¿Las cuentas justas? <br>Afores

Finalizado el proceso de captación de clientes, ahora las Afores tendrán que empezar a rendir cuen

Tras una intensa tormenta de publicidad, las Administradoras de Fondos de Ahorro para el Retiro (Afores) continúan sus batallas en el desierto. Pero ahora el objetivo primordial no es el registro de trabajadores: se trata de conseguir, a través de sus Sociedades de Inversión Especializadas en Fondos de Ahorro para el Retiro (Siefores), el mayor rendimiento posible y así conservar la lealtad de sus afiliados.

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Con la fe puesta en sus áreas de inversión, los directivos de estas nuevas empresas tratan de evitar la tentación de las altas ganancias -–amarradas a un fuerte riesgo– para sortear los espejismos que proyectan los mercados financieros nacionales. Sin embargo, existen voces que advierten del peligro que representa lo elevado de las comisiones para las utilidades que, por ley, están imposibilitadas a garantizar.

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Para la creación del nuevo sistema de pensiones, las autoridades financieras del país –como ya es costumbre en casi cualquier proyecto– tomaron como punto de partida las reformas de otra nación para intentar su clonación en México. En esta ocasión, sus miradas se fijaron en los cambios que realizó Chile hace más de 15 años en su esquema de seguridad social.

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En ese país se estableció que ninguna Administradora de Fondos de Pensiones (AFP), es decir, las “tías” de las Afores, otorgaría un rendimiento menor al promedio obtenido por este mercado. De ocurrir tal cosa, desembolsaría de su “guardadito” la cantidad que fuese necesaria para compensar al trabajador de ese quebranto. En contraparte, si la empresa encargada de administrar las pensiones logra una utilidad mayor a la media, entonces esa diferencia la retira del fondo y la deposita en su caja fuerte.

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A ojo de buen cubero, muchos políticos y economistas mexicanos opinaron que esa manera de manejar los recursos, además de justa, tiene como objetivo ofrecerle al trabajador, por lo menos, un rendimiento. No obstante, los directivos de las Afores señalan que esa forma de trabajar “cancela la oportunidad de una verdadera competencia” y, por lo tanto, no existe el compromiso sistemático de otorgar la mayor utilidad, ya que sólo se vive para vigilar lo que hace su compañera de negocio. Vaya, se cae en el juego de “lo que hace la mano, hace la tras”.

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Para Alberto Gómez-Pimienta Magar, director ejecutivo de Inversiones de la Afore Bancrecer-Dresdner, el hecho de que la Comisión Nacional del Sistema de Ahorro para el Retiro (Consar) no estableciera un rendimiento mínimo obedece a las leyes del libre mercado y a la búsqueda de una sana competencia (ya que el trabajador puede elegir su Siefore).

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“Esta medida –explica– se implantó para favorecer la competitividad. De esta manera se evita que las Afores se copien entre sí para no salirse de los parámetros mínimos o que de cierta forma haya un acuerdo entre todas para establecer un rendimiento”. Por ello, dice, copiar el mecanismo chileno de garantía de rendimientos no hubiera sido lo mejor para el mercado mexicano.

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Aquí, señala, se pretende que todas las Afores tengan una diversificación de productos que realmente provoque una diferencia de utilidades fincada en sus estrategias de inversión, pero eso sí, que no existan límites para lo que se pueda ganar, ya que el contrapeso es la premisa de que los mercados no permiten garantizar un rendimiento. En Chile, insiste, las ganancias (o las pérdidas) son prácticamente todas iguales.

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COMISIONES vs RENDIMIENTO
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Para Alfonso Suárez Araiza, director de Operaciones Bursátiles de la Siefore Bancomer, es difícil que las comisiones erosionen el dinero de los trabajadores. Según él, se cuenta con sistemas de administración de riesgo que permiten la evaluación de diferentes escenarios económicos, cuyo objetivo es determinar la mejor rentabilidad con el menor riesgo posible y garantizar que no se presentará un menoscabo en el dinero de los trabajadores.

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Por otra parte, si la mayoría de las administradoras decidió aplicar una comisión de entrada o sobre flujo de efectivo, añade, no significa que se desentiendan de generar un rendimiento superior a la inflación, ya que el trabajador, en caso de no estar satisfecho con el servicio o con los intereses recibidos, puede abandonarla en el lapso de un año.

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“El hecho de cobrar comisiones al ingreso del trabajador implica una mayor responsabilidad para mejorar la ganancia –dice el directivo–, dado que en esa medida se garantiza la permanencia de los ahorradores. En el futuro, uno de los factores importantes de diferenciación será el rendimiento, pero calculado con base en una mezcla perfecta entre riesgo y utilidad.”

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Sin embargo, ambos ejecutivos no descartan los traspasos. En ese caso, apunta Gómez-Pimienta, la Afore que a decisión del trabajador sea la nueva administradora de su fondo de pensiones tiene la responsabilidad de efectuar íntegro el traslado de los recursos y Procesar –la empresa encargada de la base de datos– de cancelar la anterior cuenta. Sin comisión alguna. Por lo que califica de falsos los comentarios de una doble manutención por parte del ahorrador.

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“Las comisiones –considera– no se comerán el rendimiento. Son altas, sí, pero en Chile lo son más. Adicionalmente, hay que considerar la situación actual del mercado. Los Udibonos pagan una tasa real de 6%. Entonces, el que algunas Afores cobren sobre saldo, sobre flujo o sobre rendimiento no importa mucho, pues al transcurso de los años, con los rendimientos de entre 5 y 6% que vamos a dar, las comisiones serán menos importantes respecto del total de la cuenta.”

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Por otra parte, el directivo de Bancrecer-Dresdner resalta un aspecto del régimen de inversión para las Siefores que marca una diferencia importante con el sistema chileno: la Consar determinó que si la administradora cumplió la ley al pie de la letra y obtuvo, una vez descontada su comisión, una utilidad superior al promedio del mercado, la reinvertirá en la cuenta del ahorrador. “Esto significa una garantía adicional para el trabajador”, dice.

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No obstante, varios analistas consultados comentan que si las autoridades establecieran un rendimiento mínimo obligarían a las Afores a que sus procesos de administración de fondos fueran más eficientes. De este modo evitarían, cuando aparezca una oleada de volatilidad financiera, la eterna disculpa de “me jugó -chueco el mercado” para justificar su ineficacia operativa y la falta de utilidades para el afiliado.

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“Las Afores cobrarán comisiones a lo largo y ancho de la vida laboral del trabajador y la inversión en ese negocio se recuperará, según ellas, dentro de ocho y 12 años. Por lo tanto, es justo que asuman también la responsabilidad de otorgar un rendimiento mínimo al trabajador durante toda su vida laboral, que en promedio es de más de 25 años. En caso de no lograrlo, para reponer la pérdida deberían desembolsar una parte de los más de 13 años restantes en los que obtuvieron ganancias con el cobro de comisiones”, sugiere un especialista.

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Pero no habría que hacerse ilusiones: es muy probable que esta propuesta quede sólo en el papel y nunca se ponga en práctica.

- -LA VIRTUAL LUCHA POR EL RENDIMIENTO
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Desde febrero pasado, las Afores lanzaron un ejército de más de 50,000 promotores para enlistar a los 10 millones de inscritos en el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS). Transcurridos los primeros siete meses de operación, las administradoras ya realizan pruebas y corren varios programas de simulación financiera para anticiparse a una diversa gama de escenarios económicos, donde lo básico, según Gómez-Pimienta, “será otorgar la mayor seguridad posible, no tanto el rendimiento”. -

El directivo señala que “la ganancia vendrá en función del portafolios de inversión con el que se cuente. Nuestra prioridad es que los instrumentos que conformen la cartera sean de la mejor calidad posible”. Correcto, sólo que el régimen de inversión que emitió la Consar es claro respecto de las opciones de instrumentos para las Afores. De ahí que, por lo menos en los primeros dos años, el porcentaje de rendimiento posible no diferirá demasiado para las 17 participantes. Entonces, ¿cómo se desmarcarán las unas de las otras?

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Para Suárez, el papel del comité de inversiones de cada Afore será protagónico. “Debe conformarse por gente muy profesional y con experiencia. En nuestro caso, contamos con la participación de elementos de la casa de bolsa Bancomer y de la Afore misma.”

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Además, dice, los operadores de la sociedad de inversión seguirán diariamente el desempeño de la Bolsa Mexicana de Valores (BMV), el tipo de cambio y las tasas de interés, así como los indicadores internacionales que influyen de forma directa en el devenir financiero del país. Pero eso no es nuevo: al igual que ellos, sus competidores realizarán la misma actividad.

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Gómez-Pimienta menciona que, para el manejo de sus recursos, cuentan con el respaldo de la empresa RCM-Dresdner Global Investors –hace año y medio adquirida por Dresdner Bank–, que ha manejado $50,000 millones de dólares durante los últimos 20 años. Los procesos que utiliza para la selección de valores la etiquetan como una “compañía conservadora”.

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“Lo que busca RCM-Dresdner Global Investors –explica– no es el rendimiento hoy, pero sí a mediano y largo plazo. Toda la estructura que utilicemos estará enfocada en el otorgamiento de la mayor seguridad posible con respecto al escenario económico que se presente. De esta manera, se asegura que en dicho periodo se ofrezca una utilidad siempre superior.”

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Para tal efecto, los especialistas de Bancrecer, en coordinación con Dresdner, desarrollaron un sistema de evaluación financiera exclusivo para México. De las 73 variables con las que alimentaron el programa (Dow Jones, Índice de Precios y Cotizaciones, tasas de interés, inflación, entre otras), 16 resultaron determinantes en el desempeño económico nacional de 1991 a 1996. No obstante, entre esas variables no estaba incluida el bono estadounidense a 30 años, un termómetro fundamental para medir las oportunidades de inversión entre México y Estados Unidos.

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Pero no todas las administradoras son tan parecidas: sin tanta publicidad como sus competidores, está el caso de Afore Inbursa que, desde el inicio del sistema, se salió del molde con el esquema de cobrar 33% sobre rendimiento real, sin otras comisiones. La empresa espera conquistar 5% del mercado total. Un alto directivo del Grupo Inbursa, que solicitó el anonimato –arguyó que sólo Fernando Chico Pardo era la voz autorizada–, señala que para el manejo de recursos, además de la infraestructura, ellos tienen la experiencia de ofrecer el mayor rendimiento del mercado durante los últimos 16 años.

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Según información proporcionada por el corporativo, el retorno promedio anual en dólares que otorgó el Fondo Inbursa alcanzó 27.2% del 1º de abril de 1981 al 5 de agosto de 1997. De tal manera que superó a la inflación, que presentó 2% de rendimiento; a los Cetes, con 7.9%; al índice industrial Dow Jones, con 13.8%; a la BMV, con 16.4% y al segundo fondo en rendimiento, con 22.3%, en el mismo periodo.

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“Nuestro principal interés es que el trabajador comprenda que nuestro esquema es justo –argumenta el directivo de Inbursa–. Si le generamos un rendimiento real le cobramos una comisión. En otro escenario, estará exento de cualquier cargo sobre su ahorro. Aunque no le garantizamos utilidad, sí le aseguramos que no pagará por un servicio que no recibió. Y mucho menos por adelantado.”

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Sin embargo, el mercado mexicano es volátil y exige el máximo de los manejadores de fondos de inversión. Al respecto, Jesús Mendoza del Río, director de Gestión Santander, dice que lo fundamental es operar con terceros ya que esto proyecta la seguridad de que el cliente tendrá el mejor papel del mercado en su portafolios de inversión.

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“En México, al cliente se le ha vendido siempre gato por liebre, y eso se demuestra revisando un periódico –asegura–. Se ofrece un fondo que promete liquidez para el mismo día o de muy corto plazo y, al revisar la cartera, uno se da cuenta de que está invertido en CPOs (Certificados de Participación Ordinaria), bonos carreteros o en obligaciones con un alto grado de incumplimiento de pago. Pero eso sí, el fondo está pagando una muy buena tasa.”

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A modo de ejemplo, Mendoza menciona el crack que ocasionó el ajustabono en 1992. “En el primer acercamiento con el comité de inversión, algunos operadores presentían que ese instrumento disminuiría su valor en cinco años, por lo que le apostaron, digamos, $300 millones de pesos. Cuando se les preguntaba el fundamento de su decisión, los operadores contestaron que estaban conscientes de que se trataba de un fondo de corto plazo, pero que era la única manera en que obtendrían la mayor ganancia.”

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Ese tipo de prácticas provocó que las autoridades financieras del país tomaran cartas en el asunto y reglamentaran hasta el mínimo detalle de operación, por lo que el ejecutivo de Gestión Santander se muestra favorable a que las Siefores observen un total apego al régimen de inversiones e integren fundamentalmente sus carteras con valores que preserven el valor adquisitivo de los ahorros de los trabajadores.

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Otro de los grandes secretos para el manejo de fondos –y no es el descubrimiento del hilo negro– se llama capacitación. En ese sentido, Mendoza adelanta que, para la venta y operación de sociedades de inversión, en poco tiempo la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV) requerirá la aprobación de un examen, acreditado por ella misma, con carácter de revaluatorio, es decir, se presentará cada dos años.

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De manera adicional, la Consar exige a las Siefores que cuenten con el dictamen de una calificadora, así como con la opinión de una valuadora, ambas externas. Estas entidades calificarán a las intermediarias según el riesgo que compraron y validarán el precio de adquisición de cada papel.

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En ese contexto, según el directivo de Santander, para que las comisiones cobradas por las Afores eliminen el beneficio del rendimiento, necesitarían ser sumamente elevadas.

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“En sociedades de inversión –dice–, la comisión más cara es la de los fondos con instrumentos de deuda, cuyo promedio es de 2% anual. Después están los de mediano plazo que cobran entre 1.25 y 1.50% y, finalmente, los pactados a largo plazo que oscilan entre 0.75 y 1%. Las comisiones de los fondos son públicas y se deben dar a conocer.”

- -EL POLÉMICO DESTINO DE LOS RECURSOS
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Hace algunos días, funcionarios de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) reconocieron que la necesidad de recursos por parte del sector público no estará satisfecha con el solo ingreso estimado en el presupuesto, sino que tendrán que buscar un fondeo suplementario a través de una mayor emisión de deuda.
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De tal manera que para financiar el déficit fiscal de 1.1% del Producto Interno Bruto (PIB) previsto para el segundo semestre del año, las autoridades financieras del país lanzarán al mercado de dinero un mayor número de Cetes, además de otros instrumentos federales. Dicho con todas sus letras: Afores, ahí tienen su instrumento para invertir.

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Para los directivos entrevistados, este financiamiento será temporal. Pero, entretanto, las primeras aportaciones de los trabajadores se invertirán, fundamentalmente, en papeles avalados por el gobierno. Al parecer de algunos de ellos, el régimen de inversiones emitido por la Consar es muy restrictivo, pues aún no les permite trabajar a sus anchas.

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“La creación de este sistema de pensiones –explica Suárez– es para fomentar la industria, la actividad productiva, el campo, entre otros. Sin embargo, la restricción del régimen de inversión nos obliga a invertir una parte muy importante en instrumentos del gobierno federal. Eso, desde mi punto de vista, no impulsa la economía, ni la producción.”

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No obstante, disculpa la decisión de las autoridades al considerar que se trata de “un acto de buena fe” en favor del esquema y de su maduración. Además, dentro de un año ya se contará con una mayor gama de instrumentos de inversión. En 1998, los trabajadores tendrán la responsabilidad de seleccionar la proporción y el nivel de riesgo que ellos quieran determinar para sus ahorros.

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Ernesto O’Farrill Santoscoy, director general de Bursamétrica, coincide en que el régimen de inversiones “peca de restrictivo”. Además, para que se traspasen los recursos del viejo Sistema de Ahorro para el Retiro (SAR) –que al 30 de julio de 1997 sumaron $107,615 millones de pesos– las autoridades emitirán un bono especial de largo plazo.

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“La transición de las cuentas bancarias a las Afores –advierte– no puede ser otra vez de dinero, ya que obligaría al Banco de México (Banxico) a emitir 50% más de los billetes y monedas actualmente en circulación, con su respectiva presión inflacionaria. Es por ello que se creará un bono donde los recursos ya estén invertidos de antemano en créditos al gobierno federal.”

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De cualquier manera, es posible que los trabajadores aún no entiendan, bien a bien, el beneficio de financiar las malas administraciones ni el porqué deben responder a los quebrantos económicos en los que incurrieron Carlos Cabal Peniche y Ángel Rodríguez Sáenz, entre otros. Además, los más escépticos con el sistema argumentan que, con las aportaciones voluntarias, los cotizantes al IMSS enfrentan el dilema de incrementar o no el ahorro interno del país. “¿Para qué, si el beneficio de mi esfuerzo es para unos cuantos?”, contesta invariablemente más de un empleado consultado.

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Al final del camino, la última palabra la tendrán las autoridades: ellas son las responsables de mostrar claramente el destino de cada peso depositado en las cuentas individuales.

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