¿La censura está en el aire?

Más y más mexicanos sintonizan sus receptores en busca de verdades. Los contenidos se han enriquec
Elia Parra D., María Hope

Hoy en día, los mexicanos parecen estar mejor informados gracias a la radio y no a la televisión. Sin embargo, el camino rumbo a una mayor libertad de expresión en ese medio no ha sido corto ni fácil.

- "En donde existe libertad, me parece que ha sido producto del esfuerzo de años por ir ganando espacios por parte de los periodistas y de algunos concesionarios", señala Enrique Quintana, director adjunto de Negocios del diario Reforma y ex director del noticiario "Enfoque", de Stereo Cien.

- Por su parte, Fátima Fernández, estudiosa de los medios de comunicación y autora del libro La radio mexicana, sostiene que la relativa apertura se ha logrado gracias a la audacia, tal vez obligada, de los concesionarios. así como a la naturaleza del medio. "Obviamente, la cantidad de radioemisoras supera con creces a la de los canales de televisión -en los años 80 el cuadrante en las noticias llegó a tener 58 emisoras-, y por eso los concesionarios se dieron cuenta de que, para enfrentar la competencia, tener más auditorio y anunciantes, debían contar con una mercancía interesante."

- Por lo mismo, añade Fernández, los concesionarios no se limitaron a difundir más información política, sino que empezaron a invitar a intelectuales y periodistas más o menos críticos, "de modo que el producto comenzó a distinguirse en mucho al de la televisión". A esto, lógicamente, se agrega una mayor apertura en la sociedad mexicana, que se volvió más demandante de información, de análisis y de posiciones críticas.

- Sin embargo...
A pesar de su mayor apertura, la radio en México todavía deja mucho que desear en materia de información y análisis político- social. Hoy en día aún subsiste la censura, expresada, por ejemplo, en "bajarle el perfil" a determinadas noticias y subírselo a otras, o en acallar a determinados periodistas. Y si no, que lo digan los profesionales que en los últimos años han tenido que abandonar sus radioemisoras por los puntos de vista que lanzaban al aire (el propio Quintana, Francisco Huerta, José Cárdenas, René Delgado y Miguel Ángel Granados Chapa, entre los más conocidos).

- Sin embargo, la censura no es concreta ni directa, aunque sí intimidatoria. Se trata más bien de un juego de fantasmas entre las instituciones de gobierno, los concesionarios y los periodistas. Para muchos, la raíz de este fenómeno es la vigencia, más allá de las transformaciones tecnológicas y los alcances sociales de la radiodifusión, de una legislación añeja: la Ley Federal de Radio y Televisión, que data de enero de 1900 y ratificó las prácticas existentes desde 1923.

- La citada ley reserva el control exclusivo del espacio aéreo al Estado, quien lo otorga a través de concesiones, delimitadas a un periodo específico y sometidas a una serie de normas ambiguas que, según algunos analistas, ya han sido superadas con creces por la realidad.

- En un ensayo, el periodista Granados Chapa -quien tuvo que abandonar el noticiario "La Ciudad"- señala que a raíz de esta ley obsoleta la radiodifusión depende de una relación funcional, "o complicitaria, dicen las voces más críticas", con el gobierno y, "en el peor de los casos, de las veleidades de funcionarios con criterio chato e inmediatista".

- Quintana también ha sostenido que dichas reglas, al ser rebasadas por la realidad, "hacen que los propietarios de medios (electrónicos) enfrenten continuas infracciones legales que los hacen objetos fáciles de sanciones e incluso del retiro de la concesión". Esto, añade, hace que tengan que "estar bien" con quienes aplican la ley, por lo que se autocensuran.

- Para Fernández, en primer lugar, la censura, como "examen y aprobación del contenido de los medios, previo a su difusión por parte del gobierno, no existe en la radio mexicana". Lo que si existe, según ella, es una serie de prácticas y de reglas del juego implícitas que se van modificando según los estilos de los funcionarios, la audacia o intereses de los conductores, las coyunturas políticas y la capacidad de negociación de los concesionarios".

- La investigadora ubica a la censura como una forma heredada de relación con el Estado. "La radio -dice- es una industria de familias que obtuvieron concesiones de manera más fácil que las actuales." Esta relación, indica, llevaba implícita la idea de que no había que hacer crítica ni oposición al régimen y la Cámara de la Industria de Radio y Televisión unifica esta posición de los concesionarios: "Hay que portarse bien porque dependemos del Estado". Así, se fue generando una práctica común, dice, y muchas radioemisoras optaron más bien por dedicarse a la música y a las radionovelas y aún en los 70, cuando estas bajaron sustancialmente y el Estado ha ido cambiando sus estilos, existen todavía algunas que no abordan temas "conflictivos".

- Según Quintana, hay muy poca censura oficial, directa. "Cuando existe, se produce a través de llamadas corteses, que casi nunca quedan documentadas; esto ocurre, sobre todo, en circunstancias de crisis." Declara que la mayor censura es la autocensura de los concesionarios que, como lo plantean algunos de ellos, es una "definición de línea editorial en función de intereses económicos o ideológicos. “Y esto no es privativo de la radio; me parece que es un conflicto permanente entre los dueños de todos los medios y los periodistas."

- El directivo de Reforma ubica en último lugar la autocensura de los propios periodistas, "que limitan lo que pueden testimoniar como reporteros a aquello que suponen que no va a causar molestia ni disgusto al concesionario, que a su vez debe responder ante la autoridad oficial". Relata que su salida de Stereo Cien se debió precisamente a diferencias entre él y el concesionario con respecto a lo que debía ser el trabajo editorial en radio. “Este sintió que con cierta noticia estábamos atacando intereses que consideraba inatacables (al secretario de Comunicaciones y Transportes o al presidente de la República, por ejemplo) y, ante la disyuntiva de que se excluyera toda información negativa sobre alguno de ellos, optamos -éramos un grupo de personas- por no seguir en Enfoque. Posteriormente se enteró, de primera mano, que no hubo presión explícita por cambiar la política editorial por parte de las autoridades, "sino que fue una decisión del concesionario, en función de lo que consideraba sus intereses económicos e ideológicos". Aclara, en todo caso, que no todos los concesionarios operan de igual modo.

- En la cuerda floja
Actualmente, a diferencia de lo que pasa antes de los años 70, los trabajadores de la radio y especialmente los concesionarios, deben buscar cada día más el equilibrio entre lo vagamente establecido por la ley y la realidad del mercado. Y en este sentido, la censura, explícita o soterrada, atenta contra el afán de ofrecer un producto informativo que pueda competir.

- "El propietario de una estación vive permanentemente sujeto a dos tipos de presiones -señala Fernández-; una, la que ejercen los radioescuchas al pedir un producto informativo más creíble y más audaz en términos políticos; y otra, la que recibe por parte de la Secretaría de Gobernación o de Comunicación Social de la Presidencia, para tratar ciertos temas con cautela." Otras presiones relacionadas con éstas, advierte, son el rating y la necesidad de cuidar la concesión.

- A esto, añade que la apertura política en la sociedad mexicana hace que ya se cuente con un gran porcentaje de oposición, "a la que también hay que satisfacer y así demostrar a los anunciantes que también se está llegando a este otro bloque de consumidores.

- Según Quintana, existen concesionarios y funcionarios de radios públicas que saben que la información certera -"fuerte, si es necesario"- y el análisis, son un buen negocio, y por eso resuelven sortear la censura para ganar mercado.

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- ¿Qué hacer entonces para ampliar los márgenes de libertad y garantizar el derecho de los oyentes a una información completa y análisis sin corta-pisas? "Explicitar las reglas y prácticas que arrastramos desde los 50 y que ya exigen traducirse en un marco jurídico que fomente la apertura inteligente de los micrófonos y exija mayor profesionalismo y ética por parte de los emisores", responde Fernández.

- Quintana sostiene que la clave es cambiar la ley para eliminar la discrecionalidad en el otorgamiento y revocación de las concesiones: "Necesitamos que los concesionarios tengan una propiedad más segura y estable de sus emisoras". Opina que ahora el panorama "no pinta tan mal", porque la autoridad reconoce que debe eliminarse esta discrecionalidad; el mundo y el país son otros. "La sociedad civil y el mercado son mucho más fuertes y serán los que impongan más y más sus criterios y estilos", puntualiza.

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