¿Historia de éxito?

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Ricardo Medina Macías

A mediados de abril supimos que el ex presidente Carlos Salinas de Gortari planea escribir un libro sobre su actuación pública. Salinas le comentó a uno de los editores de The Wall Street Journal: "Se necesita una historia de éxito sobre México".

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A muchas personas estos proyectos de CSG les irritan. Invocando las odiosas, estúpidas e inmorales "reglas no escritas" del sistema políticos mexicano, aseguran que lo que debe hacer un ex presidente mexicano es mantener cerrada la boca.

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Dichos censores harían bien dedicándose a escribir tales "reglas no escritas" en lugar de reprimir los sanos deseos de don Carlos, similares a los de algunas revistas de artículos condensados, que lo llevan a contar historias edificantes o hacer semblanzas de personajes inolvidables.

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Habrá quien sospeche que soy un salinista embozado ya que, se supone, en los tiempos que corren lo correcto (otra vez las reglas no escritas) es hablar mal del ex presidente. Sin embargo, y permítase por esta vez que abandone cualquier modestia, muchos pueden verificar que don Carlos nunca ha sido santo de mi devoción, ni antes ni ahora. Por contraste se pueden revisar los elogios que le dispensaban, cuando era presidente, los mismos que hoy lo atacan despiadadamente y extraer la moraleja de esa comparación. Como diría un clásico de tercera, tal es mi caso: sic transit gloria mundi.

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Digresiones aparte, no cabe duda que el ex presidente tendrá muchas dificultades para escribir tal historia de éxito. A menos, claro, que recurra a la técnica de los libros de texto gratuito de historia de México que convenientemente ocultan pasajes bochornosos y terminan en forma abrupta antes de tocar, ni con el pétalo de una sospecha, la sensible piel de quienes todavía pueden quejarse.

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El problema es que la historia de éxito terminó mal. Por ello, me permito sugerir a don Carlos que titule su libro: "Cuidado con el éxito, muchas veces es sólo un fracaso disfrazado".

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Y aprovechando que ya me despojé, sólo por hoy, de la cortés modestia que debe inspirar a todo escritor sensato (¿otra regla no escrita?), cometeré la audacia de citarme a mí mismo, lo que, debo admitir, contraviene el buen gusto. Así pues, escribí en junio de 1992 en EXPANSIÓN que "es frecuente que se confunda el buen éxito de un proyecto de inversión con la obtención del financiamiento para realizarlo".

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En efecto, es frecuente que consideremos que la señal infalible de que estamos haciendo las cosas bien es que alguien nos dé crédito. "¿Tú crees que el banco me iba a prestar el dinero, si el proyecto no fuera rentable?", pregunta el exitoso inversionista que desea fabricar barriles para almacenar petróleo y exportarlos a Arabia Saudita.

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"A ver, ¿tú crees que los del banco serian tan idiotas para darme una tarjeta de crédito si yo no fuera solvente?"

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"¿A poco toda esta gente que votó por mí está equivocada?"

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"No cualquiera es Man of the year de la revista Time ni mucho menos Hombre de Expansión".

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El crédito es un arma de doble filo. A veces, es el inicio de un proyecto exitoso; otras, sólo es el presagio de un fracaso.

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Lo que le sucedió a don Carlos, cuyos mayores aciertos fueron grandes rectificaciones, es que su crédito personal se agotó y se volvió descrito cuando empezó a emitir cheques sin fondos. Se le olvidó, en fin, revisar su estado de cuenta.

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El colmo, desde luego, fue cuando creyó que su crédito era inagotable y se lanzó al ridículo ayuno en Monterrey. Más que simpatías, cosechó comentarios sarcásticos. Clotilde, por ejemplo, cantó al enterarse de que Salinas volvió a comer: "Lástima que terminó, el festival de hoy..."

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Pero este descrédito no sólo afecta a Salinas, sino a su partido (el PRI), que también es el partido del actual presidente, quien, todo indica, también fue el candidato de Salinas.

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En este sentido, la advertencia o amenaza de don Carlos ("mis enemigos son también tus enemigos") es como si le dijera a Ernesto Zedillo: "Cuidado, tenemos un crédito mancomunado y mi insolvencia también te afecta".

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Como dirían los especialistas en finanzas, el PRI y los gobiernos emanados de ese partido prácticamente han sobrevivido a base de apalancamientos en los últimos años y carecen de recursos propios para crecer.

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De hecho, lo que vivimos es una crisis generalizada de crédito. Es decir, de confianza y de credibilidad.

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El autor es egresado de la licenciatura en Comunicación de la Universidad lberoamericana, periodista especializado en economía y finanzas y director editorial del diario El Economista.

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