¿Por qué nadie admira a Pemex?

La compañía petrolera está en todas partes, pero no en la lista de las empresas más admiradas de

Lo que menos necesita este país son profesores regañones. Para unos, el vaso siempre estará medio lleno; para otros, medio vacío.

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Extraña que, una vez más, el presidente Ernesto Zedillo arroje dardos contra sus críticos, “los pesimistas que sólo encuentran aspectos negativos en los indicadores económicos, sin ver lo positivo”. Cualquiera supondría que el inquilino de Los Pinos no tiene una agenda demasiado apretada, con múltiples urgencias por resolver, como para desafiar a quienes no comparten su punto de vista.

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¿Qué busca el Presidente al poner en el banquillo de los acusados a los “catastrofistas” y “permanentes inconformes”? ¿Acaso pretende convencer, por esa vía, que su programa económico ya cuenta con el apoyo mayoritario de los mexicanos? Parece una verdad de perogrullo decir que ya quedaron atrás los tiempos en que los líderes de los diversos sectores sociales debían formarse para aplaudir cada palabra del primer mandatario. Y el primero en reconocerlo debiera ser el mismo Ernesto Zedillo.

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A veces pareciera que el Presidente se escuda en argumentos que no abren espacio a otras alternativas; la necedad típica de la exposición académica. Pero una cosa es la teoría; otra, muy distinta, la realidad. ¿Son “pesimistas” las cifras del Tribunal Superior de Justicia del Distrito Federal cuando señalan que tan sólo en la capital, de enero a mayo de 1996, los juicios por suspensión de pagos y quiebras de empresas fueron 125% superiores a los del mismo periodo del año anterior?

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Como bien ha escrito Enrique Quintana, acucioso analista económico, hay quienes, para infortunio del entusiasmo presidencial, tienen el oficio de “aguafiestas”. Periodistas y analistas no trabajan para generar expectativas alegres cuando la realidad apunta en sentido contrario. La labor de las autoridades, más que impartir regaños, sería, entre otras muchas, dar elementos de juicio que fundamenten su optimismo. Con ánimo “aguafiestero”, en la cresta del optimismo salinista, Lorenzo Servitje, presidente de Grupo Industrial Bimbo, preguntó: “¿Cómo es que vamos tan bien, si estamos tan mal?” Y así nos fue.

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Un premio al trazo crítico
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Antonio Helguera fue uno de los primeros invitados a subir al barco cuando inició la nueva etapa de EXPANSIÓN, en septiembre de 1995. Hoy es, por méritos propios, Premio Nacional de Periodismo en el género de Caricatura. Comentarista de afilado y certero lápiz, Helguera (DF, 1965) es de los que piensan que “si la caricatura no es crítica se vuelve propaganda”. Y piensa bien. Desde aquí lo felicitamos afectuosamente.

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