¿Por qué el mercado?

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Arturo Demm Arnal

El autor es economista egresado de la Universidad Autónoma Metropolitana. Realizó también estudios de filosofía en la Universidad Panamericana, donde actualmente es profesor en la Escuela de Economía y en la Facultad de Filosofía.

- Se puede afirmar, con absoluta certeza, que el gobierno mexicano está total y definitivamente incapacitado para manejar correctamente la política cambiaria. Y a las pruebas me remito: hace 20 años el tipo de cambio era de $12.5 viejos pesos por dólar; hoy el dólar se vende a $6,500 de los viejos pesos. Lo anterior implica una devaluación, en 20 años, de 51,900%. En todos estos años fue el gobierno quien manipuló el tipo de cambio. Desde que la familia revolucionaria se hizo con el poder, allá en épocas de Plutarco Elías Calles, en 1929, la devaluación del peso frente al dólar ha sido ¡de 312,400%! En aquel entonces el tipo de cambio era de $2.08 viejos pesos por dólar. Lo anterior es un hecho, penosísimo, sobre todo para los que estuvieron a cargo de la política cambiaria. A partir de tal hecho me permito declarar incompetente al gobierno mexicano, en concreto a la Comisión de Cambios, para manejar correctamente la política cambiaria, y propongo que se le releve de tal responsabilidad, tal y como ya sucede por obra y gracia de la flotación del peso frente al dólar.

- Pero si vamos a relevar al gobierno de tal responsabilidad, ¿a quién se la encargaremos? La respuesta no puede ser otra: al mercado. ¿Por qué? Por las siguientes razones:

- Primera: el mercado impide que el gobierno cometa errores en materia de política económica. Esto porque el mercado que es verdaderamente tal (ese que tan pocos economistas entienden de verdad y que los tecnócratas creen poder manipular a su antojo) no acepta, de ninguna manera, ni el intervencionismo ni el dirigismo gubernamental en la economía. E intervencionista y dirigista es, entre muchas otras, la política cambiaria del gobierno. Lo es desde el momento en que pretende darle al tipo de cambio un valor distinto al del mercado, lo cual conduce irremediablemente a la sobrevaluación o a la subvaluación del peso frente al dólar, es decir, a la distorsión del mercado cambiario. Seria absurdo que el gobierno pretendiera darle al tipo de cambio, por medio de la política cambiaria, su valor de mercado. Para ello, basta y sobra con dejar que el mercado funcione libremente (que, dicho sea de paso, es la única manera de que funcione).

- Segunda: el mercado siempre sabe mejor que el gobierno. Es más, la verdad es que el gobierno, cuando de determinar precios se trata (y el tipo de cambio es un precio: el del dólar en términos de pesos), por más doctorados que estén sus economistas, no sabe. El precio, o es libremente fijado por el mercado o no es precio. ¿Entonces qué es? Una cantidad arbitrariamente fijada. Y la economía no acepta arbitrariedades, y tarde o temprano acaba revelándose. En México lo hizo, la última vez, la mañana del 20 de diciembre de 1994.

- Tercera: el mercado siempre reacciona más rápido que el gobierno, suponiendo que éste realmente reaccione. Lo anterior es importante porque evita, no que surjan distorsiones, pero sí que se corrijan rápida y gradualmente, día con día, evitando que se acumulen y que, cuando resulten insostenibles por más tiempo, el ajuste sea de una magnitud tal que pase lo que nos pasó el ya mencionado 20 de diciembre.

- Cuarta: el mercado siempre reacciona a un costo mucho menor del que generan las reacciones (y acciones) del gobierno. Esto se debe a lo dicho en el párrafo anterior: la rapidez (siempre relativa a la lentitud del gobierno) con la que reacciona el mercado. Lo anterior quiere decir que la mano invisible del mercado siempre es menos costosa para la sociedad de lo que son las políticas gubernamentales. Esto, en un país como el nuestro, es de suma importancia.

- El afán tecnocrático de algunos economistas consiste en intentar enmendarle la plana al mercado. Esto se ha dado de manera consistente respecto del tipo de cambio. En México los resultados están a la vista. El mercado no evita el surgimiento de las presiones devaluatorias, lo que hace es ajustar el tipo de cambio mejor de lo que lo hace el gobierno, en menor tiempo y a menor costo, evitando que cometa macroerrores que desembocan en megadevaluaciones traumáticas, en mercados financieros desequilibrados, en presiones inflacionarias y recesivas. Evitar todo esto es ya dar un paso hacia adelante. Por ello en México, la vista puesta en el largo plazo y en los efectos generales de tal medida, el tipo de cambio debe dejarse a las libres fuerzas del mercado. De no ser así, no pasará mucho tiempo antes de que volvamos a caer en la misma situación.

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