¿Peso completo? ¿O pluma?

Quién entiende: hoy, con una moneda fuerte, surge el nerviosismo por doquier. Bueno, pero existen r

Confunde, ciertamente, verse en la cresta de la ola. Resignados los mexicanos a vivir "décadas perdidas" a causa de una y otra devaluación, a ser presa de nocivos efectos internacionales (Dragón, Samba, Tango…) o a ser maltratados por la veleidad de los mercados financieros mundiales, ahora extraña que en medio de una crisis generalizada a causa de la caída en el crecimiento estadounidense, México coseche altísimos flujos de dinero extranjero y ostente una moneda poderosa.

- - Resulta difícil de creer el inusual vigor del peso frente al dólar, que durante las últimas semanas ha destacado en su cotización comparativa y contrasta con las penurias que padecen divisas de la talla del euro o el yen. La explicación a este fenómeno se basa en el principio elemental de la oferta y demanda; según se comprueba, el ingreso de inversión extranjera –que el propio presidente Fox calcula en $10,000 millones de dólares tan sólo en los últimos dos meses–, permite una mayor disponibilidad de dólares en el mercado, lo que ocasiona un abaratamiento del billete verde.

- - La razón de que los extranjeros se dejen seducir por México para colocar sus inversiones de cartera e incluso las directas no obedece a la casualidad, ni mucho menos a un milagro: el repentino imán son las altísimas tasas de interés y la eventual confianza que se justificaría si el país recibe el grado de inversión por parte de las calificadoras internacionales. La gente del dinero supone que si la muy polémica reforma tributaria del gobierno se aprueba, el escenario se antoja seguro. Con tal aprobación, estiman algunos expertos, la cotización se presionaría todavía más a la baja.

- - Fuera de que los vacacionistas que pudieron viajar al extranjero gozaron en los pasados días de asueto de la solidez del peso, permitiéndoles mayor holgura en sus gastos, y de que algunos importadores están de plácemes, la problemática no se detiene ahí. Ante el entorno de desaceleración de la economía de Estados Unidos, un peso fuerte resta competitividad a las exportaciones mexicanas, que no sólo serán menores en términos de volumen sino también en monto, lo cual difícilmente se podría compensar con la compra en el mercado internacional de materias primas relativamente más baratas. La queja de los exportadores es, pues, amarga. Les es complicado encontrar nuevas salidas a sus mercancías. Europa está imposibilitada para convertirse en el mercado que pueda paliar la falta de consumo estadounidense, debido a que el euro continúa por abajo del dólar.

- - El gobierno, con este dilema, no ha hecho oídos sordos al problema (sabe que las empresas exportadoras son las que generan los nuevos empleos prometidos y necesarios), y ha manejado con cautela la coyuntura cambiaria. A través del Banco de México aplica mecanismos de regulación del mercado de cambios para tratar de evitar que siga bajando el dólar. Sin embargo, la decisión de tomar medidas radicales está en espera (quizá porque el control de la inflación se facilita con un "super peso"), y confía en que sea el mercado mismo el que ajuste la cotización.

- - Adaptabilidad, una vez más, es el término que a regañadientes se les obliga a ejercer a los empresarios mexicanos.

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