¿Mucho ruido y pocas nueces?

Falta de reglas claras y de estímulos institucionales no permite la proliferación de empresas inte
Guadalupe Rico Tavera

Por su estructura productiva, conformada en más de 90% por micro, pequeñas y medianas empresas, se creía que Jalisco sería uno de los estados más propicios para que las compañías integradoras prendieran y dieran buenos frutos. Vanas ilusiones: la forma como se ha implantado el concepto en México -a través del decreto que el Diario Oficial de la Federación publicó el 7 de mayo de 1993-, está lejos de fomentar la integración empresarial.

- Nadie duda de las bondades de un esquema que en otros países -los europeos principalmente- ha demostrado ser idóneo para que los negocios de menor tamaño logren economías de escala y se vuelvan más eficientes y competitivos. Pero al instrumentarse aquí, las promesas han superado a los hechos concretos.

- José Palacios Jiménez, quien como vicepresidente de la Confederación de Cámaras Industriales (Concamin) tuvo la oportunidad de conocer de cerca el modelo de integración italiano y luego impulsó su aplicación en Jalisco, reconoce que "al gobierno federal le ha faltado la decisión de instrumentar una ley que realmente beneficie este tipo de asociacionismo" que, bien llevado, "podría ser una de las herramientas mas preciosas para combatir la problemática que estamos viviendo".

- Arturo Márquez, presidente de la Cámara Industrial del Calzado del Estado de Jalisco (CICEJ), es aún más categórico: "En teoría el concepto es extraordinario, pero en la práctica es paupérrimo, por no decir un fracaso", sostiene.

- Ni aun en la Secretaría de Comercio y Fomento Industrial (Secofi) -instancia encargada de promover el sistema- pueden ocultar el sol con un dedo. Gabriela Olivares Álvarez, ejecutiva de servicios especializados de la delegación regional de la Secofi, admite que el marco que le dio vida jurídica a las integradoras tiene sus "deficiencias".

- Como quiera que sea, el hecho es que, al no existir reglas claras al respecto y menos aún los estímulos institucionales que se ofrecían en el papel, el sector empresarial jalisciense no ha demostrado gran interés por adoptar esta forma de asociacionismo, como en un principio se esperaba. El resultado: mucho ruido y pocas nueces, pues de los 110 grupos que hasta ahora se han inscrito en el Registro Nacional de Empresas Integradoras, apenas seis son de este estado.

- Parole, parole. Si bien es cierto, como lo hace ver la funcionaria de Secofi, que copiar un modelo no es sencillo -"porque las condiciones, la mentalidad y la forma de trabajo de las empresas mexicanas son diferentes"-, también lo es que el decreto que formaliza la creación de las integradoras dista mucho de parecerse al esquema italiano, donde los apoyos no son cosa de cuentos.

- En Italia, explica Palacios, las aportaciones para constituir las integradoras son a partes iguales, tanto de las tres instancias de gobierno como de los empresarios. Es más, "dependiendo del tipo de asociación, en algunos casos es un préstamo sin intereses y otras es a fondo perdido". En contraste, en México se ha dejado que los empresarios se rasquen con sus propias uñas.

- Según el marco legal, Nafin tiene como tarea apoyar a las integradoras otorgando créditos a sus socios, a través de intermediarios financieros, para que éstos puedan realizar sus aportaciones al capital social de la empresa o para los servicios especializados que ella preste. Asimismo, responsabiliza a la banca de desarrollo para otorgar garantías complementarias hasta por 70% de los préstamos que los grupos soliciten a los intermediarios financieros.

- Nadie ha visto, sin embargo, esos programas especiales de apoyo. No al menos el dirigente de los industriales del calzado, quien expone: "Si uno llega a un banco con un proyecto de una integradora, por principio ni el gerente ni el ejecutivo de cuenta tienen idea de lo que es eso y, al final, el problema se reduce a una pregunta: ¿qué garantizas?".

- Jesús Alvarado Méndez, director del Consorcio Vesticomext, organismo de la Cámara Nacional de la Industria del Vestido de Jalisco (CNIV) que coordina los agrupamientos industriales del sector, confirma las palabras de Márquez: "Hasta ahora, Nafin no ha definido un programa que se pueda adaptar a una integradora porque, al no tener garantías, no es sujeto de crédito. Además, si hay un programa de garantías complementarias todavía no nos han dicho cómo trabaja".

- Para Olivares, la culpa no es del todo de la banca de fomento sino de los bancos de primer piso. "Es el mismo caso que se da con el bono cupón cero y con los créditos en general, porque a la banca comercial no le conviene colocar recursos de Nafin", argumenta.

- Por otro lado, el decreto establece que las integradoras tendrán el beneficio de acogerse al Régimen Simplificado de las Personas Morales (señalado en el Titulo II-A de la Ley del Impuesto sobre la Renta) por un periodo de cinco años a partir del inicio de sus operaciones. La condición es que los ingresos propios de su actividad no rebasen el factor que resulte de multiplicar N$500,000 nuevos pesos por el número de socios, sin que esta cantidad exceda de N$10 millones de nuevos pesos en el ejercicio. Hasta ahí todo está bien. El inconveniente, hace ver Alvarado, es que "si la empresa se pone a comercializar rebasará el limite que permite estar dentro del Régimen Simplificado y ello, en consecuencia, impide crecer".

- A pesar de los pesares. Aun mucho antes de que saliera publicado el decreto, diversos sectores productivos jaliscienses empezaron a insistir en la necesidad de fomentar la integración industrial, como una forma de fortalecer a las empresas de menor tamaño mediante nuevos esquemas de compras, producción y comercialización. En especial, en el ramo de la confección le tuvieron fe a los agrupamientos, por lo que en la CNIV han surgido ya dos empresas integradoras y cuatro más están en proceso de formación.

- Una de las que ha servido de ejemplo para todo ese sector es el Grupo Empresarial Atotonilco, una organización que sin apoyo institucional ha podido salir adelante.

- Alvarado relata que antes de registrarse como integradora -con siete socios y un capital inicial de N$60 millones de nuevos pesos- el grupo tuvo que pasar por un proceso de depuración y adaptación. Superada esa etapa, ha emprendido una serie de esfuerzos en común para mejorar la productividad de sus empresas: "Modificaron sistemas de producción, hicieron algunas adecuaciones a la maquinaria y compraron más equipo; cambiaron el pago de incentivos a los trabajadores y crearon un centre, de capacitación".

- Para ser competitivo en precios, el grupo ha establecido un sistema de negociación con sus proveedores que le ha permitido obtener las materias primas en mejores condiciones. El director de Vesticomext ilustra el caso contando que con la compra de telas -que representa entre 80 y 85% de la composición del producto confeccionado- están logrando ahorros de 20 a 25% y plazos de pago promedio de 60 días.

- En la parte comercial, son los propios fabricantes los que realizan la labor de ventas, lo que les da la ventaja de poder negociar de inmediato y eliminar la contratación de vendedores. Aparte, el grupo, que ya ha participado en una exposición, está definiendo mejor su esquema de comercialización. Alvarado, quien funge como su asesor, detalla: "Aunque Atotonilco es nuestra base para comercializar en Jalisco, también hemos establecido puntos de venta en San Luis Potosí, Veracruz y Monterrey; estamos por abrir en Michoacán y viendo la posibilidad de regresar a Aguascalientes".

- En fin, después de haber logrado sustanciales mejoras en precio, diseño y calidad, los resultados para la integradora, que confecciona ropa casual y de vestir para dama, no se han hecho esperar. Por lo pronto, asegura el entrevistado, han amarrado un contrato con una firma de la ciudad de México para surtirle 10,000 prendas mensuales. Ello significa que la producción del grupo se incrementará casi en 50%, toda vez que actualmente fabrican en conjunto 22,000 prendas por mes.

- Después de haber logrado protegerse en el mercado nacional, este consorcio de la región de Los Altos empieza a hacer sus pininos más allá de las fronteras. De hecho, Alvarado adelanta que ya se cuenta con una planta donde se va a maquilar para el exterior y, por si fuera poco, "estamos por cerrar un programa para exportar a Costa Rica 5,000 prendas mensuales, para empezar".

- No todas son integradoras, pero... En diversos giros industriales hay ejemplos de integradoras que, por una u otra razón, no se pueden registrar como tales. Lo importante, concuerdan Palacios y Márquez, es que en ellas existe un espíritu de integración que, aun quedando al margen del decreto, es bueno y funciona.

- Dentro de la industria del calzado, Márquez da cuenta de varios ejercicios de cooperación empresarial que ha realizado la cámara que preside. El más reciente es el de un consorcio inaugurado en noviembre pasado: "Este conjunto industrial es toda una integradora, ya que son cinco fábricas dispersas que se unieron y homologaron todo un proyecto. Sin embargo -se lamenta-, no pudo inscribirse como tal porque, al dar servicio no sólo a las empresas del grupo sino también a otras, rebasa los parámetros del decreto. Pero su labor es buena, porque en vez de beneficiar a cinco va a beneficiar a 60".

- En el ramo joyero, al cual pertenece Palacios, hay dos grupos que volaban para integradoras y que al final terminaron en alianzas estratégicas. Uno de ellos es Corporación G Nueve, formado por nueve fabricantes que se han asociado con las firmas italianas Viporo y BGM. El otro es Metales Preciosos de México, un consorcio de cinco industriales que se alió con Handy & Harman International, la refinería de metales preciosos más grande del mundo.

- Lista de pendientes. Queda claro que falta mucho por hacer para que las integradoras, más que una promesa, sean toda una realidad.

- En la opinión de Palacios y de la funcionaria de Secofi, lo primero es vencer el individualismo al que todavía se aferra el sector empresarial. "En buena parte -apunta Olivares-, el problema de las integradoras radica en la cultura, pues muchos empresarios siguen con la idea de que es mejor ser cabeza de ratón a cola de león".

- La otra parte a vencer, redondea Palacios, "es buscar que el decreto no se quede a medias y que funcione como en Italia; de ser así, despertaría más el interés de los empresarios por meterse al esquema".

- También Márquez, de la CICEJ, es de la idea de apegarse al modelo italiano, pero revirtiendo la pirámide. Su propuesta es que, en vez de unir empresas débiles, debe haber en la punta de la pirámide una empresa "mediano-grande" que encabece los esfuerzos y que encabece los resultados al resto de las unidades productivas. "Pensar que la base vaya construyendo e integrando a la pirámide es muy idealista. A lo mejor alguien lo consigue, pero en el camino se va a morir el 90%”.

- En ese sentido, el presidente de los zapateros jaliscienses indica que se están haciendo varios estudios para proponerle al gobierno del estado la forma de establecer convenios que permitan la simplificación de fusiones inmediatas entre empresas medianas, a fin de que ellas "jalen" a las micros, las vinculen y articulen un nuevo concepto de organización. "Lo que necesitamos es que rápidamente, mediante un proceso claro, se puedan sumar las fuerzas, no las debilidades", subraya.

- En cuanto a las reglas generales de operación de las integradoras, el directivo sugiere que la norma genérica provenga del gobierno federal y la operativa de cada uno de los gobiernos regionales, como parte de su planeación estratégica de desarrollo: "Aparte de que los estados ya tienen mayoría de edad, es imposible que sean iguales las necesidades en Oaxaca que en Jalisco", justifica.

- Sin desestimar que "habría que esperar modificaciones al decreto en condiciones más realistas a la operatividad de las integradoras", Olivares pide paciencia para que este sistema prenda. Recuerda que se trata de un proceso de aprendizaje en el que los cambios no se pueden dar de la noche a la mañana. Palacios y Márquez, en contrapunto, opinan que las modificaciones deben darse ya, porque de esperar más tiempo la situación de los micro y pequeños empresarios podría empeorar, "si es que acaso viven para contarla".

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