad latinoamericana no implica dejar de comerciar libremente con nuestros vecinos del norte. Por el contrario, debe ayudarnos a desmontar las trabas que aún existen al libre comercio hemisférico. Tampoco nos compromete a construir instituciones supraestatales que ahoguen las libertades políticas y económicas que tanto esfuerzo nos costó recuperar. La experiencia europea nos sirve de clara advertencia contra ese tipo de excesos burocráticos.

Ha llegado la hora de creer en nosotros y hacernos cargo de nuestro futuro. Mientras un México encandilado por Mexamérica conduce a un hemisferio dominado por Estados Unidos y Brasil, un México orgulloso de su propia identidad y dispuesto a asumir un liderazgo regional reabre todas las posibilidades.

Raúl Rivera es autor del libro Nuestra hora y presidente de ForoInnovación.
Comentarios: opinion@expansion.com.mx

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