¿Pecado o placer original?

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Elsa Díaz Coria

La mayoría de los mexicanos, hombres y mujeres, viven una sexualidad desterrada. Así lo muestra una encuesta sobre actitudes y prácticas sexuales aplicada en las ciudades de México, Monterrey y Guadalajara por el Gabinete de Estudios de Opinión (GEO). Sólo 36% de los entrevistados opina que las relaciones sexuales sirven principalmente para gozar, lo que indica que el resto tiene otras motivaciones distintas al placer.

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La vida sexual de los mexicanos aún mantiene lazos con los preceptos religiosos que normaron la sexualidad en la época de la Colonia. La actitud de la Iglesia ante la unión sexual era represiva y ponía énfasis en la moderación y control sobre la libertad y la satisfacción. Sólo se aceptaba el sexo cuando se practicaba dentro del matrimonio.

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La libertad sexual se encuentra acotada por las definiciones que sobre el pecado hicieran los teólogos del siglo XVI, basados en el 6º y 9º mandamientos referentes a los pecados de adulterio y lujuria. De ellos, se mantienen ciertos atavismos sobre el placer, la masturbación, las relaciones prematrimoniales, la virginidad, los sueños y fantasías eróticas, la homosexualidad, entre muchas otras prácticas sexuales que la Iglesia describe como pecado.

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Con el Concilio de Trento entre 1542 y 1563 la sexualidad de la creciente población se volvió una de las principales preocupaciones de la Inquisición después de haberse instituido en el Nuevo Mundo.

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A la sombra del pecado, la sexualidad anida censura, mitos, tabúes, estigmas, dudas y temores que ponen freno a los ímpetus de placer; pero, ¿los mexicanos de hoy están dispuestos a liberarse?

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Según la encuesta, 69% de la muestra estuvo de acuerdo en que todas las personas tiene derecho a decidir libremente sobre su sexualidad; 18% en que todos deben someterse a los principios familiares; 9% en que los adultos tienen derecho a decidir libremente, y 4% consideraron que todos deben someterse a los principios religiosos. Sin embargo, ante la pregunta sobre la importancia de que la mujer llegue virgen al matrimonio, 41% respondió que es mucha.

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El escritor José Joaquín Blanco, al hacer un análisis sobre la encuesta, expone que siendo este un país en donde todas las mujeres son señoritas y todos los hombres licenciados, sería difícil esperar una respuesta distinta.

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¿Cuántos de los llamados problemas de cama pueden estar relacionados con la formación cultural, moral y religiosa? ¿Cuántas mujeres interrumpen sus orgasmos al sentirse observadas por los preceptos inculcados por sus padres? ¿Cuántas más han abortado sus fantasías eróticas? ¿Cuántas parejas inhiben la posibilidad de experimentar ya no sólo aventuras sexuales con su pareja, sino incluso posiciones distintas a la impuesta como “normal” por la iglesia? ¿Cuántas personas habrá que ante el temor al pecado han sacrificado su capacidad de placer?

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El sexo es placentero, gratificante, liberador. Sin embargo, también es una fuente de desdicha para muchas personas que sufren de trastornos sexuales. Por lo pronto, la mayoría de estos trastornos –casi siempre de origen psicológico– tienen remedio y las parejas están cada vez más dispuestas a reconocerlos y a superarlos.

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