¿La quimera del oro?

Todo comenzó en esta década cuando México dejo de ser un país altamente proteccionista de sus re
Lucía Pérez Moreno

Atraídas por una nueva fiebre del oro, decenas de empresas mineras extranjeras se están volcando hacia México, un país rico en recursos minerales pero pobre en tecnología y en capitales de riesgo para la exploración y explotación de sus yacimientos.

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En la actualidad, en el país hay cerca de 365 empresas extranjeras dedicadas a actividades mineras, contra 53 empresas que había al inicio del proceso privatizador de la minería en 1989. Muchas corporaciones europeas, canadienses y estadounidenses se están retirando del sudeste asiático –principalmente de Malasia e Indonesia– para centrar su interés en México que, a pesar de tener mas de 500 años de experiencia minera, es un país casi virgen en este campo.

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Estudios de geología recientes revelan que menos de 20% del territorio nacional ha sido debidamente explorado, a pesar de que 1.35 millones de kilómetros cuadrados (cerca de dos terceras partes del territorio nacional) presentan condiciones favorables para la actividad minera. Uno de los principales retos que enfrenta México es determinar con mayor exactitud cuáles son las zonas que cuentan con recursos minerales. En esta actividad, las mineras extranjeras están jugando un papel cada día más importante.

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UN NUEVO FILÓN
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De acuerdo con datos de la Secretaría de Comercio y Fomento Industrial (Secofi), de las empresas extranjeras instaladas en México, la mayoría (40%) son de origen canadiense, 37% de Estados Unidos, 3% inglesas y el resto viene de países como Sudáfrica y Australia.

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El interés de los extranjeros por México se debe a que en sus países de origen las leyes ambientales, el agotamiento de los recursos minerales y los crecientes costos de explotación dificultan cada día más la actividad minera.

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“En Canadá se están acabando las minas mientras que México sigue siendo un país virgen”, asegura Enrique R. Miranda Paz, presidente del Comité de Minería de la Cámara de Comercio de Canadá en México y director general de la canadiense Miranda Mining Development Corp.

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La presencia de la minería extranjera se hizo particularmente notable desde 1995, cuando muchas empresas mexicanas sufrieron una aguda descapitalización debido a la crisis económica nacional, lo que las obligó a buscar socios extranjeros. De acuerdo con datos oficiales, entre 1995 y 1997 entraron al país más de 130 empresas mineras; entre ellas, El Dorado Campbell Resources, Minera Teck, Tellis Gold Mining, Noranda y Placer Dome Minerals, todas de Canadá. Según el Comité de Minería de la Cámara de Comercio canadiense, desde 1995 los mineros de ese país han invertido –tan sólo en exploración– cerca de $300 millones de dólares, cantidad equivalente a 1% de la inversión extranjera directa que arribó a México en dicho periodo.

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Estas empresas han instalado oficinas en Hermosillo, Guadalajara, ciudad de México, Torreón y Durango, y anunciaron que ampliarán su campo de trabajo a otros estados.

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Miranda asegura que los inversionistas extranjeros, principalmente los canadienses, están impulsando fuertemente a la pequeña y mediana minería del país, la cual extrae cerca de 50% del oro mexicano, a pesar de tener una mínima participación en el total de la producción minera.

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Además de competir con las empresas mexicanas por los mejores yacimientos, las mineras extranjeras han generado una enorme demanda de cuadros especializados, lo cual ha propiciado un aumento de los salarios en el sector. En muchos estados se han implantado programas de capacitación para convertir a ingenieros civiles en
ingenieros mineros.

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Los principales intereses que tienen los empresarios extranjeros en México son la localización y explotación de metales como el oro, la plata y el cinc. En los próximos años, varias compañías foráneas, asociadas con mexicanas, comenzarán a explotar yacimientos de metales preciosos en el norte del país y en la costa de Guerrero. Cambior (de Canadá) y Corporación Industrial Sanluis anunciaron la explotación del yacimiento de oro de Metates, en el norte, y Grupo Peñoles –principal productor de plata en México–, en alianza con la estadounidense Newmont, explotará yacimientos auríferos en los estados de Sonora (La Herradura) y de Guerrero (Mezcala).

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También hay varias corporaciones extranjeras que comenzaron a explorar y explotar yacimientos de minerales industriales. Uno de los proyectos de minería más importantes de 1997 será la explotación de un yacimiento de wallastonita (mineral que sustituye al asbesto) con capital 100% canadiense, en el estado de Sonora, a 60 kilómetros de Hermosillo. 80% de la producción de este mineral se destinará a la exportación, con lo cual México se convertirá en uno de los principales proveedores de wallastonita a escala mundial.

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Los mineros extranjeros aseguran que las facilidades que otorga el gobierno a los inversionistas representan un buen incentivo. Sin embargo, en el XXVII Congreso Internacional de Minería –celebrado en octubre pasado en Acapulco– los mineros extranjeros mostraron su inquietud por el problema de la tenencia de la tierra.

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Cada vez hay más minas de tajo abierto en explotación, por lo que la minería requiere de mayores extensiones territoriales. No obstante, muchas de las tierras que demandan los mineros son ejidales y comunales, lo que crea conflictos de intereses. Por ello, los mineros extranjeros consideran que dicha situación puede generar incertidumbre para sus inversiones de largo plazo.

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Otra de las preocupaciones puesta en evidencia en dicho Congreso, es el de la creciente inseguridad que existe en México, dado el aumento de los secuestros y asesinatos.

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EL TESORO OCULTO
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En México, la minería se abre a los capitales externos a partir de 1973, con la nueva ley de minería que permite hasta 49% de inversión foránea. Pero no fue sino hasta principios de la década de los 90 –al cobrar fuerza las negociaciones del Tratado de Libre Comercio para América del Norte– cuando el sector se abrió totalmente a la inversión extranjera privada.

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A partir del 25 de septiembre de 1992, momento en el que el pacto trilateral comercial estaba en plena negociación, cambió la ley permitiendo 100% de capital extranjero en esta actividad. La ley minera y las reformas a la ley de inversiones extranjeras que se hicieron posteriormente crearon un clima propicio para la instalación de los capitales foráneos. De acuerdo con Miranda, los inversionistas extranjeros sienten que en el país hay seguridad política y económica para invertir a largo plazo.

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Así, en pocos años, México dejó de ser una nación altamente proteccionista de sus recursos minerales para convertirse en una de las más abiertas a la inversión privada. “Fue necesario atraer capitales extranjeros porque los precios de muchos minerales bajaron y la única forma de seguir siendo competitivos era -esa”, asegura Miranda.

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A excepción de los elementos radiactivos y del petróleo, todos los productos minerales existentes en el territorio nacional ya pueden ser explorados y explotados al 100% por empresas extranjeras. Esto ha dado a la minería mexicana un impulso sin precedente que ha permitido el renacimiento de una actividad estancada durante décadas.

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Entre 1910 y 1960, el valor real de la producción -minero-metalúrgica no logró duplicarse y la situación tampoco mejoró con la -promulgación de la Ley Minera de 1961, que establecía la participación mayoritaria mexicana en la propiedad de las empresas mineras. Hasta hace unos años, los empresarios nacionales y extranjeros sólo realizaban las inversiones estrictamente necesarias para obtener volúmenes de producción a costos muy bajos y con un mínimo de riesgo. La falta de incentivos provocó una descapitalización del sector minero.

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“Si bien algunas empresas tenían niveles aceptables de eficiencia operativa, otras padecían severas deficiencias productivas, exceso de gastos administrativos, débil integración productiva y limitadas actividades de comercialización”, asegura el informe sobre la minería mexicana privatizada Los avances hacia una nueva etapa de modernización, realizado en 1997 por el Centro de Estudios Económicos del Sector Privado (CEESP).

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Todo esto comenzó a cambiar en la presente década, cuando el gobierno decidió desincorporar todas las empresas mineras “no estratégicas”. Una de las privatizaciones más importantes tuvo lugar en septiembre de 1990, cuando fue vendida la Compañía Minera Cananea (símbolo de la Revolución Mexicana), que posee la concesión de los yacimientos de cobre más grandes de México, considerados entre los más importantes del mundo.

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En la actualidad la industria minera mexicana está en pleno despegue. En 1996 tuvo un crecimiento de 3% y para 1997 se calcula que será de casi 5%. Los ingresos de este sector representan 1.4% del Producto Interno Bruto (PIB) y la balanza comercial arroja un superávit de casi $1,500 millones de dólares. En algunos metales los cambios han permitido elevar en forma importante su producción. En el caso del oro, su -producción aumentó casi tres veces entre 1993 y 1996, pasando de nueve a 25 toneladas. En la extracción de plata la producción creció casi 50% y para el año 2000, los expertos aseguran que México estará produciendo cerca de 3,000 toneladas de este mineral contra las 2,500 que se producen en la actualidad. En orden de importancia, el cobre, la plata, el cinc, el plomo y la sal aportan la mayor proporción de divisas al país. En cuanto a generación de empleos, el número de trabajadores registrados en la actividad minera es de más de 63,000, concentrados sobre todo en el norte del país.

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Los capitales extranjeros invertidos en este sector continúan siendo marginales si se les compara con la inversión que realizarán las empresas nacionales en el periodo 1995-2000, para el que han comprometido más de $5,000 millones de dólares, cerca de 6% de la inversión total mundial en la minería. Pero tomando en cuenta las enormes riquezas del país, en los próximos años se verá una mayor actividad de los capitales extranjeros en este terreno. No en vano, algunos mineros consideran a México como la tierra prometida.

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