¿Habrá recuperación económica en 199

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Sergio Sarmiento

Cuando uno se encuentra en el fondo del abismo es muy difícil pensar que pueda haber alguna salida. Por ello no sorprende que muchos mexicanos estén convencidos de que nunca habrá forma de dejar atrás la crisis económica.

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La experiencia histórica nos dice otra cosa: no hay crisis que no tenga solución tarde o temprano. De hecho, desde el inicio de los tiempos la economía se ha caracterizado por sus cielos, con sus valles y sus cimas, sus periodos ascendentes y descendentes. Esto no es algo que hayan inventado los economistas. Ya la Biblia nos hablaba de los años de vacas gordas y de vacas flacas, lo que no es otra cosa más que una forma de describir el ciclo de la economía que es también el, ciclo de la naturaleza.

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Es indudable, pues, que el cielo terminará su curso y finalmente México verá una recuperación. Pero, ¿qué tan rápida y tan fuerte será y cuáles serán sus consecuencias en el país?

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El propio gobierno está pronosticando un crecimiento de la economía nacional de alrededor de 3% en 1996. Para los economistas oficiales esta cifra es, de hecho, conservadora. Se basa en el supuesto de que las exportaciones, que están creciendo más de 20% al año, más un aumento en la inversión pública y privada, proporcionarán el sustento para la recuperación.

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La cifra de 3% no acaba de convencer a quienes saben que México requiere de una expansión económica de cuando menos 5% al año para generar empleos suficientes para la población que ingresa al mercado laboral. La verdad, sin embargo, es que si consideramos que en 1995 la declinación del producto será de entre 4 y 5%, el crecimiento de 3% representa una recuperación de entre siete y ocho puntos porcentuales. Se trataría, en caso de registrarse, de la recuperación más espectacular en la historia del país.

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Lo curioso es que ni siquiera este cambio dramático de tendencia económica será suficiente para resolver los problemas sociales a los que se está enfrentando el país. La recesión de 1995 ha sido tan severa que se ha acumulado una gran capacidad ociosa en las empresas. Esto significa que, cuando se empiece a generar una recuperación, las compañías empezarán a llenar primero su capacidad ociosa antes que contratar a nuevo personal o realizar nuevas inversiones.

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Lo anterior puede ser peligroso desde el punto de vista político. Cuando la población empiece a escuchar que ya la economía está creciendo, que se ha expandido en 2 ó 3% según cifras oficiales, se cuestionará el hecho porque no verá una mejoría en sus bolsillos. Hoy los trabajadores tienen demasiado temor a perder el empleo. Mañana, cuando el desempleo no parezca una amenaza tan fuerte, las expectativas no cumplidas pueden generar mayores conflictos sociales que los que ahora estamos presenciando.

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Ahora bien, lo importante para el país no es sólo generar una recuperación en 1996 sino asegurarse de que será sostenible. A lo largo de las últimas décadas y media. México ha tenido varios periodos de crecimiento, incluso crecimiento rápido, pero las crisis de fin de sexenio han terminado con buena parte de sus beneficios.

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Evidentemente la mayor prioridad para el actual gobierno es generar una recuperación económica en este momento dramático. Más tarde, sin embargo, será muy importante que los logros de la recuperación no se pierdan conforme se avecine el cambio de sexenio en el año 2000.

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Es por ello que se necesitan cambios estructurales más profundos de los que se han hecho. La burocracia, con todos sus trámites, debe reducirse de manera dramática para eliminar el pesado impuesto que representa para las pequeñas y medianas empresas. El ahorro interno, siempre exiguo, debe fortalecerse a través de la generación de un verdadero sistema de pensiones.

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Aun cuando la recuperación que se busque sea económica, no puede perderse de vista la necesidad de una reforma política que dé mayor certidumbre a la vida pública del país. No es coincidencia que en los últimos años los grandes desplomes financieros y económicos hayan coincidido con momentos de dificultades políticas. Una economía abierta al comercio y a los flujos de capitales del exterior no puede mantener su estabilidad si no cuenta con las instituciones políticas que permitan a los inversionistas una real seguridad sobre la estabilidad de largo plazo.

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En resumen, la recuperación no sólo es posible sino inevitable. Sin embargo, será insuficiente para las necesidades sociales del país en 1996, en tanto que para evitar una nueva caída conforme se acerque el año 2000 y el fin de sexenio será necesario realizar todavía reformas estructurales importantes.

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El autor es columnista de varios periódicos –entre ellos -Reforma, de la ciudad de México-, y comentarista de Televisión Azteca.

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