¿Hacia una pantalla global?

La coproducción y los capitales externos parecen ser la savia que le dará vida al cine nacional.
Jesús Hernández y Zacarías Ramírez

Los productores de cine mexicano ya no tienen que acudir con algún cartomántico a que les adivine el futuro; ahora tienen muy claro que su mejor opción para sobrevivir y, aún más, hacer realidad la consolidación de la industria nacional, es mirar hacia otros mercados e integrarse a la globalización.

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Actualmente, 85 de cada 100 salas en el planeta se programan con películas producidas por alguna de las cinco grandes empresas que constituyen lo que el mundo conoce como Hollywood –Disney, Columbia Tri Star, subsidiaria de Sony, Warner Bros, 20th Century Fox y Universal Pictures–; las cinematografías locales sólo cuentan en promedio con una de cada 10 pantallas en sus respectivos países para exhibir sus filmes.

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A fin de oponer resistencia a la dominación mundial de Hollywood, las productoras mexicanas comenzaron a cambiar sus esquemas de negocio local por una visión más global, mediante la unión con empresas de varios países. La ventaja que esto da, dice Mathías Eheremberg, director de Titán Producciones, es la obtención de un doble beneficio: en primer lugar, el riesgo de la inversión al hacer un filme se divide entre los diferentes socios que lo financian; en segundo, y por consecuencia, se aseguran más mercados donde exhibir cada título.

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Paradójicamente, ahora son las compañías de Hollywood las que acuden a este esquema. A partir de este año, la producción cinematográfica en México tiene un nuevo participante: Miravista, firma creada por el consorcio estadounidense The Walt Disney Company (a través de su filial Buena Vista Internacional) y la española Telefónica. De alcance latinoamericano, la nueva productora intentará llevar a la pantalla historias de guionistas locales, principalmente mexicanos y brasileños, en las que también podrán participar firmas del lugar como coproductoras.

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Lo que la nueva entidad aportará a los proyectos fílmicos es dinero, medios de comunicación, distribución mundial y curvas de aprendizaje (know how) en los mercados de la zona, dice Diego Lerner, presidente y director gerente de The Walt Disney Company Latin America. Telefónica participa en la sociedad a través de Admira, su subsidiaria para la producción cinematográfica y televisiva y presencia en 23 países. La creación de Miravista, cuya sede se localizará en Argentina, no implica una inversión significativa, pues apoyará sus operaciones en la infraestructura de Disney en la región.

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El atractivo hispano

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Pero, ¿qué orilla a esta última gran productora a entrar en los mercados locales cuando ya tiene presencia mundial? Según Federico González, director de contenido y nuevos proyectos del Consorcio Interamericano de Entretenimiento (CIE), se trata de "una estrategia para ganar nuevos mercados, en especial al público hispano de Estados Unidos y el volumen potencial de cinéfilos de América Latina, públicos a los que no llega de forma suficiente".

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Para la industria nacional, el gran riesgo de que un jugador como Disney ingrese aquí no es el incremento de la competencia o una eventual expulsión del mercado de los productores locales, por tratarse de una compañía grande, sino que los costos de producción se inflen.

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Al haber mayor demanda de actores, insumos y técnicos cinematográficos, quienes proveen estos servicios podrían darse el lujo de cobrar más y eso redundaría en perjuicio para toda la industria. "Si ellos o cualquier otra empresa de primer nivel llegan al país con montos de inversión de $20 millones de dólares, los costos se irán a las nubes. Un capital de ese tamaño equivale a todo lo que se invirtió en México el año pasado para hacer películas", advierte Federico González.

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En sólo 10 años, los costos de producción de una cinta promedio en México se incrementaron de $700,000 dólares a $1.5 o $2 millones de dólares.

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Las metas de Miravista consisten en filmar de 12 a 15 películas anuales a partir de su cuarto año de existencia; serán de todos los géneros y a un costo promedio de entre $1 y $2 millones de dólares, según Lerner. El primer largometraje se comenzará a rodar este año con la participación de Televisa y Argos Comunicación, y será una historia romántica que lleva el título de Ladie’s night.

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De cualquier manera, reconoce González, el riesgo competidor está latente, pues Disney no será la única fuente de mayores capitales para la producción. En puerta está la inyección de recursos de fomento a la actividad cinematográfica que financian las televisoras de España y que llegarán a través de las productoras fílmicas de ese país. Estos recursos podrían beneficiar a empresas como Argos, Titán, Videocine y al mismo Altavista Films de CIE, que ya tiene convenios con homólogas hispanas para realizar películas y eventualmente esperan signar acuerdos más ambiciosos con miras a la producción en paquete.

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Pese a que en la industria existe cierto optimismo por la reactivación que estos recursos darían al cine nacional, González también observa la otra cara de la moneda: "Los productores tenemos que ser muy cuidadosos, porque si la entrada de este dinero genera que una película te cueste el doble, así sea un superéxito comercial no podrías recuperar la inversión. Y eso sí podría sacarnos del mercado."

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