¿Para qué le alcanza al ejecutivo?

Según las cifras, existe una diferencia de 30 puntos entre el salario ejecutivo y la inflación en
Ivette Estrada y Carmen Aguilar

Hasta hace un año, decir que los ejecutivos mexicanos vivían del crédito era verdad. Pero hoy ya no lo es: con la crisis dijeron adiós a los préstamos.

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De 35 ejecutivos encuestados por EXPANSIÓN, sólo uno confesó tener "hasta el tope" las tarjetas de crédito. Los demás dijeron utilizarlas "lo menos que se puede" y las limpian religiosamente mes tras mes. Si antes el crédito significaba solvencia económica, su estatus pasó a la historia y hoy se valoriza mucho más al efectivo, tanto a nivel social como comercial.

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¿En qué se va la quincena? ¿En qué gastan ahora los ejecutivos del país? Todos coinciden en una respuesta: "sólo en lo necesario". Lo prioritario, y ahí no hay vuelta de hoja, es pagar la despensa y los gastos de la casa. Para reducir sus gastos, los ejecutivos mexicanos decidieron ir con menos frecuencia a restaurantes, bares y centros nocturnos. Sin duda la capacidad de ahorro es nula para la mayoría; de hecho, abandonaron el ahorro "por lo menos este año". Las vacaciones son esenciales para todos, aunque ahora optarán por viajar a destinos dentro de la propia república mexicana y no tener que encontrarse "con el horror que significa el tipo de cambio".

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Sólo uno de los ejecutivos encuestados mencionó tener compromisos fijos en dólares, pues su hijo estudia en el extranjero. A cambio de "ese lujo" no invertirá este año en una propiedad que tiene en el interior del país.

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Un gasto que no se abandona son las reuniones familiares y sociales. Tampoco los regalos. Después de todo, como indicó un ejecutivo del medio publicitario, "es uno de los grandes alicientes por los que -trabajamos". Ninguno consideró esto un gasto superfluo y menos una muestra de -bluff. "Es una erogación necesaria, sólo me gustaría que este año no me pidieran ser padrino de nada y no me invitaran a muchas -bodas, porque es cuando más se gasta en obsequios. Ni modo de dar cualquier chuchería."

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Llama la atención que el cuidado de la salud se traslade a un segundo plano, ya sea porque el ejecutivo y su familia se consideran "personas sanas" o porque se consulta al médico "sólo cuando es necesario".

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Las apariencias ya no cuentan mucho para el ejecutivo mexicano y aquellos dichos de "como te ven, te tratan" y -"cuánto tienes, cuánto vales" desaparecieron de la mentalidad de los directivos mexicanos: sólo uno de los encuestados tiene automóvil del año y, pese a que la mayoría sigue invirtiendo en guardarropa, casi todos comentaron que éste podría esperar su renovación un tiempo más. Un abogado ilustró: "siempre se cuenta con prendas no muy bonitas que allí estaban guardadas y ni quien les hiciera caso. Cuando alguna camisa, saco o pantalón se empezó a ver viejito, pues sacamos esa ropa que no nos gustaba tanto. No hay por qué gastar a lo tonto y menos en este momento".

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Sorprendió que los roles tradicionales ya no se mantienen. La mayoría de las esposas de los ejecutivos trabajan y su aportación al ingreso familiar es muy significativa. Generalmente, las esposas de los ejecutivos de entre 46 y 55 años no trabajan, y si los hijos laboran en alguna actividad remunerativa, ésta sólo representa para sus padres el ahorro de la mesada. En las encuestas, solo 10%, si acaso, correspondió a ejecutivas (en su mayoría mujeres jóvenes).

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Algo más: todos los entrevistados parecían saber muy bien cuánto gastaban en cada rubro, y muchos cotejaban sus cifras con calculadora en mano.

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