¿Hay de otra?

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María Emilia Farías Mackey

Ex diputada federal, la autora es actualmente consultora de empresas canadienses y francesas.

- El discurso del gobierno para convencer a la ciudadanía de que el paquete de medidas económicas de ajuste es el mejor, suena a que "no hay de otra", a que la decisión no fue pactada con los principales actores económicos, y finalmente a que el destino de la población mexicana es el de cancelar sus expectativas de mejorar su nivel de vida en aras de satisfacer antes que nada a los acreedores.

- El discurso de impotencia adquiere relevancia no sólo porque es el gobierno el que lo dice, sino porque se da en un momento en el que aparentemente no hay otras alternativas. El problema reside en los vacíos que han creado el propio gobierno y las fuerzas políticas.

- El Ejecutivo se encuentra atrapado en sus acciones, por falta de operadores eficaces, ya que hasta hoy la mayor parte de las iniciativas han fracasado en la instrumentación. La izquierda se encuentra dispersa en disputas internas y en machacar el discurso de la democracia electoral, soslayando las respuestas a la situación económica; en el PRI cada vez es más evidente su esquizofrenia, ya que sus dirigentes dicen una cosa pero hacen otra opuesta; el ejemplo más reciente fue la aprobación del aumento en el IVA. Sólo Acción Nacional parece tener una estrategia de largo plazo, pero está más empeñado en poner distancia entre el blanquiazul, que por cierto durante seis años fue uno de los que más apoyó las políticas neoliberales de Carlos Salinas, y el actual gobierno, que en proponer nuevos criterios para enfrentar las dificultades económicas.

- Esta situación de gravedad económica y política aleja la transición democrática y acerca, cada día más, la tentación autoritaria. Por ejemplo, la aprobación del IVA fue posible gracias al mecanismo que necesariamente tiene que desmontar, si lo que quiere es avanzar en la construcción democrática del país: el PRI. En efecto, los diputados y senadores priístas con su voto hicieron posible la aplicación del paquete de medidas. La pregunta que habría que responder es de qué manera podrá el Ejecutivo desmantelar la estructura anquilosada y llena de mañas que es el PRI y que tal como está estorba al proceso de modernización política del país. ¿Cómo convocar a la democracia, si una de las partes que tiene que estar de acuerdo con los cambios es por definición contraria a ese tipo de cambios, en virtud de su autoritarismo? Un PRI que debata y disienta no le sirve a los que gobiernan, en cambio una disciplina partidista de tipo aplanadora es realmente eficaz en estos momentos.

- Los hechos contradicen las buenas intenciones de Ernesto Zedillo de convocar a las fuerzas políticas a la construcción de la democracia, ya que el ajuste económico está siendo instrumentado a través de mecanismos que por impopulares tienen que ser impuestos y no consensuados.

- La transición democrática no es asunto exclusivo del gobierno, sino de la sociedad en su conjunto. Mal haríamos los ciudadanos si esperásemos a que nuevamente nuestros gobernantes decidan abrir cauces de participación que vayan más allá de los procesos electorales, es decir, garantizar el libre ejercicio de la libertad de expresión en los medios de comunicación, establecer las condiciones para que exista un equilibrio entre los integrantes de la federación, propiciar la autonomía de los poderes de la Unión y sobre todo, procurar una distribución equitativa de la riqueza, ya que no puede haber democracia en un país con diferencias sociales tan marcadas.

- En este sentido, la "sociedad civil", integrada por grupos organizados, tiene un papel fundamental que jugar, una vez que se pongan de acuerdo en la agenda de prioridades. La democracia no puede venir de arriba, y mucho menos diseñada por el Ejecutivo; por el contrario, tiene que surgir de abajo para que los cambios reflejen lo que la gente quiere. El papel del gobierno es dar cauce a las iniciativas políticas de los partidos y de los ciudadanos, e intentar controlarlas.

- En este contexto, resulta alentadora la propuesta Coparmex-Alianza Cívica de analizar y debatir que "si hay de otra", que existen alternativas al plan sexenal de gobierno que no tienen por qué ser opuestas, sino que bien pueden resultar complementarias y enriquecedoras a los programas que haga públicos el gobierno a fines de mayo. Como también es un aliciente que empresarios regiomontanos, que se han formado en la brega, insistan en que "sí hay otras" salidas a la crisis y que éstas no significan el desempleo como condición necesaria y suficiente para superarla.

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- A medida que la crisis se profundiza es claro que el discurso de impotencia tiende a dominar el espectro político. Con insistencia machacona el gobierno nos remite constantemente a la cifras y a los datos estadísticos, cuya frialdad contrasta con la ingente situación económica. A la política de "no hay de otra", que amenaza con destruir la planta productiva, hay que contraponer un discurso de esperanza, no un discurso que quiera ocultar la realidad, sino que aliente las tareas productivas. Hay que ofrecer un discurso que tome en cuenta al individuo y a su familia y dejar de lado el discurso financiero. Entre el discurso de "no hay de otra" y el rechazo total a cualquier tipo de medidas que sirvan para sortear la crisis existen propuestas alternativas en cuya elaboración no están participando los partidos políticos y a las que un gobierno sensible a la situación política y social no descalificaría de antemano.

- De ahí que las propuestas de los grupos sociales sean una ráfaga de aire fresco en un ambiente que se caracteriza por la tensión y la polarización. Antes que tratar de imponer visiones únicas de la realidad, o de actuar con un sentido patrimonialista de la situación, haría falta abandonar los radicalismos para evitar desgarrar el tejido social.

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